Me cansé de tener miedo. De tener miedo de ir a pie por la calle, ya que por ser mujer es más probable que traten de asaltarme y encima, abusar de mí. Me cansé de las incontables noticias sobre asesinatos a mujeres, de los casos de niñas violadas. Me cansé de los comentarios de los hombres que creen tienen derecho a hacerlo cuando vamos caminando, como si existiéramos únicamente para su entretenimiento.  Me cansé de los vendedores que tocan el timbre ofreciendo fruta y al educadamente decirles que no, piden hablar con “el señor de la casa”. Me cansé de temer que mi carro no funcione de noche, porque no tengo fuerza para empujarlo sola y el pedir ayuda puede ser una excusa para que se aprovechen de mí. Me cansé de los comentarios de jóvenes de mi edad refiriéndose a fulanita con una falda corta caminando al otro lado del pasillo. Me cansé de las recomendaciones a no salir de noche o usar ropa que “no llame la atención”. Me cansé de los anuncios que promueven aumentar la edad legal para matrimonio, porque, ¿cómo es posible que se tenga que hacer una campaña para esto? Debería ser obvio.

Me cansé de ver esas portadas de revistas al hacer fila en el supermercado, que enseñan mil y una formas de “vestirse para ellos”, “como agradar a tu hombre”, “lo que él quiere”…etcétera.

Me cansé de temerle a los policías y a los taxistas, porque ni en ellos se puede confiar. Me cansé de evitar las camionetas porque el que estén llenas le permite a cualquiera “accidentalmente” rozarnos y todavía darnos una palmada en el hombro pretendiendo disculparse.

Me cansé incluso de los artículos y opiniones exigiendo un trato digno, porque parecieran no hacer diferencia alguna. Sin embargo, aquí estoy escribiendo una. ¿Por qué? Porque me cansé de tener miedo de esta ciudad, a este país y me cansé de soportar esos comentarios y situaciones, de tener que aceptarlas como normales porque es lo que hace la mayoría. Sé que esta opinión, como muchas otras escritas de infinitamente mejor forma por otras mujeres, no cambia las cosas. Pero la escribo de todas formas, porque es lo mínimo que podemos hacer. Tal vez no podemos evitar los comentarios, ni podemos lograr que todo el país  cambie su forma de pensar. A fin de cuentas es una cuestión cultural, que lamentablemente continúa instalándose en futuras generaciones. Aún así, podemos expresarnos.

Aunque nadie lo lea y a pocos les importe, podemos expresar lo que estamos pensando; es la única forma para atacar ese miedo y frustración en nosotras mismas. Y sí, ser mujer da miedo, especialmente en un país como el nuestro, mas eso no significa que detengamos nuestra vida. De hecho, no podemos, no podemos no ir a trabajar, no podemos no salir a la calle, es inevitable. Solamente queda aprender a enfrentar ese miedo.

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