By David Molina
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A medida que los países económicamente poderosos se plantean la posibilidad de reforzar con una dosis extra el esquema de vacunación actual o bien, ya se encuentran aplicando los famosos “Boosters”, se está haciendo un llamado a sus habitantes, comunidades y autoridades locales de salud pública a despertar ante la creciente problemática de desigualdad en la distribución de vacunas en el mundo y sus devastadoras consecuencias. Este es el momento de la pandemia en que todos los seres humanos debemos responder  a la siguiente pregunta: 

¿Estamos dispuestos, como especie, a proteger a toda la humanidad, o nos vamos a preocupar solo por tratar de proteger y priorizar la vida de unos pocos, especialmente aquellos que viven en los países con las capacidades económicas más elevadas? 

¿Falta de ética o nula voluntad?

Incluso antes de que las vacunas fueran aprobadas para su comercialización, los países económicamente favorecidos hicieron compras anticipadas de muchas más dosis de las que en realidad necesitaban, para satisfacer las necesidades de su población, relegando a los países económicamente desfavorecidos a los últimos lugares de la lista de espera. Se sabe bien que nueve meses después de que salieran las primeras vacunas al mercado, menos del 20% de las personas que habitan países de bajos y medios bajos ingresos, habían recibido la primera dosis del esquema de vacunación, lo que contrasta con el 80% de cobertura en países de altos y medios altos ingresos. 

 
Según algunas de las más recientes estimaciones, indican que incluso si los países ricos empiezan a aplicar vacunas de refuerzo, estos seguirán teniendo un acumulado total de más de mil millones de dosis sobrantes para finales del año 2021. Pero que existan dosis sobrantes no necesariamente significa que esas dosis se compartan o lleguen a tiempo para quienes verdaderamente las necesitan.

La Organización Mundial de la Salud (OMS), ha pedido una moratoria sobre la aplicación de refuerzos (tercera dosis para aquellas con esquema doble y segunda para las que requieren una sola aplicación), para poder garantizar que el suministro de vacunas que tienen la capacidad de salvar vidas pueda dirigirse a los países de bajos ingresos donde las poblaciones vulnerables las necesitan urgentemente. En ese sentido se ha pedido realizar un esfuerzo colectivo mundial para vacunar al menos:

  • 10% de la población de cada país para septiembre, meta que no pudo ser  alcanzada por 56 países, principalmente los más excluidos del mercado mundial de vacunas y la mayoría de ellos, pertenecientes a África.
  • 40% para finales del año 2,021 y 70% para mediados del año 2,022 metas en las que ya se pronostica que sean más los países que corran el riesgo de incumplir con los objetivos planteados por la OMS.

 

¿Son los refuerzos necesarios en este momento?

Este es el dilema que se plantean los países que tienen la suerte de ya haber vacunado a la mayor parte de su población adulta. Los dos principales argumentos que tratan de sustentar la aplicación de más dosis en personas que ya han sido completamente vacunadas son: 

El aumento de cifras de infección causadas por la variante Delta y los indicios de que la inmunidad provocada por las vacunas podría desvanecer con el tiempo.

Respecto a este tema la comunidad científica expone que los argumentos a favor de los refuerzos de la vacuna COVID-19 en este momento son todavía débiles y se necesita de más tiempo e investigación para poder entender la efectividad de las vacunas a largo plazo. 

Actualmente los refuerzos pueden no ser necesarios para la mayoría de personas que ya han sido vacunadas (aunque es posible que en el futuro todos las volvamos a necesitar) y solo se están desviando dosis que podrían ir hacia las personas que verdaderamente las necesitan.

 

Inequidades en la distribución de vacunas

Con la actual producción mundial de vacunas en el mundo (1,6 mil millones de dosis por mes), hay suficientes suministros para lograr los objetivos de vacunación que plantea la Organización Mundial de la Salud, siempre y cuando estas se distribuyan de manera equitativa. 

En esencia el problema de cobertura ya no radica solo en si existe suficiente cantidad de vacunas para inmunizar a la población de cada país, sino hacia donde se están asignando los recursos disponibles.

Permitir que el virus SARS-COV2  se siga extendiendo en países de bajos ingresos, está provocando la muerte innecesaria de millones de personas y complicaciones a largo plazo por padecer COVID-19.  Además, el aumento de los niveles de virus circulante en estas regiones será un factor desencadenante en la evolución de nuevas variantes que podrían ser aún más transmisibles que la variante Delta, más mortales o capaces de evadir la respuesta inmunitaria lo que representaría nuevos retos para la salud pública global y un despropósito para los países que cuentan ya con la gran mayoría de su población completamente vacunada.

 

Si las vacunas no fuesen escasas en el mundo, hablar de la aplicación de refuerzos sería un tema menos controversial. Pero en un mundo donde cada día se administran 6 veces más dosis de refuerzo en países ricos que primeras dosis en países de bajos ingresos,  la idea de centrar esfuerzos en aplicar vacunas a personas que ya se encuentran protegidas y completamente vacunadas, es en efecto, una miopía ética, científica y moral que no permite ponerle fin a esta pandemia.

About the Author

Estudiante de Medicina (Universidad de San Carlos de Guatemala) entre mis intereses se encuentra: la Salud Publica, Legislación sanitaria internacional, Epidemiologia y la coyuntura nacional e internacional en materia de Salud.

Comprometido con un nuevo modelo de salud que involucre la salud humana, sanidad animal y la preservación del medio ambiente que compartimos todos (One Health)

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