Érase una vez, hace un par de meses en este mismo país, una niña que quería llegar al norte. Marisa—así se llamaba la niña—vivía en Comayagua con su mamá, doña Georgina, y su hermanito José. Todos los días, Marisa se levantaba temprano para ir a la escuela; cuando regresaba, hacía sus tareas y cuidaba a José. Marisa...