By Brújula
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La paternidad y la maternidad están definidos por el hecho de ser padre y madre. Esta relación genera una serie de obligaciones y derechos que son asignados según la legislación de cada país. En este artículo de opinión, me centraré sobre la desigualdad del permiso de maternidad y el parental en Guatemala; reflejo de una sociedad machista que busca reforzar dichas estructuras sociales. Un tema tan relevante que se invisibiliza a simple vista de los valores socialmente asignados, los roles de género y que debemos empezar a cuestionar.

Si bien es cierto que los cambios y adopción de nuevas formas de comprender el mundo implican un cambio lento en la cultura, es importante empezar a sensibilizar sobre el tema y su importancia para llegar a realizar cambios en la manera en cómo se encuentra regulada.

Partiendo de la noción que una hija o un hijo es responsabilidad de ambos progenitores, esto debiera reflejarse en la igualdad de derechos.

En términos jurídicos sobre políticas de permiso parental, esto se ve de manera grotesca comparado con la maternidad. En nuestro país, el padre tiene derecho únicamente a DOS días hábiles de permiso laboral para acompañar al recién nacido; a eso se traduce la paternidad. Mientras que la madre tiene un total de 12 semanas (84 días) distribuidas en el período pre y post natal[1]. Asignando a la madre, el papel exclusivo en la crianza y cuidado del niño desde su llegada al mundo. ¿Y el padre? ¿Acaso, él no tiene igual de derecho en cuidar a su hija/o?

Conversándolo con varios compañeros, nos dimos cuenta que no era un tema sensible entre nosotros. La mayoría estaba de acuerdo e incluso mostraban interés en una licencia paternal más prolongada para poder cuidar a sus futuros hijos. A nadie le pareció una idea desfasada, por el contrario, sino bastante coherente en el camino hacia la igualdad de derechos entre hombres y mujeres. Claro, amigos de 24-30 años, universitarios y profesionales. Probablemente, la fácil aceptación fue algo muy generacional. Sin embargo, creo que el tema se debe hablar y dar a conocer en general ya que no porque esté socialmente aceptado, es correcto.

En países más desarrollados, esto se ha discutido y se ha consensuado dando lugar al derecho del padre y a la importancia que tiene en el desarrollo del niño. Uno de esos ejemplos, es el de Dinamarca, donde la licencia de maternidad es de 18 semanas y de paternidad 2 semanas. Adicional, tienen 32 semanas en las que se alternan los progenitores según les sea más conveniente para un total de 52 semanas de permiso; parecidos son el caso de Noruega, Bélgica y Hungría, que están entre los diez países con las mejores políticas de licencia parental, según el Business Insider.

Sobre la regulación en el mundo, se puede consultar el informe de la Organización Internacional del Trabajo -OIT- “La Maternidad y la Paternidad en el trabajo: la legislación y práctica en el mundo”. Que resalta lo beneficioso que es la licencia de paternidad para la igualdad de género en el hogar y en el trabajo, así como para contrarrestar los estereotipos sociales sobre los roles de género. La OIT promueve la conciliación de la vida laboral y la familiar tanto para mujeres como para hombres. Ante ello, ha realizado recomendaciones para equilibrar las responsabilidades del hogar y crear incentivos laborales para la participación del hombre en las licencias parentales del cuidado infantil.

Claro está que la paternidad es un concepto más amplio que el cuidado alrededor del nacimiento. Va más allá, pero por algo debemos iniciar.

También, quizá es muy idealista comparar a Guatemala con países de Economías Desarrolladas, pero sirve para tener un parámetro y saber si algo es posible; y que podemos buscar extender los dos días a dos semanas, por mencionar.

Incluso, se rompe con la discriminación del empleo a la mujer por la eventualidad de la “maternidad” si los hombres también tienen su tiempo de paternidad.

Los principales de estar en contra, seguramente, serán la mayoría de empresas y sus gremios, porque al final extender el tiempo de ausencia por licencia parental significaría reducir el tiempo de producción del trabajador. Además, uno de los retos más grandes a afrontar, sería la cultura machista en que los mismos hombres rechacen el permiso por tratarse de un rol asignado a la mujer; por lo que creo que es importante sensibilizar sobre el tema, empezar a debatirlo y en caso de una legislación buscar incentivos para optar por la licencia parental.

Un tema complejo y con desafíos que vale la pena empezar a discutir, por la igualdad en derechos y los beneficios que brinda a la sociedad; y que algún día conlleve a ver la reforma al código de trabajo en nuestro país.

[1] Aunque la OIT en el Convenio 183 establece un mínimo de 14 semanas (98 días) para la licencia de maternidad.

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