By Luis Eduardo Ortiz
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No hay que ser experto en redes sociales y comunicación para darse cuenta que las malas noticias son mucho más difundidas que las buenas noticias.

Quienes nos mantenemos al día con lo que sucede en el país y el mundo, somos conscientes de lo mal que van las cosas y lo dura que es la realidad fuera de nuestras zonas de confort.

Hace poco me preguntaron si no me cansaba de esa sobreexposición a las malas noticias, la respuesta es que sí.

Un país como Guatemala necesita de ciudadanía informada, constantemente fiscalizando y siguiendo de cerca los movimientos de los actores corruptos y las instituciones estatales.

Además el crimen organizado, el narcotráfico y todas las formas de violencia están a la orden del día. Si a eso le sumamos los conflictos, violaciones a derechos humanos y el cambio climático a nivel global; el panorama se torna aún más desconsolador.

A veces son tantas malas noticias, que te terminan encarrilando hacia dos posibles vías: te deshumanizas y sigues con tu vida o mantienes tu empatía y renuncias a tu bienestar emocional. Podrá parecer una exageración, pero a veces no son las redes sociales en sí mismas lo que me ponen mal, sino la cantidad de sucesos y tragedias que lees diariamente en ellas. Si no quieres deshumanizarte, ni dejar de ser una persona empática y consciente de la realidad, pero quieres mantenerte al tanto de lo que ocurre (ya sea por tu carrera, intereses personales o trabajo), ¿qué haces?

Se empezaría por evitar leer tanto las noticias, o más drásticamente, evitar entrar a las redes sociales y los medios de comunicación. Pero si dentro de tu carrera o trabajo es necesario que te mantengas al tanto de lo que ocurre, es difícil poder separarte de las noticias.

Dosificar la cantidad de información a la que te expones puede ser una opción, pero cuando tu salud emocional está en juego, incluso una mínima exposición puede seguirte afectando. Además, quizás incluso entre alguna sensación de culpa al apartarte de todo eso, por priorizar tu salud y estabilidad. Pero vale la pena recordar:

Cuando se trata de cuidar tu salud mental, no hay que tener miedo en darte el espacio y el tiempo que necesitas.

Eso incluye no adherirte a la responsabilidad de estar 100% al tanto de todo lo que ocurre en el país y en el mundo cada día. En ocasiones, al exponernos a tanta información (principalmente negativa y trágica), nos ponemos encima responsabilidades que no podemos cumplir. Nos nubla la mente, genera más ideas negativas y nubla las posibilidades de observar los cambios positivos y de idear soluciones creativas a los problemas e injusticias.

Ante esto, no debemos olvidar que si somos personas conscientes que queremos hacer un cambio, también debemos cuidar nuestra salud física y mental para poder formar parte de ese cambio.

Cuidar tu salud mental no es algo egoísta, incluso cuando se trata de permitirte dar un respiro de la sobreexposición que tenemos a las malas noticias. No significa volver a una burbuja donde no eres consciente de los problemas políticos, sociales, económicos y climáticos del mundo, significa permitirte sensibilizarte ante esos problemas y tener las fuerzas para hacerles frente.

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