By Brújula
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 Paz final

Levy Mejía/ colaborador INTRAPAZ/

Al recordar la relación llevada en mi niñez con mis padres, vienen a mi mente recuerdos hermosos del amor sin medida que nos brindaba mi madre, su manera de consentirnos y cómo no nos dejaba hacer muchas tareas de la casa; era una relación muy estrecha llena de confianza y respeto.

En el caso de mi padre, el recuerdo no es igual, ya que siempre se mostró como esa autoridad de carácter fuerte. Sinceramente para mí y mis hermanos era molesto saber que “el viejo” estaría en casa. Las cosas cambiaban de color, ya no éramos los niñitos de mami. Para él, nosotros éramos hombres, con la obligación de hacer todo lo que él hacía. Solo en los casos en que había que aplicar mucha fuerza era más tolerante, pero por lo demás, siempre nos decía que eso de la sobreprotección que nos daba nuestra madre nos iba a volver afeminados.

Yo crecí con la idea que mi padre era desconsiderado, ya que en ocasiones nos llevaba a la ciudad para mostrarnos por dónde pasaban los buses para que fuéramos conociendo lugares importantes como referentes y así, supiéramos ir y regresar de los sitios a donde nos enviaba. Cuando teníamos 13 años, mis hermanos y yo nos turnábamos para realizar los pagos de luz, agua y teléfono. Mi padre siempre proveía lo económico en casa y desde allí delegaba.

 Le gustaba mucho que nos desenvolviéramos y

supiéramos andar en cualquier lugar, sin miedos.

Cuando comenzamos a trabajar, mi padre siempre dijo que lo que ganábamos era para nosotros, nunca nos pidió nada para él o mi mamá.  Eso sí, nos decía que apoyáramos con algún gasto de la casa. A lo largo de los años, he visto que aquello que hizo mi padre me ha ayudado mucho en la vida y como consecuencia he logrado tener muchas experiencias positivas: formar carácter, responsabilidad, conocimientos, autonomía e independencia, no depender de nadie. Él quería generar en nosotros responsabilidad desde temprana edad.

Por todo esto, puedo expresar que lo que la mayoría de padres de familia hacen con sus hijos puede llegar a ser dañino.

En los tiempos actuales, los niños son criados con mucha delicadeza, como cristales que al menor esfuerzo se quiebran. Ese mismo amor los va encerrando en una burbuja irreal llena de constantes temores y con personalidades totalmente dependientes.  Crear en los niños ideas absurdas de que todo lo que sucede alrededor es malo y que por eso no pueden hacer muchas cosas, podría ser un grave error.

Es importante que conozcan lo malo de la vida, para eso estamos los padres, para velar porque no hagan casas indebidas. Pero alejarlos de la sociedad no ayudará. Pensemos qué sucede con aquellos niños que han permanecido bajo el lecho de sus padres al momento de ir al colegio, universidad, tener un trabajo, una relación o realizar un viaje. ¿Qué pasa cuando no saben cómo dirigirse a los demás o regresar a casa porque siempre los han ido a dejar y a traer? Y que nada permita que se suban a un bus urbano -servicio satanizado-cuando no encuentran jalón; habrá que llamar un taxi, eso sí, alguien conocido, porque tampoco se debe subir a cualquiera.

Tantos miedos e ideas erróneas para que al final, sean los mismos adolescentes quienes tengan que arreglárselas con el mundo real. En muchos casos les resulta difícil adaptarse y resultan culpando a sus padres por todo lo malo que pueda pasarles en su vida adulta, por no haberles dado independencia en el momento adecuado. Por ejemplo, dejarlos salir a jugar con los amigos de la cuadra, realizar su propia inscripción a la Universidad, explicarles que ante cualquier imprevisto este número de bus urbano los podría llevar de regreso a casa, o simplemente mostrarles las instituciones públicas a las que en algún momento deberán acudir a realizar trámites.

Es importante hacerles ver desde pequeños lo que enfrentarán, que no tengan miedo de ser lo que quieran ser, que luchen por sus sueños, sin miedo a lo que venga. Aprender que cada tropiezo en la vida forma su carácter.  Brindemos confianza a nuestros hijos, no los aprisionemos con nuestras formas de pensar; dejemos que ellos “sean”, simplemente.

Esto podemos hacer por nuestros hijos, si los amamos es vital no perder detalle que si los educamos con educación, valores, buenos principios y respeto para el prójimo, será mucho más fácil el camino. Tendremos hombres y mujeres responsables, con criterio propio, capaces de lograr cualquier reto de la vida.  Enorgullécete de ellos y que de la misma forma ellos lo estén de ti, que no te culpen por sus temores y malas experiencias. Está en nosotros criar hijos con luz propia. De lo contrario, prepárate como padre para los reproches del futuro, que de seguro llegarán.

Que sientan amor por nosotros los padres, no seamos autoridades a las que deben temer; más bien, mostrémonos como los amigos que más confían en ellos y que en ningún momento los dejarán solos.

Paz ultima

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