José Pablo Enero 1

José Pablo del Águila / Opinión /

Jimmy Morales no necesitó de los cien días de prueba para demostrar que será un funcionario más con el juicio nublado y a quien la reflexión no le resulta un ejercicio digno de practicar.

Así es, luego de recibir la banda presidencial y dar un discurso que apelaba a lo emotivo para cortar cualquier indicio de pensamiento crítico, el comediante, ahora convertido en presidente, tomó la desacertada decisión de asistir a un Tedeum orquestado por la Iglesia Católica y posteriormente con la Evangélica, ignorando y haciendo caso omiso de que vivimos en un Estado laico, totalmente aconfesional (al menos en la teoría así es). Esto, a todas luces, es una muestra de un caso más en el que el Estado de Guatemala lastima la dignidad de un 13% de su población (aproximado) *.

Haber, por tan solo unos momentos dediquémonos a no seguir el ejemplo de nuestro presidente y practiquemos el provechoso ejercicio de reflexionar. ¿Qué tiene de malo que ciertos líderes eclesiásticos bendigan a un presidente? Total, ellos lo hacen porque tienen buenas intenciones y seguramente, al igual que todos, desean un país con mejores condiciones para vivir, ¿no? O como una persona me dijo: “Peor fuera que se encontrara transando con los corruptos, ¿preferirías eso?”.

Yo lo sé, en serio lo sé, no hay ninguna intención maliciosa de parte de quienes promueven este tipo de actividades ni tampoco del mismo presidente. Pero lo que muchos no alcanzan a ver es que en el país no solamente existen católicos y evangélicos, también hay personas que practican otras religiones y otros más que simplemente no se sienten identificados con ningún credo religioso.

El hecho de que el presidente de un país asista a los Tedeums de dos denominaciones religiosas transmite varios mensajes solapados.

Uno de ellos es que para el Estado, debidamente representado por las acciones del presidente electo, las únicas dos religiones que existen, que merecen atención y ser tomadas en cuenta son las católicas y evangélicas. Es decir, coloca al cristianismo en una posición de supremacía sobre cualquier otra denominación. Si somos minuciosos en nuestro análisis, nos daremos cuenta de que lo que en realidad está sucediendo es que el Estado está desdeñando las creencias de un significativo grupo poblacional y, mientras invita a algunos sectores a acercarse a las esferas del poder y de la toma de decisiones, margina a otro. Pareciera como que cada vez nos volvemos más expertos en vulnerar los derechos de los que no son “normales”.

Que el Estado lastime la dignidad de sus ciudadanos no es algo nuevo, por supuesto que no lo es. Sin embargo, luego de haber sobrevivido a una guerra que duró 36 años y que dejó heridas abiertas que aún arden y que progresivamente entran en un estado de putrefacción, resulta increíble que aún sigamos indiferentes ante la injusticia. ¿Es que no hemos aprendido la lección? La lucha por el respeto a los derechos humanos, sin importar ideologías, creencias o rasgos físicos, debería de ser una empresa de la cual todos nos apropiemos. Sorprende que aún no lo hayamos hecho así.

No obstante, a pesar de que resulta innegable que tanto el presidente como las personas que organizan este tipo de actividades tienen muy poca experiencia cuando de reflexionar se trata, es necesario aclarar que no todos los feligreses padecen de este mal. He visto en las redes sociales a muchos cristianos que están conscientes de la realidad y por ello se pronuncian en contra de organizar un Tedeum. Saben que su religión es muy valiosa, pero igualmente valiosas son las creencias ajenas. Para ellos mis elogios y mi admiración.

Yo no estoy en contra de ninguna religión. De lo que sí estoy en contra es de privilegiar a unos y menospreciar a otros.  Y si el presidente gusta regir su vida bajo los preceptos del cristianismo, pues está en su derecho, que lo haga, pero en su tiempo privado y a título personal. No con la representación del Estado.

Por el bien de todos, ¡que esta sea la última vez que un presidente asista a un Tedeum!

*Según la encuesta realizada por Prensa Libre en el 2015, 45% de la población es católica, 42% evangélica y un 13% profesa otras creencias religiosas o ninguna.

Imagen

Compartir

Otros artículos de interés