Ser universitario debería implicar más que el simple hecho de estudiar.

Muchos universitarios pasan su tiempo entre clases, recesos y amigos.  Llegamos a la Universidad, entramos a “nuestro” edificio y nos sabemos de memoria la ruta que nos lleva a nuestra clase.  Dejamos el morral o el bolsón en el escritorio, salimos a hablar al pasillo con los amigos, a ponernos al día de lo acontecido últimamente en nuestro círculo de conocidos, y entramos al salón de nuevo únicamente cuando vemos que el catedrático se asoma con prisa.

En los recesos nos conformamos con sentarnos en las mesas de la cafe a tomarnos un cafecito y, si la mañana resulta perfecta, nos encontramos con algunos amigos del colegio a quienes dejamos de ver hace unos meses, y el reencuentro resulta en una salidita a tomar algo fuera de la U.  Salimos de clases, llegamos a la casa y hacemos los pendientes de tareas.  Y al día siguiente, la rutina se repite.  Clases, amigos, recesos, tareas y salidas.

¿Y eso es ser universitario? ¿Hasta allí llegamos? ¿Nuestro fin último es estudiar para nosotros mismos, salir como profesionales y ser exitosos en nuestro campo?  Honestamente, no debatiríamos mucho con alguien que nos diga que no.  El mundo actual está lleno de mensajes donde la superación personal y el éxito profesional son los mensajes más fuertes.  ¿Por qué es malo querer ser empresario? ¿Por qué es tachado de egosísta querer superarse y ganar dinero?  ¿Por qué no podemos ser egoístas?

Esta última pregunta fue lanzada por una alumna graduanda de un instituto de educación diversificada de la Ciudad de Guatemala hace aproximadamente dos meses.  Después de una larga hora de estar conversando coloquialmente en torno a cómo desde la Universidad y nuestras profesiones podemos ayudar a Guatemala, la alumna tira la pregunta al aire, y honestamente, muchos no supimos qué responder. ¿Es realmente negativo querer ser egoísta?

En principio y de acuerdo a algunas teorías filosóficas como la hobbesiana, para nada.  Ser egoísta es una condición totalmente natural, y el ser solidarios y justos es probablemente una situación antinatural. Lo que para muchos es natural o de sentido común, por ejemplo ayudar a recoger unos libros que se cayeron de los brazos de una mujer embarazada, para mucho otros no es más que una construcción social.  Verdades elaboradas por discursos que cada sociedad construye, y que con el paso del tiempo se han fortalecido e impregnado en la mente y acciones de cada persona.

Entonces ¿se es naturalmente egoísta o no? ¿Y qué tiene que ver esto con el hecho de ser universitario?  Ser egoísta por naturaleza es algo que para muchos todavía se encuentra en tela de discusión, y para algunos no es más que una verdad construida por el neoliberalismo para sustentar sus ideas.  Sin embargo, y a pesar de ello, la creencia que es necesario construirse desde otros y encontrar en la solidaridad un valor humano, es también una realidad actual.

Entonces, el universitario no se encuentra solo en este mundo.  Pensarse como universitario es pensarse como un ser privilegiado, un ser que pudo acceder junto a un porcentaje muy bajo de sus compatriotas, a una educación superior.  Un ser que podrá ser profesional y tendrá la oportunidad de mejorar su condición de vida con los resultados de su esfuerzo.  Pero ser universitario, al mismo tiempo que es pensarse como profesional y privilegiado, debería también pensarse como alguien que posee la oportunidad de comprometerse con una causa.

Al inicio y durante su vida universitaria, podrá involucrarse en algún voluntario, grupos de sociedad civil o ejercer directamente acciones de ciudadanía por medio de las agrupaciones y asociaciones estudiantiles.  Pero ser crítico, cuestionar, realizar preguntas y no conformarse con estudiar y sacar buenas notas para el examen, es parte de también de un universitario comprometido.  Tal y como decía Monseñor Oscar Arnulfo Romero, salvadoreño asesinado dictando misa en 1980 y portador de grandes mensajes que todavía tienen vigencia en la actualidad: No hay que mirar las profesiones únicamente como medios para ganar dinero e instalarse política o socialmente. Hay que buscar, como están haciendo ahora los jóvenes, el servicio a la humanidad, el mejor rendimiento de mi vida no para ganar, sino para servir (Homilía 24 de septiembre de 1978, V p. 203).

Las dudas llevan a buscar respuestas, y es en esa búsqueda que el universitario se construye.  Se construye como un ser social y solidario, a pesar que muchos crean que está en su naturaleza el ser totalmente lo contrario.

 

 

 

 

 

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