Liza Noriega / Opinión /

Aceptémoslo.  Las relaciones amorosas de los seres humanos son un fracaso.  Empiezan y terminan cada segundo.  Con el tiempo, las mariposas en el estómago migran hacia otros cuerpos.  Las conversaciones al teléfono se tornan menos largas y los encuentros románticos más esporádicos. Y honestamente, conforme el tiempo transcurre, la decisión de terminar con alguien se torna mucho más difícil.

¿Por qué decidimos terminar o cortar con alguien?  Simplemente porque como seres humanos, somos seres en constante cambio.  Y el cambio nos lleva a modificar ideales, sueños y proyectos; a cambiar prioridades.  De pronto, empezamos a tener problemas por escoger la película del fin de semana.  De repente, nuestros futuros profesionales ya no parecen encajar tan perfectamente como antes lo hacían.  Mi mente sueña con estudiar fuera y él sueña con una casa llena de niños y galletas de chocolate.  O de pronto, aparece alguien más…

Sí, alguien más.  Para quienes crean que el ser humano es un ser monógamo por naturaleza, podría estar muy equivocado.  Ser monógamo es más una excepción que la regla en el ser humano, de acuerdo a un zoólogo y una psiquiatra de la Universidad de Washington y autores del libro “El mito de la monogamia”.  Esta idea, tal y como estos científicos afirman, no es buena o mala en sí; simplemente refleja una realidad científica; al ser humano le pueden atraer varias personas a la vez.

Lo que sucede es que en el mundo contemporáneo tomamos la decisión consciente de estar con una sola persona, una sola pareja, a pesar que pudiéramos estar con muchas.  El porqué decidimos esto puede ser tema para otra discusión.  Nos pueden mover valores religiosos, idearios éticos o simplemente una histórica cultura de monogamia en la cual crecieron nuestros antepasados.

Terminar con alguien entonces, por cualquiera de las razones que sea, no es un fracaso o un símbolo de inconsistencia.  Terminar es en gran medida, la celebración de una etapa vivida y disfrutada junto a alguien.  Es saber reconocer, tal y como dice Fernando Delgadillo en su canción, que coincidimos con esa persona, entre tantos siglos, tantos mundos y tanto espacio.  Y que hemos cambiado, y ahora debemos continuar. Terminar una relación es sumar experiencia a nuestra vida, es crecer.

Entonces.  Creo que las relaciones humanas son volátiles y frágiles, se que la monogamia no es natural y estoy convencida que terminar con alguien debería ser visto como una experiencia ganada y no como un fracaso seguro.  ¿El creer esto me hace una infiel empedernida o parte de esa gente que no cree en el amor? Si mis padres leyeran este artículo, seguramente se cuestionarían en qué momento les cambiaron de hija y me lanzarían una de esas miradas aniquiladoras.

Mis padres no son sino el ejemplo fiel de una pareja feliz y duradera.  Entonces, ¿por qué ando hablando de infidelidades, falsas medias naranjas y relaciones esporádicas?  Porque también se que para haber logrado la relación que tienen hoy en día han tenido que luchar, y duro.  Por eso a pesar que creo que las relaciones humanas son volátiles y frágiles, también se que la experiencia me ha hecho creer que con ganas, amor (de ese que nace en las entrañas) y voluntad, esas relaciones se fortalecen y valen la pena.  El amor vale la pena, de eso estoy segura.

Sin embargo, hoy he decidido terminar mi relación.  Terminar mi relación con la idea de amor perfecto que me quieren vender las canciones de la radio, las películas –que solo Hollywood maquila- de amores imposibles y perfectos, y en fin, de la idea de amor barato de un día como San Valentín.  Y termino decididamente esta relación, porque los días más intensos y emocionantes de mi vida los he vivido muy lejos de un 14 de febrero.

Fotografía: Broken Heart.  CarbonNYC. Creative Commons.

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