Andrea Godínez/ Brújula/

“De artistas y locos, todos tenemos un poco,”  dicta el refrán. Sin embargo, en Guatemala contamos con más artistas que locos, y muy poco conocemos de ellos. El artista guatemalteco llega muchas veces a ser conocido dentro del ámbito nacional hasta que logra hacerse  acreedor a un premio por su trabajo o este es reconocido internacionalmente; es entonces cuando empieza a emerger el sentimiento de orgullo por contar con compatriotas tan talentosos. Creer entonces que en Guatemala apenas se está iniciando a incursionar en el cine es algo que únicamente los desconocedores de la historia del séptimo arte podrían afirmar, ya que el país cuenta con una industria cinematográfica de más de 100 años de trayectoria, más de doscientos cortometrajes y largometrajes elaborados y una infinita cantidad de artistas que demuestran que el cine en Guatemala más que algo nuevo, es algo invisible. Pintores, poetas, escritores, músicos y actores entre otros artistas, han protagonizado la historia de nuestro país y así como se conoce muy poco de nuestra historia, así de poco apoyamos al artista nacional, así de locos estamos todos.

Tal es el caso, que se le prestó más atención al aparente suicidio del depresivo y famoso comediante estadounidense Robin Williams, que al brutal asesinato del joven y talentoso actor guatemalteco, Víctor Hugo Monterroso -mejor conocido como “Chiquilín” – quien a sus 33 años de edad ya había sido acreedor de varias distinciones por la calidad de su actuación siendo una de las más importantes en 2011 cuando recibió el premio a mejor actor de Centroamérica por su participación en la película Marimbas del Infierno, poniéndolo por encima de otros actores con una larga trayectoria. “Es una gran pérdida, a veces la gente toma muy permeadas las noticias en el sentido de interpretar la información que mueven los medios,” lamentaba Fernando Martínez actor, productor y amigo de el Chiqui. Fácil fue para los medios sensacionalistas publicar la noticia como un hecho más de violencia, de esos hechos cotidianos de los cuales “ya estamos acostumbrados los guatemaltecos, porque aquí al que matan así seguro, estaba involucrado en alguna pandilla o algo debía”.

No es de asombrarse entonces que el talento nacional se valore poco y es que el mejor amigo o enemigo de los artistas además de sus admiradores, son sin duda los medios de comunicación.  En un país tan violentado, reprimido y criminalizado, la tarea de los medios debiera ser promover y reconocer el papel de estos guatemaltecos, quienes a pesar de una amplia gama de opciones profesionales a elegir, se dediquen a hacer arte no solo porque les apasione sino también para relajar, entretener, educar y sensibilizar a otras personas que lo aprecien. Debemos reconocer que Guatemala es un país que no ha superado la violencia que se vivió hace muchas décadas y que hoy por hoy es lo que más ganancias genera, incluso hacia el Estado mismo. Fernando Martínez mencionó en un homenaje realizado a Lisandro Guarcax, desaparecido y asesinado en el 2010, que la única forma de vencer la violencia es volviéndonos sensibles al arte, porque cuando entendemos quién es el ser humano a través del arte, nos damos cuenta que la violencia está de más.

Emergiendo de lo impensable

A pesar que actualmente es fácil juzgar a los demás por lo que hacen, lo que dicen o del contexto del que provienen, muchos nuevos actores están surgiendo hoy en día. Un ejemplo claro es el de Brandon López, originario de los alrededores al Relleno Sanitario en la Zona 3 y Karen Martínez, originaria de Ciudad Quetzal. Karen y Brandon son los protagonistas de la película La Jaula de Oro, una película del año 2013 que narra la historia de tres jóvenes que deciden emprender el viaje hacia el norte (Estados Unidos) en búsqueda de sus sueños, y todas las vicisitudes que atraviesan en el camino para lograrlo.  La película fue acreedora de una gran cantidad de premios siendo los más relevantes los Premios Ariel en México y otros a nivel internacional como lo fue el premio a la mejor Interpretación de la sección Una Cierta Mirada, la segunda más importante del Festival de Cine de Cannes. Es una película que ha cobrado fama en los últimos meses por el acercamiento a la realidad de los migrantes en su camino hacia Estados Unidos.

¿Quién imaginaría a jóvenes provenientes de áreas vulnerables convertirse en actores famosos? Seguramente muy pocos o ninguno; son jóvenes provenientes de áreas en las cuales cualquiera que viva en ellas es catalogado por otros como delincuente, drogadicto o pandillero; al menos esa es la percepción que los medios de comunicación se han dedicado a implantar en la mente de muchos guatemaltecos. Sin embargo, a pesar de ello, Karen y Brandon son dos jóvenes que encontraron en la actuación no una salida a su estilo de vida, sino una forma de incentivar a otros jóvenes como ellos, a involucrarse en este tipo de actividades culturales que ayudan a fomentar su creatividad, sacarlos de la rutina y mejorar el entorno en el que viven -una válvula de escape en entornos generalmente violentos.-

“Sería algo como llenar nuestro país de héroes en donde buscaríamos el bien colectivo y aprender a escuchar o sorprendernos de todas las personas que conozcamos,” afirma Karen al momento de hablar de incentivar el arte en los jóvenes.

]Y es que ellos no están buscando dejar su lugar de origen, al contrario, de acuerdo a la madre de Karen, por medio de sus actuaciones y empoderamiento como jóvenes, desean hacerle ver al presidente, alcaldes, diputados y a todos los ciudadanos guatemaltecos, que no es que no sepan que ellos son provenientes de un área roja, roja por el dolor, luto y tristezas por las situaciones duras que pasan a su alrededor, sino que para ellos esa “zona roja” es el lugar donde dejan sus raíces, donde sus familias crecen, donde se alimentan y aprenden a vivir en comunidad. Para Karen el viajar dos horas en bus urbano de Ciudad Quetzal para el centro de la ciudad, donde se encuentra estudiando arte escénico y dramático, no resulta siendo un obstáculo o algo que la olvide abandonar sus sueños; por el contrario, es una joven que sabe luchar por ellos no importando el espacio donde debe hacerlo.

“Te sirve como lección  porque uno se siente feliz consigo mismo de hacer lo que uno quiere, el hecho que digan que vengo de una área roja y que aún así logré sobresalir, ¿eso qué? No dice nada ni describe cómo soy, simplemente se que debemos creer en nosotros mismos, dar pasos firmes y no sentirse solo porque no es cierto” – Karen Martínez

No obstante y a pesar de que la Jaula de Oro fue una película bien recibida por el público, premiada y ejemplo para demostrar cómo está resurgiendo el cine en Guatemala, fue una lástima que la película estuviera en cartelera de los cines nacionales por el extenso tiempo de una semana y sujeta a cancelación de funciones por la premier de películas norteamericanas con poco contenido de fondo pero claro, con gran presupuesto. Este también ha sido el caso de otras producciones nacionales como lo es la película 2+1, que luego de más de un año de esfuerzos por parte de la producción para que alguna empresa promotora proyectara la película en la pantalla grande, su premier para todo público se lograra hasta el 25 de septiembre de este año.

Es por ello que el poco consumo de lo producido en Guatemala no es del todo culpa de los guatemaltecos que disfrutan de Rápido y Furioso los fines de semana en algún centro comercial; es de las empresas promotoras y/o lucradoras  que no les interesa ni encuentran el valor agregado a promover lo nacional y de el Estado que podría aportar promoviendo la Ley de Cine o creando institutos como es el caso de México, Argentina, Colombia, Nicaragua, Costa Rica y Panamá, que cuentan con institutos de cine en los cuales se apoya al ciudadano a que él mismo sea el creador de producciones cinematográficas.

Mucho del arte en Guatemala está emergiendo de las famosas “zonas vulnerables”. ¿En qué momento el gobierno y el ciudadano guatemalteco logrará reconocer e incentivar espacios de arte y cultura en estas áreas? Reconocer el impacto que el cine puede llegar a tener en jóvenes provenientes de áreas vulnerables, es algo que no se ha profundizado o comunicado del todo, y al no saber la experiencia que están teniendo nuevos actores como Brandon y Karen, y únicamente limitarse a juzgar la muerte de un artista, lo único que logra es reforzar el estereotipo que todos los jóvenes de estas zonas son pandilleros. Probablemente este fin de semana nos topemos con Brandon patinando en el Parque San Sebastián en una jornada cotidiana con sus amigos, sin poner a pensarnos que este joven ha sido, gracias a su talento y perseverancia, acreedor a un premio Ariel o Cannes por su actuación en La Jaula de Oro.

La juventud guatemalteca desea cambiarle la cara a sus entornos para hacerlos mejores, más sanos y participativos; haciendo cine es un claro ejemplo de ello. Sin embargo, más allá de buscar nuevos actores, es necesario iniciar procesos de empoderamiento por medio de  herramientas técnicas y conocimientos en la elaboración de materiales audiovisuales, para que finalmente los jóvenes guatemaltecos sean creadores y protagonistas de sus propias historias.

 

 

 

 

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