By Luis Ernesto Morales
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Fuego. Probablemente lo que necesitábamos para iluminar nuestro oscuro presente. Tanto fuego, que su luz ha sido vista por todo un planeta. Lo que nos ha hecho darnos cuenta de una realidad que no queremos ver pero, por mucho que pasa cada día, es aún más difícil de ignorar. El fuego que hace desaparecer la ceguera y nos permite ver nuestro alrededor. Tristemente el abrir los ojos y ver la realidad tampoco es algo placentero. La verdad nos hará libres, pero antes de liberarnos nos empatará.

Porque lo que está pasando en el Amazonas es solo uno de muchos desastres. Incendios en las Islas Canarias, en el Ártico, e incluso en las selvas peteneras pueden ser menos conocidos y de menor magnitud, pero no dejan de ser manifestaciones del mismo problema. Los glaciares desaparecen diariamente, los ríos y océanos se tragan nuestros desperdicios y cada día hay más especies al borde de la extinción. Aún no hemos visto que el nudo que atamos está en nuestro cuello. Quizás los incendios sirven como una señal de fuego, una llamada de auxilio. Podemos esperar que el planeta se salve a sí mismo pero, puede que eso nunca suceda o que al menos no suceda mientras estemos aquí.

Hay muchos que quieren ver el mundo arder. El hombre siempre ha sido pirómano. La posibilidad de ganar dinero supera la posibilidad de tener aire fresco. Así piensa el ser humano, el ser más y menos evolucionado ala la vez. Quizás la ficción nos ha hecho pensar que podemos sobrevivir el apocalipsis que se asome, tal vez, eso es lo que queremos llegar a vivir, solamente para verlo. Claro, siempre hay lugar para la esperanza de revertir lo que nosotros mismos ocasionamos. Ahora mismo hay una niña sueca, Greta Thunberg, navegando hacia Estados Unidos para hablar justamente lo que los adultos no quieren, la verdad incómoda. La juventud sí es el futuro.

Greta es la personificación de la lucha contra el cambio climático, un movimiento que con ella, al fin encontró una cabeza a la cual seguir. El activismo de los jóvenes es necesario y deseado para hacer el problema visible. Porque mucho de lo que ocurre no es tan visible, temible y tan posicionado en medios de información como los incendios en el Amazonas. Son variadas las formas por las cuales los humanos creamos las causas del cambio climático, por lo tanto, son muchas las acciones que tenemos que tomar para contrarrestar lo que hemos causado. Las emisiones de carbono, el plástico, los químicos, la deforestación, etc. Son diversos los frentes que debemos afrontar al mismo tiempo.

La solución no es fácil porque no es sólo una. Los cambios necesarios empiezan desde lo individual hasta la escala mundial. Dejar a un lado nuestra comodidad y antipatía por lo que nos mantiene con vida es el primer paso. Llevar a cabo los pequeños cambios hacia reformas en nuestros sistemas sociales, políticos y económicos; es allí donde nos enfrentaremos con los verdaderos pirómanos. Si no empezamos ahora que ya es evidente lo que ocurre, pasaremos a un punto sin retorno del cual no sabemos ni qué esperar. Es mejor hacer lo difícil ahora, que intentar lo imposible después.

 

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