Cuando vas terminando el colegio deseás tanto el final, que cuando llega no sabés qué esperar después de él.  Lo único que siento es miedo. Es inevitable tener miedo a salir de la famosa “zona de confort”. El silencio, el estar sola otra vez, el quedarte sin lo que siempre has tenido. El comenzar de nuevo en todo el sentido de la palabra.

Somos una sociedad cómoda y retrógrada, con aires de revolución pero que no hace nada por mejorar. En Guatemala,  todos nos acomodamos. Y aunque nada avance, nos gusta estar allí. Se entiende “confort”, como algo que no cambia, que te hace sentir bien o creer que estás bien en la posición que estás y mejor si no te movés.

Los finales o las despedidas son temas complicados. Es complicado ver a una persona por última vez porque sabés que se va de la vida terrenal o que simplemente decide alejarse por siempre. Así como también es complicado dejar atrás una amistad o amor que dejó de dar frutos por seguir construyendo cimientos que solo ya no coinciden.

Me asusta la sociedad,  la que te critica desde su comodidad. Que te cuentan lo mal que va a ser tu futuro. Que te dicen “periodismo NO, vas a morirte de hambre”, cuando sería un placer, por primera vez, morirme de hambre por amor a lo que soy y a lo que hago.

Es increíble, cómo no nos atrevemos a manifestarnos, como es que nos hartamos de los ciclos pero no los terminamos desde la raíz.   Al final, si no intentás renovarte, nunca vas a saber qué se siente experimentar cosas nuevas. Nunca vas a entender lo importante que es soñar.

Somos seres destinados al desbalance. Es agotador vivir de manera uniforme donde el término “aprender”, trae por consecuencia desaprender. En eso podemos deshacer la enseñanza de la rutina de estrictamente dormir de noche, de estar en la universidad o de pasar el resto de tu vida en el país donde naciste.

No me he ido, pero lo añoro. Ya no quiero que me priven de ser quien soy. o peor aún, de lo que pienso. Quiero aceptar que amo a ambos lados de la sociedad. Quiero dejar de tener miedo de decir algo que pueda molestar a alguien y verme perjudicada al respecto.

A veces somos muy arrebatados. Estudiamos porque sí; y parrandeamos porque está de moda o incluso dejamos de hacer lo que en verdad nos hace felices por apantallar lo que no somos. Me ha costado mucho cambiar de ambientes y ser quien soy; vestirme como quiero, volver a querer a alguien después de mucho tiempo y lo más importante, quererme como soy.

Todo lo que proponemos como método de cambio, conlleva un proceso muchas veces, lleno de retos, vivencias y experiencias nuevas que, para bien o para mal, nos sacan de nuestra eterna comodidad. Acciones que acostumbramos a negar e ignorar por miedo a lo desconocido. Sin embargo, vivir se trata de arriesgarse y aventurarse hacia lo nuevo, hacer todo lo que el miedo no nos permitía hacer en un inicio: abrirse a lo novedoso con ojos y mente dispuestos a renovarse.

Me asusta entrar a la universidad y fallarme a mí misma. Me asusta permitir que me hagan creer que debo dejar de tener voz, dejar de manifestarme o dejar de ser yo. Me asusta querer de nuevo. Me asusta iniciar una nueva etapa de mi vida porque no sé cómo mantenerla, pero estoy segura que lo quiero hacer y lo nuevo o desconocido probablemente, me ayuden a ser mejor para mí.

Así que, ¿por qué no?

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