By Brújula
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magis

Jocelyn Trujilllo Herrera/Colaboración/

“Bástate mi gracia; porque mi poder se perfecciona en la debilidad. Por tanto, de buena gana me gloriaré más bien en mis debilidades, para que repose sobre mí el poder de Cristo.”

Una vez más quedo asombrada de la perfección de los planes de Dios. “Te basta mi gracia” ha sido una palabra de vida que resuena en mí desde hace ya dos años. No es fácil entender que cuando débil soy, soy fuerte. En estos días, he entendido que todo radica en ver que el centro no soy yo.

El Padre General de los Jesuitas, Adolfo Nicolás SJ, en la homilía de la misa de envío hacia las distintas experiencias de MAGIS decía “el mensaje de Dios está en nuestro corazón“. Posteriormente, hablando con el P. Claudio Barriga SJ, quien se convertiría en una total bendición para mi vida, comprendí que no es sólo el mensaje de Dios, sino Dios mismo quien habita en el corazón.

Mientras todo anda bien, es muy fácil verme a mí misma y creer que soy fuerte; creer que yo puedo y olvidarme del centro, del centro que habita en mi corazón y que es Cristo. Lo comprendí por medio de una metáfora: soy como una vasija de barro, en mi interior, en mi centro está una luz encendida, Cristo. Cuando soy fuerte, cuando me miro a mí; la luz tiene mucha dificultad para salir al exterior. Pero cuando soy débil, cuando me equivoco, cuando no soy la mujer perfecta que pretendo ser; es como si esta vasija se fuera quebrando, permitiendo así que lo que está al centro, la luz, lo que me da la fuerza, vaya saliendo al exterior y lo llene todo.

Me basta Su gracia porque Él vino por mí, que no soy perfecta; por mí que soy débil; por mí que necesito ser curada. Me basta su gracia y es por medio de mi debilidad que me doy cuenta de lo pequeña que soy. Aceptarme débil, además me permite amarme con un amor más cercano al que Dios tiene por mí. Porque, ¿quién soy yo para estar libre de equivocarme?

Mi fuerza está en Cristo Jesús y en aferrarme a Él. Y es así como la oración de San Ignacio vuelve a resonar en mí y me ayuda a decir:

“Dame tu amor y tu gracia, que esta me basta”

 

Liza María Hernández/ Colaboración/

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