FCAA-Mayo

Karen Barrera y Juan Pablo Pinto / Opinión /

La palabra Guatemala proviene del vocablo “Quauhtemalan” que en Náhuatl significa “Tierra de árboles” o “Lugar de Bosques”. A pesar que en muchos lugares en la actualidad ya no lo parezca así, el nombre fue dado debido a la diversa y exuberante vegetación que se encontraba en el país en tiempos de la colonización española.

Guatemala es un país que contiene gran riqueza en cuanto a biodiversidad (variedad de organismos vivos en el planeta, que incluye a los ecosistemas terrestres y acuáticos, así como a las diferentes especies microscópicas, macroscópicas y genes que habitan en los mismos) y clima (variación lenta del sistema superficial de la atmósfera-hidrósfera-litósfera), esto debido a la posición geográfica dentro de la zona tropical del hemisferio norte y la amplia diversidad altitudinal donde se encuentra ubicada; desde sus zonas costeras a 0msnm, hasta la cima del volcan más alto de toda Centroamérica a 4,420msnm.

Este conjunto de condiciones tiene una influencia determinante en el clima del país, creando así ambientes diversos donde se tiene presencia de aproximadamente 360 microclimas diferentes.

Una de las consecuencias de la diversidad de ecosistemas y recursos naturales que el país posee se ve reflejado en el gran potencial de generación de electricidad a través de distintas fuentes, por hacer mención: hidroenergía, geoenergía, energía solar, energía eólica, etc., las cuales son renovables y de ser manejadas adecuadamente, no provocan daños negativos significativos al medio ambiente. No existen daños en comparación con otro tipo de fuentes, como lo es el uso de combustibles fósiles (hidrocarburos principalmente), Guatemala también tiene potencial de generación en estos.

En las últimas décadas la demanda energética en Guatemala ha presentado un crecimiento promedio de 7% anual, creando así una mayor presión en la generación de energía eléctrica en el país. Ante esto, el Estado de Guatemala en la Política Energética 2013-2027 se apega a la Constitución Política de la República, en dónde se menciona lo siguiente: el Estado está obligado a propiciar el desarrollo social, económico y tecnológico que prevenga la contaminación del ambiente y mantenga el equilibrio ecológico. Para esto, se propone un primer eje de aplicación, donde el objetivo es diversificar la generación de energía eléctrica mediante la priorización de fuentes renovables, impulsando la energía hidroeléctrica, geotérmica, solar, eólica, biomásica, entre otras.

Tomando en cuenta la capacidad que el país tiene para la generación de electricidad a partir de distintas fuentes renovables, resulta bastante absurdo e ilógico que nuestra matriz energética haya tenido cambios (luego de generar más del 55% de energía eléctrica a partir de fuentes renovables, hoy en día el porcentaje alcanzado apenas alcanza el 45% ), haciendo notable el uso de carbón (con un 34.34% de generación de energía a nivel nacional a partir del mismo) que -encima de todo- es importado y quemado en Guatemala, generando una gran contaminación a la atmósfera. La generación de electricidad a base de carbón es bien conocida por ser una de las principales causas del calentamiento global, por tanto, aunque se diga que beneficiará económicamente a la población también se debería de tomar en cuenta el daño que causará a largo plazo en nuestra atmósfera, ya que nuestros sumideros de carbono (los bosques) van disminuyendo cada año, haciendo que nuestras emisiones de GEI (Gases de Efecto Invernadero) estén cada vez más alejadas de las absorciones.
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Comisión Nacional de Energía Eléctrica, 2015. 

Es importante mencionar que el aumento en el porcentaje de generación de energía eléctrica a base de carbón de la matriz se debe, principalmente, al ingreso y operación de algunas empresas transnacionales que no solo puntean a nivel mundial en el mercado del carbón si no también en mercados de combustibles fósiles y otro tipo de energías consideradas sucias y perjudiciales al medio ambiente. Por otro lado, además de incidir en una gráfica representativa, lo más trascendental es que la operación al 100% de este tipo de empresas va a impactar directamente en la calidad de vida de todo ciudadano guatemalteco, y más aún de los que viven en los alrededores de las mismas. Esto probablemente pueda notarse a mediano o largo plazo; cabe preguntarse si en realidad deseamos empobrecer la calidad de vida y del ambiente para nuestros hijos o nietos sin tener a cambio algo más que un simple beneficio de un sector altamente seleccionado, el cual es el encargado de negociar los -ya sea abajo o sobre la mesa- tratos que van desde iniciar a operar antes de tiempo hasta no respetar tratados internacionales que protegen nuestra biodiversidad.

Como nación estamos de cierta forma comprometidos a velar por que nuestra descendencia conozca las riquezas naturales que poseemos hoy y que son grandes tesoros, al no defenderlos, informarnos y fortalecer nuestro derecho constitucional a tener una mejor calidad de vida, estamos restándole valor a este patrimonio tan único y especial.

Claro está que aún queda mucho por hacer y cambiar, son tiempos en los que el pueblo de Guatemala está escribiendo un capítulo diferente en la historia y es completamente válido tomar todos estos cambios y uniones en contra de un sistema corrupto y disfuncional a nivel político y económico que por décadas ha beneficiado solamente a un pequeño sector de la población, limitando a la gran mayoría.

Realmente hemos llegado a un momento donde tenemos que exigir cambios en aspectos tan importantes y vitales como el ambiental, la Madre Tierra es de TODOS y solamente juntos, bajo un mismo propósito, la podemos proteger como se merece.

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