Mi historia no es igual a las de otros, o por lo menos eso era lo que pensaba. Tenía escasos cinco años de casada; una casa hermosa, dos niños lindísimos y un esposo amoroso, atento y lleno de virtudes.  Nada mal, ¿eh?  Éramos la familia ideal, como en las películas, bastaba con tomarnos de la mano y vernos...