By Karen Letran
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La conciencia sociopolítica y la participación dentro de esta, lamentablemente, es para muchos de nosotros… una prioridad menor, sobre todo cuando muchos de nuestra generación hoy en día estudian y se preparan para ir en busca de un futuro en otra sociedad muy alejada de la guatemalteca.

Esto ha provocado que el interés cívico y político sea menos notable y que la preparación de la nueva generación votante, es decir, nosotros los jóvenes, sea mediocre y manipulable. Como recién ciudadanos a los que se les ha abierto las puertas a los diversos derechos y deberes políticos, nuestra manifestación, información y formación acerca del funcionamiento de las instituciones y de los representantes de la sociedad que la conforman, de la sociedad que en este momento les está dando una comunidad en donde formarse y desenvolverse; resulta ser de vital importancia, más cuando estos mismos representantes intervienen negativamente en el sistema de Derecho, por el que el ordenamiento jurídico, sobre todo la Constitución Política de la República, lucha para garantizar la justicia y seguridad que todos como miembros de la sociedad merecemos.

Saber que actualmente personas que, se cree, pueden ser llamados representantes, funcionarios y postulantes de una sociedad que ni siquiera está lo suficientemente involucrada como para defender una postura e ideología de forma crítica y autónoma, puede disponer de las leyes para intervenir en procesos, que de por sí, ya se habían retrasado lo suficiente como para violar la eficiencia, transparencia y diligencia del mismo; para impedir que otros puestos públicos, con el fin de redirigirlos a intereses individuales, no sean ejercidos como deberían y como un Estado de Derecho exige.

Se puede hablar de la conformación de la nueva Corte de Constitucionalidad como ejemplo, con una integración incompleta, por procesos de impugnación sin terminar y con cambio de planes de último minuto en cuanto al nombramiento de algunos electos o titulares, como fue el caso de la Magistrada Gloria Porras; impiden y ponen en duda la confianza que se debe poner en las instituciones encargadas de dichos procesos. Sin embargo, opiniones y análisis como el que nos comparte la blogger Mayid Alegría en su columna “Sobre la VIII Magistratura: Corte de Constitucionalidad 2021-2026”, hace renacer también cierta esperanza por el futuro, pues es verdad que a pesar de las circunstancias, siempre se hacen notar trabajadores, en este caso, magistrados con valores, independencia, imparcialidad, objetividad y con un vivo sentido de la justicia y a la constitución, que nos recuerdan y deberían motivar a nosotros también a hacer la diferencia aún, con los obstáculos e intereses e influencia de otros de por medio.

Si bien es cierto que no es obligación de todos tener afinidad a ciertos temas, como la política y el derecho, no se puede ignorar la responsabilidad que recae en todos nosotros los ciudadanos, de involucrarnos directa o indirectamente, pues así como exigimos derechos y que la situación obscura, poco transparente y justa cambie; se debe poner el granito de arena, no tratando de seguir a las masas, sino al contrario, fortalecer nuestros ideales y valores, identificarlos y vincularlos con los representantes de nuestra sociedad, para que podamos ser nosotros los que garanticemos un futuro democrático y justo.

Erradicar la indiferencia y la ignorancia de la realidad, puede hacer que encontremos la sociedad en la que queremos vivir y superarnos en Guatemala y no en otro lugar.

Creamos en el potencial de Guatemala y conozcamos de la Constitución, para exigir que otros también lo hagan y ejerzan sus puestos conforme a esta; impulsemos la verdadera representación.

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