Karla Castillo / Corresponsal /

Hace algunos días recibí de un amigo un mensaje con cual me identifiqué y creo que es aplicable para muchos jóvenes lectores de Brújula, por lo que les comparto un fragmento de éste y luego una reflexión propia, esperando le cuenten a nuestro medio, su situación sentimental.

“Más de cuatro años de su vida gastaron María y Eduardo en un noviazgo aparentemente feliz, que se acabó cuando terminaron la carrera que estudiaron juntos. Fue como si hubieran agotado los temas de conversación que tenían en la universidad, para entrar en una competencia profesional que, lejos de dar trascendencia a su relación, marcaba territorios incompatibles. Finalmente, Eduardo confesó que cuando se dio cuenta de que su noviazgo le reclamaba más formalidad, tuvo miedo de continuar, porque necesitaba tiempo para saber si María era la mujer con quien realmente deseaba pasar el resto de su vida. (…).   

Quizás no supieron nunca que el verdadero amor no se traduce en ‘”sentir bonito”’ cuando se está frente a la pareja y que tampoco significa “estar de acuerdo en todo lo que se hace”, porque cuando realmente se ama a alguien se adquiere el COMPROMISO MORAL de ayudarlo respetuosamente a ser mejor, a que crezca como ser humano en todos los aspectos.

Cuando los jóvenes sueñan con encontrar al príncipe azul o a la súper mujer para ser felices siempre, tendrán que plantearse con toda seriedad si no están esquizofrénicos, porque un mundo así solo se da en las letras o en las telenovelas, donde navegamos a merced de la imaginación del autor, pero no en el mundo, donde el Creador ha dispuesto para los hombres la felicidad y el sufrimiento, los logros y los fracasos, la aceptación y el rechazo, y la lucha constante y permanente, desde que nacemos hasta que dejamos de respirar.(…)”

Existen estudios que aseguran que las mujeres aún hoy conservan la expectativa de encontrar a un hombre maduro, productivo, estable, inteligente, paternal, que cambie pañales, que las acompañe al pediatra, que sepa preparar papillas, que sea una excelente pareja, tierno, que externe sus emociones, que no pida relaciones íntimas cuando ella está enojada, que sea empático. Ellos, entre tanto, buscan a la mujer de sus sueños: productiva, inteligente, excelente anfitriona, que desee uno o dos hijos cuando él lo decida, que no pida dinero, que sea autosuficiente, independiente y autónoma, que colabore en la economía familiar y que cuide a los niños, que lave, planche, cocine y tenga bien arreglada la casa, además de que se dé tiempo para cuidar su apariencia, que siempre esté súper delgada, y que sea vea sexy en todo momento.

Los estudios indican que con la revolución sexual y el feminismo se rompió el equilibrio tradicional entre el papel que correspondía a los hombres y el que estaba destinado a las mujeres. Los varones se asustan frente a las mujeres que compiten con ellos en su espacio laboral y que, a menudo, están más calificadas que ellos, y esa amenaza a veces se extiende al campo sentimental. Ahora la mujer tiene más actividades que antes, porque debe estudiar, trabajar y atender a su familia, hecho que resulta desconcertante para todos.

Anhelar un príncipe azul o una súper mujer junto a nosotros no es un pecado, pero sí puede llegar a convertirse en un obstáculo para ser felices al lado de un ser humano de carne y hueso, con potencialidades y miserias que, como nosotros, necesita comprensión y verdadero amor para perfeccionarse poco a poco. Si hoy tantas relaciones se rompen después de un tiempo de tratarse en su noviazgo, es precisamente porque no estamos dispuestos a trabajar para forjar una relación sana, sincera, basada en el verdadero amor, que no es solo romanticismo, sino prueba constante de fidelidad, comunicación, respeto y de humanidad.   

Ya no existe la palabra “solterón (a)” y su imagen ha cambiado 180 grados, ya no es el hombre o la mujer gris, amargada, vestido como fraile o monja; ahora son seres impecables, atractivos (as), de muy buen carácter. Que van supliendo la juventud con personalidad, desarrollo humano e intelectual. Pero la soledad no es exclusiva de aquellas personas que son solteras, hay quienes que aun estando rodeadas de mucha gente llegan a sentirse muy solas, y a sufrir de carencias afectivas. (…)”

¿Será entonces que el desarrollo de la sociedad nos ha hecho cada vez más minuciosos y selectivos en cuanto a la persona con la que queremos compartir nuestra vida? A través de los años, las mujeres hemos ido adquiriendo un lugar trascendental; ya no es como antes, en donde se estaba supeditada a la decisión y forma de vida del hombre.  De igual forma, los hombres necesitan una mujer a su lado que se desarrolle en la vida profesional para que sea su compañía y pueda también contribuir con los  ingresos al hogar.

Es algo contradictorio que en épocas anteriores cuando las mujeres no tenían las oportunidades de ahora, las relaciones sentimentales duraran más tiempo o fuera mucho más fácil conocer a alguien con quien compartir nuestros sueños y metas a lo largo de nuestra vida. Aunque eran relaciones más estables, seguramente eran relaciones con menos satisfacciones personales. ¿Será que con el avance de la sociedad y de nosotros mismos, año con año nos volvemos más exigentes en cuanto a lo que deseamos? Y para ponerle la guinda al pastel, queremos que sea rápido y fácil.

Con el paso del tiempo, vamos adquiriendo madurez, conociendo a más personas en la universidad, en el trabajo y en cualquier actividad en la que nos desarrollemos, y por  lo tanto conocemos infinidad de personalidades que nos dejan algo para aprender. Iniciamos amistades y dejamos ir aquellas que nos fallan, conocemos la felicidad y entendemos que las tristezas también forman parte de nuestra vida cotidiana. En fin, recorremos una serie de enseñanzas de las cuales se desprende un solo resultado: la vida no es color de rosa, y quien esté a nuestro lado tendrá que cumplir con ciertos requisitos indispensables para nosotros, aquellos que “no se pueden negociar”.

Tener un prototipo de hombre y de mujer es sano para cualquier persona; el príncipe azul y la barbie amorosa e inteligente no son imposibles de conseguir (esperando que sus “barbies” y “príncipes” no sean como las novelas por favor, de lo contrario se llevarán una gran decepción).  Esto sucederá con el paso del tiempo, cuando la persona que nos llene como seres humanos y con la cual querramos compartir nuestras experiencias, después de altos y bajos, alegrías y pruebas superadas conjuntamente, en realidad sean para nuestra vida la persona idealizada que tanto esperamos.

¿Ser soltero? ¡También se vale!

Debemos recordar que no siempre es necesario que tengamos a una persona a nuestro lado para ser felices. Por el contrario, debemos primero aprender a ser felices con nosotros mismos para después compartir ese sentimiento con los demás y aceptar a las personas como son en realidad.  Muchas personas se encuentran atados a una relación que ya no funciona por el simple hecho de no querer “quedarse solo”, o también están aquellos que saltan de una relación a otra porque “no pueden estar sin nadie” o tienen miedo de quedarse sin pareja para el resto de su vida. La soledad es un espacio necesario para cada persona, en donde solo tú eres el centro de lo que necesitas.

Ser soltero ahora no es como antes, en donde si a los 30 no estabas casado “te quedabas para vestir santos”. En la actualidad es cada vez más común que  hasta esa edad las personas decidan casarse; estamos en otros tiempos en donde la soltería es signo de tener prioridades personales como estabilidad emocional, económica, profesional y emocional, para luego aventurarse con una pareja y compartir esos retos. Tú eres quien dirige tu vida, y es tú decisión ser feliz de la forma que quieras lograrlo sin afectar a los demás, compartiendo con tus amigos, realizando actividades que te llenen, practicar deportes, etcétera.  Incluso cuando se está en una relación es necesario tomar en cuenta todos los demás aspectos que conforman una  vida plena, para que tu vida y tu felicidad no dependa de alguien más.   Y ¿por qué no? Hay personas que deciden quedarse solteras por decisión propia, y eso nadie se los puede reprochar.

Una “situación sentimental” no necesariamente tiene que ser: soltero (a), en una relación, comprometido (a), o casado (a). Tú decides cuál es la tuya.

 Fotografìa: www.macco-it.com

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