Andrea Urrea / Instituto de Estudios Humanísticos /

En este año electoral muchos guatemaltecos votaremos por aquellos que nos representarán durante los próximos cuatro años y estaremos poniendo nuestra confianza en ellos para ver si así la cosa mejora un poco, votaremos por aquellos que consideramos, son los más preparados, aquellos con quienes nos identificamos y compartimos una ideología política; al menos eso es lo que me gustaría que pasara pues la mayoría votará por el “menos peor”.

Pero como hemos visto en los últimos períodos de gobierno, el transfuguismo político está a la orden del día; el transfuguismo está definido como la tendencia de los políticos pasar de un partido político a otro. El periódico Plaza Pública realizó un monitoreo durante el primer año de gobierno (2012 – 2013), hubo movilizaciones en casi todos los partidos políticos y esta tendencia se ha repetido en los últimos años, pero ¿por qué se está dando el transfuguismo de manera creciente en nuestro país? Para responder esto tuve la oportunidad de entrevistar a Mario Sosa, antropólogo político e investigador del Instituto de Investigación y Gerencia Política (INGEP) de la Universidad Rafael Landívar, quien a continuación lo explica.

Andrea: ¿Por qué cree que ocurre el transfuguismo en Guatemala?

Mario: Lo voy a plantear de manera sencilla identificando un conjunto de elementos que contribuyen al transfuguismo político:

  • En general los partidos (políticos) tienden a evitar u obviar gestar una ideología, una identidad política que les permita mantener no sólo su cohesión, sino desarrollar procesos democráticos de selección de sus dirigentes y por lo tanto también de sus candidaturas.
  • Los partidos políticos en Guatemala tienen la característica de constituirse, también, como empresas electorales. Es decir, cada partido político, según la coyuntura política, va gestando relaciones a manera de ofrecer sus servicios a una serie de electores o sectores de poder económico.
  • Y los políticos, obviamente, en tanto forman parte de un conjunto de dinámicas económicas y sociales también pretenden, de manera permanente, ser los candidatos de los partidos. Cuando esas posibilidades van cambiando porque, quizás el partido logra tener a otro que sea un candidato con mayores recursos para la campaña quien pueda abrirse paso para una candidatura, el diputado o el alcalde que ya no va a tener tanta posibilidad de ser re-electo por ese partido decide cambiarse a otro.

En términos generales diríamos que el fondo de esto, entonces, es que la política en este país se ha convertido en una actividad puramente mercantil, en una actividad en buena medida corrupta y desligada de un proyecto político y de una ideología.

De tal manera que de ahí los políticos, sin mayor cuestionamiento social, sin mayor autocuestionamiento o una valoración sobre si es correcto o no cambiarse de un partido político, simplemente lo hacen como una práctica.

A: ¿Considera que el transfuguismo es algo que se ha incrementado en los últimos años?

M: Diría que se ha ido agudizando, antes, era menos dominante en la práctica política. En general había alineamientos económicos presentes en los partidos y había alineamientos ideológicos. Si pensamos, por ejemplo, en el período de 1944 a 1954, es evidente que ahí se construyeron partidos fuertes, asientos programáticos e ideológicos muy fuertes que hacía que los políticos actuaran en un solo partido. En todo caso, que estos partidos se unieran a otros partidos en una alianza convirtiéndose en un partido nuevo a partir de que estaban enfrentando otros proyectos, otros planteamientos políticos ideológicos. Después del ’54, esto en general se siguió dando, aunque la característica fue que algunos partidos se mantuvieron y en otros casos fueron convirtiéndose en nuevas propuestas políticas donde los políticos solían mantenerse en la misma opción partidaria; pero diríamos que a partir del ’84 para acá, la dinámica ha sido de una profundización en la práctica del transfuguismo político.

A: ¿Existe algún tipo de sanción para políticos o partidos que regule el transfuguismo?

M: No, no hay ningún impedimento o ninguna sanción de ningún orden y por ningún organismo de Estado que regule esto.  De hecho, es parte de unas propuestas de reforma a la Ley Electoral y de Partidos Políticos que se han estado planteando. Consiste en que se instituya que si en algún momento determinado un funcionario público que ha llegado al cargo a través de elección popular y se sale de un partido político, sea el partido político quien deba sustituirlo –según corresponda la ley- en el cargo público que representaba. Si por cuestiones ideológicas un diputado o alcalde decide cambiarse de partido político, esto le representaría dejar el cargo que ocupa actualmente.

A: Por supuesto, estas iniciativas no van a ser aprobadas porque no les convienen…

M: Es muy complicado, diría que estamos en una coyuntura política en donde es muy improbable que con los partidos políticos actualmente existentes, o con los políticos que controlan esos partidos y controlan toda la dinámica electoral, pueda darse una reforma de ese tipo. Aquí se aplicaría ese dicho popular que dice “chucho no come chucho”, quienes se benefician de este sistema evidentemente no van a aprobar una iniciativa de ley que perjudique sus intereses. Creo que el transfuguismo político es uno de los efectos – en conjunto con otros como la corrupción, etc – que están permitiendo que el sistema político se vaya desgastando a tal punto que esto pudiera originar una nueva coyuntura política. Con esto me refiero a una nueva correlación de fuerzas, en este caso una venida de movilización social como las que se han dado en países como Venezuela, Ecuador o Bolivia, que abren paso a una etapa política distinta; entonces sí se abren posibilidades de reformas políticas que lleven a cambiar o modificar sustancialmente las características fundamentales del sistema.

La pregunta del millón es, ¿por qué dejamos que esto suceda? A lo que Mario responde que es la sociedad misma quien permite y acepta el transfuguismo político. “En general la ciudadanía, a partir de su desconocimiento o de que también comparte una misma cultura política, vuelve a elegir a los mismos políticos y permite que esto siga ocurriendo como parte de un círculo vicioso”.  “Este círculo vicioso”, comenta, “hace que lo que perseguiría un sistema democrático es que los partidos políticos sean genuinos representantes de sectores poblacionales, que sean verdaderos intermediarios de las demandas sociales, de las problemáticas locales, regionales o nacionales, simplemente no sea así ni se lleve a cabo. De tal manera, entonces, que lo que observamos en espacios como el Organismo Legislativo es un juego de intereses entre partidos y diputados que no permiten afrontar los problemas nacionales y convertirlos en medidas legislativas -por un lado-, y que entonces se abra paso para otro tipo de concesiones y a leyes de beneficios para un sector económico poderoso pero no para intereses nacionales.”

Hace falta construir esa cultura política, que los votantes puedan emitir un voto razonado para que quienes lleguen al poder sean personas, como dije al principio, capaces, preparadas y comprometidas con Guatemala y con su gente y no sólo busquen beneficios personales.

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