By Brújula
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Ana Raquel Aquino/ Opinión /

Votar es aprobar este asco de sistema

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“La baraja la tienen ellos y las cartas marcadas también.” 

José Saramago, Ensayo sobre la lucidez

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Ir a votar porque “hay que” hacerlo. Ir a votar para que “no quede el menos peor”. Ir a votar porque “no hay de otra”. Ir a votar por el que “mejor me parece en la primera vuelta” pero “en contra de alguien más” en la segunda. Ir a votar porque “el voto nulo no cuenta”. Ir a votar por votar, sin interés, es irresponsabilidad.

Regresemos un poco a la teoría aburrida en materia electoral. En un estado democrático una de las características básicas es la competencia por el poder y esta debe ser una lucha libre, pacífica, periódica y abierta. Ante la utopía y lo complicado de una democracia directa, el sufragio -del latín sufraggium que significa ayuda o auxilio- es la “ayuda” que proveemos los ciudadanos al estado para que este se constituya. Sin personas designadas a cargos públicos no tenemos a quién realice el funcionamiento estatal.

A través del voto nosotros los ciudadanos ejercemos nuestro derecho constitucional de elegir del menú o combo de opciones políticas. Aquí es donde juega un rol preponderante la ideología que cada quien tenga y los partidos políticos.

El sufragio no es solo un deber o una función. El sufragio es un derecho basado en la soberanía popular, esto se entiende como que cada quien tiene una fracción o parte de la soberanía, la cual nos corresponde por ser ciudadanos. Se dice que el voto es un derecho pre estatal o anterior al estado mismo y es que el sufragio es innato a la personalidad. Rousseau decía que el derecho a votar se deriva de la cualidad de ser ciudadano.

En la vida siempre tenemos distintos caminos para escoger, múltiples opciones. Votar es una obligación pero también es una postura, es una decisión. El derecho a voto es una facultad personal que tiene el ciudadano en un estado democrático. Votar es una libertad así que abstenerse a no hacerlo también lo es.

“El abstencionismo electoral se enmarca en el fenómeno más amplio

de la apatía participativa, es un indicador de la participación…[1]

Si ejercer ciudadanía es cuestionar el sistema, ¿quién en estas condiciones iría a votar? ¿quién acepta esta farsa de elección? ¿quién está de acuerdo con que la mayoría de funcionarios públicos electos quieran reelegirse? Si ellos nos tienen cómo estamos, ¿por qué votar por los mismos? Votar sobre la cara de alguno de estos individuos es como autorecetarse la misma bacteria de la que ya estamos enfermos.

Votar en estas condiciones es avalar el sistema. Es aceptar un sistema que no funciona.

Y sí, entiendo todos los peros que devienen de estas afirmaciones pero es que en la teoría -en la bellísima teoría idealista-, votar es aceptar nuestra situación política; es decir sí a un par de candidatos con proceso penal pendiente; es marcar con una X en el símbolo de partidos políticos que han excedido el techo presupuestario; es darle la mano para que lleguen al poder (y puedan dirigir el país) personas mentirosas, farsantes, dueñas de medios de comunicación que manipulan y desinforman al pueblo; es abrazar a los contratistas y sus negocios espurios que responden a intereses personales y a la oligarquía; es matarse de sida o de cáncer, como dicen por allí.

Si vas a votar que no sea con la misma idea. Votar en estas condiciones es un mero ritual.

Le hago un copy-paste legal a las palabras del Dr. Manuel Villacorta[2]:

“Lo resumo en dos aspectos. Si yo no acudo a los centros de votación, estoy enviando un mensaje clarísimo: no creo en absoluto en ese sarcástico ritual electoral. Si yo acudo a los centros de votación, voto por algún candidato o voto nulo, estoy enviando el mensaje de que sí creo en el proceso electoral. Si voto por algún candidato demostraré que creo y acepto el modelo político de Guatemala. Si votase nulo, estaría expresando que soy un ciudadano consecuente con la liturgia electoral, pero al no haber un candidato idóneo, prefiero darle un valor cero a mi voto. Quien crea que este sistema aun funciona y pueda rescatarse, entonces tiene dos opciones: votar por un candidato o votar nulo. Es una decisión muy personal. Yo la respeto.”

Si no nos gusta este sistema no podemos pretender cambiarlo a puro cartel de protesta. El sistema se creó y asentó en más de un día, pretendamos modificarlo en un tiempo prudente también. Ahora que la ciudadanía está un poco más organizada y que ciertos sectores están dispuestos a dialogar entre sí para ver cómo se pueden unificar en contra de la corrupción, estamos frente a nuevos horizontes en nuestra era democrática.

Si somos libres para elegir también somos libres para dejar de hacerlo. No hay por qué apenarse o ser discriminado por no querer votar. El abstencionismo no debe ser condenado. No votar es una opción y está allí para quien la quiera tomar. En la práctica y actualmente, no ir a votar se resume en otro par de afirmaciones como: dejar que los otros elijan por mí; dejar la papeleta en blanco puede ser un peligro en nuestro sistema; que Baldizón, Jimmy y las doñitas junto a la compañía ilimitada, ganen. Pero gane quien gane, si se abstiene de votar por las razones correctas y conscientes, no estará afirmando este asco de sistema.

Yo quiero poder ir a votar un día por candidatos de los que esté convencida de su trayectoria política, de su honestidad y capacidad. Este ensayo es parte de un “debate virtual” entre columnistas de Brújula (#DebateBrújula). Me tocó defender el abstencionismo y estoy convencida de esta postura, creo que el abstencionismo es una postura respetable aún más en estas condiciones ya que su validez ha cobrado -gracias a la coyuntura- vigencia. Tal vez ya es hora de pensar en promover el abstencionismo coordinado.

Marcar con una X sobre la cara de alguien es decir sí a él, sus intereses, sus políticas y su financiamiento de campaña. Es decir sí a la carreta que viene jalando. Si va a votar hágalo consciente de que está aceptando y consolidando el mismo sistema que nos tiene manifestando, el sistema que genera descontento generalizado.

Recordemos algo básico, solo porque alguien dice que es fiel no significa que lo sea (ojo, aplica para las parejas). Que los candidatos se jacten de respetar la Constitución, ser transparentes y jurar fervor democrático no significa que sea cierto. Caras vemos, financistas no sabemos. El abstencionismo es parte del combo de opciones porque decir no también es alternativa; disentir es democracia.

Recordemos que Cara Dura y Baldetti fueron alguna vez caras impresas en papeletas… esperando nuestra X.

*Esta columna recibió respuesta por parte de Luis Arturo Palmieri con ¿Abstenerme de votar? ¡Jamás!


[1] Ensayo sobre el Abstencionismo electoral, IIDH, Costa Rica.  Enlace: http://www.iidh.ed.cr/comunidades/redelectoral/docs/red_diccionario/abstencionismo.htm

[2] Seis razones para no ir a votar, Manuel Villacorta, Columna publicada en el periódico Siglo XXI el 21 de agosto de 2015: http://www.s21.com.gt/or-jojma/2015/08/21/seis-razones-para-no-votar

 

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5 Comments
 
  1. Avatar
    Guicho / 01/09/2015 at 17:22 /Responder

    Ana Raquel. YO estoy igual que tu: “para que Votar” por este monton de transeros, corruptos, mentirosos, aprovechados, Pero, Pero…. es necesario Votar ya que al No hacerlo se da aportunidad al que menos deseas que vaya a la segunda vuelta. saludos

  2. Avatar
    Juan Fernando Ortíz / 01/09/2015 at 21:36 /Responder

    Me parece muy interesante y apasionado este artículo que escribiste. Comparto en un 99% el sentimiento y el enfoque, PERO existe siempre al final una pregunta que todo ciudadano debería hacerse: ¿Cómo, dentro del actual sistema, cuenta, cambia o afecta mi voto nulo o mi abstencionismo para cambiar o construir la estructura política que deseo?

    A pesar de los pesares, y cuando digo esto es porque comparto el ASCO POR EL ACTUAL SISTEMA Y LA ESCASEZ DE OPCIONES, debemos caminar modificando lenta pero firmemente el sistema mismo hasta llevarlo a donde queremos.

    Me parece que por apáticos y desolados que nos sintamos, las tales elecciones tocan; por mi que no, pero tocan y ¿qué le vamos a hacer?. Esto es un planteamiento un poco Coloquial pero voy a que es peor no hacer nada. No votar o votar nulo es no hacer nada.

    Yo votaré, no tan convencido como quisiera y debiera pero después de eso y de estos últimos eventos: Quien quede sabe que lidia con una Guatemala diferente, despierta, crítica, exigente y unida. Hemos sentado un precedente.

    No pareciera, pero este primer paso que ya hemos dado, fue de gigante.

    Entiendo y respeto el derecho que todos tienen a decidir si votar o no, o si quieren votar nulo; pero no le veo valor, función, provecho o impacto para moldear nuestro actual sistema o crear uno nuevo.

    Tocará, más adelante, modificar el sistema para que los votos nulos y el abstencionismo sean incluidos e impacten de manera contundente en las futuras elecciones. Creo que Sí importan, que si tienen valor, representatividad y que nos dicen mucho.

    Quizás estas desabridas elecciones son otro paso más que deberemos dar en el empedrado camino a construir una gran nación. Participemos.

  3. Avatar
    Juanca Estrada / 02/09/2015 at 16:26 /Responder

    Buen artículo, exponés de forma clara el abstencionismo y comprendo totalmente tu punto de vista. Aun así personalmente pienso que debemos ser conscientes de la realidad social, de que así como tu dijiste que llevaría tiempo reorganizar al país, así mismo pudiésemos esperar demasiado para que el sistema cambie. Y mientras tanto, aunque realmente no te quedés con los brazos cruzados porque ya definiste tu postura, tu voto es uno más del montón que van dirigidos al cabecilla de las encuestas, que en este caso no es para nada bueno.

    Por aparte considero que lo macabro no es esencialmente el sistema si no más bien las opciones que este presenta, los candidatos. La mayoría son una lacra pero aún así no podemos generalizar, considero que ninguna persona puede llegar a conocer realmente a fondo al “montón” de candidatos a las distintas plazas de Guatemala que se presentan.

    Opinión personal.

  4. Avatar
    DIANA ROCA / 02/09/2015 at 19:05 /Responder

    Estoy de acuerdo contigo, publique este artículo en mi muro de facebook y se volvió una controversia… el comentario que más me indigno “si no votas, luego no alegues”

  5. Avatar
    Carlos / 08/09/2015 at 16:28 /Responder

    Entiendo el punto de vista desde el ejercicio de un debate. Tomando en cuenta que este artículo tuvo una respuesta con una opinion contraria. Sin embargo, dejó de lado una razón que podría justificar el no ir a votar (a estas alturas, en la segunda vuelta).

    Debemos empezar por reconocer que estadísticamente, el que una persona individual decida no votar, o bien, dar su voto por cualquiera de los candidatos, no tiene ningún peso sobre el resultado final de la elección. Por ejemplo, en la primera vuelta se emitieron alrededor de 5 millones 300 mil votos. La diferencia porcentual de un voto adicional es de 0.00000018%. Lo importante es la tendencia, no el voto individual.

    Es como si en dos cucharadas de azúcar que ponemos al cafe, un grano cae sobre la porcelana. Nadie pensaría que ese grano haría diferencia en el sabor final.

    Tomando en cuenta esta premisa, podemos pasar a considerar el costo de oportunidad de ir a votar. El emitir el voto tiene un costo: gasolina para los vehículos privados, transporte publico gratuito, parqueo, etc. Pero adicional a esto, la población que trabaja en la economía informal puede sacar mucho provecho de un domingo con tanta actividad económica.

    Almuerzos, puestos de comida alrededor de los centros de votación, cuidadores de carros. Todas actividades que darán a la persona un mejor ingreso que ir a votar. ¿voy a votar o pongo mi puesto de shukos?

    Por cierto, yo si fui a votar.

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