By Karen Letran
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Enfrentarse a nuevos retos fue y sigue siendo una realidad para muchos de nosotros, sobre todo durante este tiempo de confinamiento y restricciones, debido a una emergencia mundial durante este año 2020. Sin embargo, estas realidades dependen de las personas y sus gustos, pasatiempos, profesiones y pasiones que las definen; demostrando, que no solo ámbitos como el laboral y educativo fueron los obligados a construir nuevos caminos y adaptar su forma de desenvolverse y de cumplir con las distintas obligaciones que sus objetivos implican, sino que también otros ámbitos, como el artístico tuvieron que buscar dicha adaptación, ante la realidad que se presenta. Bailarines, personas que dedican su vida a la danza o a quienes les apasiona expresar sus sentimientos por medio de los diferentes géneros y tipos de danza, también nos enfrentamos a una realidad retadora y nueva, lejos de escenarios, academias y salones de entrenamiento; muy diferente al contexto y forma de vida a la que estábamos acostumbrados.

De tal forma, en esta oportunidad, con el objetivo de poder llegar a motivarlos a luchar por hacer aquello que les gusta y apasiona sin importar las dificultades u obstáculos que su realidad les presente, me gustaría compartirles acerca de los retos a los que nos enfrentamos las bailaoras (Profesional del baile flamenco); de cómo durante el confinamiento, el flamenco se ha ido adaptando a la falta de disponibilidad de academias, escuelas y espacios aptos para zapatear y  desenvolverse con total libertad y, con la elegancia que lo caracteriza, para trasladarse a un reducido espacio dentro de nuestras casas y a las diferentes plataformas que la tecnología y la red nos ofrecen, todo con tal de no abandonar aquello que es, más que parte de nuestra rutina, parte de nosotras mismas.

Nadie imaginaba que nuestras presentaciones y entrenamientos presenciales de los primeros meses del año, serían los últimos antes de habilitar un espacio dentro de nuestros hogares con tablas para zapatear; apartado de los demás parientes o personas con las que vivimos, para no interrumpir sus actividades, ni ellos las de nosotras y además, que cuente con las herramientas digitales necesarias y en buen estado, es decir con posibilidad de encender cámara y micrófono, para conectarnos una vez por semana. Los vídeos como forma de corregir y perfeccionar los pasos o ejercicios aprendidos durante las reuniones virtuales de dos horas por Zoom, han sido las vías o modo de llevar a cabo y recibir nuestro respectivo entrenamiento y práctica, tal vez no de la manera que quisiéramos, pero al menos, sí de manera que no se pierda la disciplina, técnica y gusto que durante años hemos ido cultivando.

Parte del reto también ha sido el fortalecimiento de nuestra autonomía, responsabilidad y constancia, pues el gusto por el baile puede en algún momento no ser motor y motivo suficiente para atender y asistir a todas las reuniones virtuales, enviar constantemente vídeos de nuestro avance a nuestra entrenadora y practicar o reforzar de forma individual aquello que con anterioridad se ha aprendido. Esta nueva modalidad nos ha retado a demostrar que verdaderamente nos gusta bailar y que ese mismo gusto, combinado y complementado con la práctica de valores, hace posible adaptarnos a cualquier modalidad y espacio.

“Cuando bailas puedes disfrutar el lujo de ser tú mismo”

-Paulo Coelho

Por otro lado, el esfuerzo por adaptarnos y continuar bailando, también nos ha dado la oportunidad, no solo de buscar una forma sana y productiva de vivir nuestros días de encierro, sino que también de encontrar y disfrutar de un espacio en esta nueva rutina para ser nosotras mismas y expresar de alguna manera cómo nos sentimos.

Aunque hasta ahora ha resultado muy difícil y un poco desmotivante la cancelación de muchas presentaciones, ensayos y planes, además de la falta de convivencia con las demás personas que comparten con nosotras  la misma pasión y gusto por el flamenco, la falta de espacio personalizado y especial para bailar y expresarnos y, hasta la difícil fluidez del entrenamiento por falta de conexión efectiva a la red; la búsqueda de planes y metodologías alternas para continuar y hacerle frente a la realidad que bailaoras y bailarines enfrentamos, puede verse como una fuente de esperanza y motivación para seguir dando lo mejor de cada uno de nosotros, para algún día subir nuevamente a un escenario y demostrar que aquello que pudo ser una realidad y obstáculo imposible, nosotros lo vimos como un reto que nos motivó a desarrollar y perfeccionar nuestras aptitudes y nos hizo brillar más que nunca, pues estamos logrando una auto superación por medio de lo que amamos hacer.

Ningún obstáculo es imposible de superar si hay creatividad, disposición y pasión. Hagamos lo que nos apasiona, para superar y mejorar nuestra realidad y no que la realidad sea la que nos prive de hacerlo.

Espero con ansias el día que todos los que amamos bailar y expresarnos por medio del arte de la danza, podamos nuevamente experimentar junto a los que comparten con nosotros la misma pasión, lo que solo en un escenario se puede experimentar. Mientras,  aprovechemos el tiempo de espera para aprender a ser mejores en esto que nos  gusta y es parte de nosotros para que cuando ese día llegue… el escenario sienta cuanto lo extrañamos.

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