By Brújula
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Lenina García/ Opinión/

El 17 de octubre se conmemora el “Día Internacional para la Erradicación de la Pobreza”, a partir de 1987 cuando Joseph Wresinski, -fundador del Movimiento Internacional ATD Cuarto Mundo– congregó a 100 mil personas de toda procedencia en París para proclamar que la extrema pobreza es una violación a los derechos humanos y reafirmar la necesidad de conformar un movimiento amplio que demande su cumplimiento.

Desde la filosofía de Cuarto Mundo, este día es una ocasión para reflexionar acerca de la dignidad de las personas que viven en situaciones de pobreza y demandar a los Estados de todo el mundo, acciones claras que permitan superar esas brechas de desigualdad.

Este año tuve la oportunidad de formar parte del “Comité 17 de Octubre” de Cuarto Mundo Guatemala y pude conocer de cerca el trabajo comprometido de cada uno de los voluntarios y las historias de varias familias que viven en situación de pobreza. Entre las que he podido conocer se encuentra la de Raquel Juárez, una mujer valiente de 46 años que a pesar de las limitaciones, ha entregado su vida por crear mejores condiciones para los suyos. A manera de honrar su lucha y su defensa por un presente más digno, decidí escribir su historia:

La niña que llegó hasta sexto primaria

Raquel desde pequeña vivió en situación de pobreza. Se crió únicamente con su mamá y tres hermanos. Sus condiciones eran tan precarias que a veces debían quedarse durmiendo en los hospitales. Fue así como llegaron a la línea férrea de la zona 4 junto a otras familias que con cartón, láminas y palos trataban de construir un lugar donde vivir.

Para su mamá, el hecho de ser madre soltera fue una situación muy difícil,  pero eso no impidió que luchara por sus hijos y que todos los días desde tempranas horas saliera a trabajar al Mercado la Terminal para brindarles educación a sus hijos.

Así fue como Raquel fue inscrita en la Escuela “República de Brasil” de la zona 4 y a pesar de la pobreza en la que vivían, su mamá no le permitió trabajar de pequeña, pues estaba consciente que el estudio le daría oportunidades en su vida. De esa manera Raquel llegó hasta Sexto Primaria. “En esa época no había tantas clases como ahora. El uniforme para todos era azul y blanco. Nos pedían el libro de Nacho y Sembrador”, -cuenta emocionada Doña Raquel.

Por su situación de pobreza ya no pudo continuar sus estudios, pero el hecho de saber leer y escribir le cambiaría la vida por completo. A los 17 años Raquel tuvo a su primer hijo pero no decidió casarse. Ante esta nueva responsabilidad tuvo que empezar a trabajar haciendo labores domésticas. Así fue como tuvo a su bebé y más adelante conoció al padre de sus demás hijos (8 en total). 

Una comunidad llamada “Lomas de Santa Faz”

Habían transcurrido varios años desde que Raquel tuvo a su primer bebé y ya no vivía con su mamá, pero ella y su esposo aún no contaban con una casa propia donde vivir. Así fue como en los años 90s la mamá de Raquel le avisó que el BAMVI y el Fondo Guatemalteco para la Vivienda FOGUAVI –ahora extinto-, estaban otorgando terrenos para las personas de la Línea Férrea de la zona 4 y que luchara por conseguir algo propio, por el bienestar de su familia.

Y así fue como Raquel logró adquirir un terreno en lo que ahora se conoce como la Colonia “Lomas de Santa Faz”, zona 18. Raquel cuenta que cuando le dio la noticia a su esposo, él no le creyó. Le costaba entender que una mujer había sido capaz de hacer todas las gestiones para lograr algo tan importante.

A pesar de que le otorgaron a ella y a demás familias un terreno, a cada quien lo tocó levantar su casa y para colmo, la colonia no contaba con los servicios básicos para subsistir.  Desde un principio las autoridades hicieron oídos sordos a sus demandas. “A nosotros nos tocaba trabajar todo el día, hombres y mujeres parejo. Incluso a mí me tocó trabajar estando embarazada. Nosotros hicimos las zanjas para los drenajes, luchamos por tener agua, luz, porque nos dejaban a oscuras”.

Además, no contaban con una escuela para sus hijos. En las que había en lugares cercanos no recibían a los niños, por el prejuicio del lugar donde procedían. “Nosotros luchamos ante el Ministerio de Educación para que aquí en la colonia se creara la Escuela”. –Cuenta con determinación Doña Raquel.

El tiempo fue transcurriendo y las situaciones en el país fueron empeorando. Doña Raquel es consciente de ello y comparte que en el año 2006, uno de sus bebés, a los dos meses de nacido padeció de neumonía y murió a raíz de la crisis hospitalaria, porque cuando lo llevó a la emergencia no había medicina para curarlo.

La crisis de los hospitales no es cosa de ahora, eso viene de años atrás. Yo hubiera querido salvar a mi bebé, pero no tenía cómo. La pobreza pesa mucho, se pierde a seres queridos”.

El día del funeral de su bebé, doña Raquel cuenta que sintió la solidaridad de sus vecinos. Relata que entre todos le ayudaron a arreglar la casa para el velorio, hicieron colecta para la comida y sufragar otros gastos. De allí la conexión de Doña Raquel con su comunidad, su identificación con la Colonia y la esperanza por un futuro mejor.

Una mujer que encuentra su libertad y lucha por los demás

Por ser una familia numerosa, doña Raquel se ha dedicado la mayor parte del tiempo a su familia y a la lucha por el desarrollo de su comunidad. Su esposo trabaja como fletero en el Mercado la Terminal y ella asume la enorme labor de atender la casa. Así fue como a finales de los años 90, conoció por primera vez el trabajo del Movimiento Cuarto Mundo.

Ella comenta que cuando empezó a formar parte de los talleres y de las actividades, empezó a sentirse acompañada,  porque ya no sólo se quedaba en la casa, sino que conocía a otras personas y podía expresar lo que sentía. “En 1999 fue la primera vez que hablé en un micrófono y me sentí libre”, comenta doña Raquel. Desde entonces, ella ha representado al Movimiento Cuarto Mundo en distintos espacios, tanto a nivel nacional como internacional, dando a conocer desde la voz de las familias que viven en pobreza, cuál es su realidad y sus demandas.

En la actualidad doña Raquel está estudiando un curso de corte y confección para montar un emprendimiento personal. También apoya la educación de sus hijos e hijas. Participa activamente del Movimiento Cuarto Mundo y escribe poesía.

Para mí, doña Raquel es una heroína, porque desde pequeña ha luchado por la vida, por su familia, por ofrecerles un futuro digno a pesar de las dificultades. Ha luchado por su comunidad, por la educación de los niños y niñas, por denunciar los hechos de violencia que enfrentan como población en situación de pobreza.

[quote]“Nosotros como pobres queremos que no nos tengan lástima, queremos nuestros derechos. Queremos que cuando los diputados hagan leyes o firmen un artículo, que piensen en el pobre, porque es quien paga las consecuencias. Nosotros somos portadores de paz, somos gente de bien”. -Raquel Juárez.[/quote]

Que este 17 de octubre nos haga reflexionar sobre la pobreza que se vive en nuestro país y cómo articular esfuerzos con las comunidades que desde sus propios espacios están luchando por crear un país distinto. Que sea también una denuncia al sistema capitalista que reproduce la exclusión, la discriminación y la violación a los derechos humanos.

Para conocer más acerca del trabajo que realiza Cuarto Mundo, pueden visitar su página web y también participar de los eventos que se estarán realizando en conmemoración de este día tan reivindicador.

Imagen: Lenina García

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One Comment
 
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    Ana quej / 19/10/2016 at 09:20 /Responder

    Es un privilegio que doña raquel sea la voz de los que hemos sido marginados por ser de escasos recursos queremos que se valore nuestros derechos.

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