By Gabriela Sosa
Posted: Updated:
0 Comments

Gabriela Sosa Febrero 1

Gabriela Sosa / Opinión /

Hace unos años en el aeropuerto de Costa Rica, tras hacer fila para comprar un par de chocolates, al llegar al mostrador y antes de si quiera poder decir buenos días, el cajero preguntó seriamente: Do you speak Spanish? [¿Habla español?]. Estaba tan sorprendida que me tardé unos minutos antes de responder claro y continuar la transacción en español. El cajero sólo sonrió. Nunca le pregunté por qué había asumido que no y no había pensado en el incidente desde hace tiempo, hasta que recientemente leía ‘Ser como ellos’ de Eduardo Galeano.

El autor uruguayo habla en este corto libro acerca de la forma que los latinoamericanos hemos adoptado costumbres y estilos de vida estadounidenses o europeas. Más que adoptado, utiliza el término “copiado”. A base de ejemplos, empezando desde la época de la conquista hasta nuestros días, Galeano recorre brevemente la historia de América Latina comentando cómo cada vez más nos alejamos de las tradiciones propias para dar lugar a las estadounidenses, cómo es casi un orgullo parecerse a los estadounidenses, lo más que nos alejamos y cómo hacemos de lado a los indígenas y nativos de nuestros países. Desde el idioma, hasta la comida, ropa, sistemas de gobierno que benefician a Estados Unidos y formas de comportarnos.

Personalmente, creo que cada quien tiene derecho a adoptar las prácticas que desee, sin embargo sí surge la interrogante, ¿y cuál es nuestra identidad como latinoamericanos?

Me veo en el espejo ahora y observo una cara indudablemente blanca con cabello castaño y ondulado. Para mí no es nada especial, a fin de cuentas siempre ha sido mi cara. No obstante, me pregunto si esa fue la razón por la cual aquel cajero asumió que no hablaba español, que no era de Latinoamérica. Nunca he entendido eso que un color de piel es más importante que otro, nunca vi la diferencia. Para mí todos eran y son personas, todos iguales. Sin embargo, me pregunto si mi vida habría sido más difícil de ser mi tez morena. La respuesta incómoda, mas lamentablemente certera, es que sí.

La mayoría de nosotros no se consideraría racista, yo ciertamente nunca me he visto así, mas mi inhabilidad para asumir que las cosas me han sido más fáciles por el tipo de piel que tengo en cierta forma lo es. Porque a fin de cuentas es una forma de indeferencia, y la indiferencia también conlleva racismo. Esa indeferencia ante los abusos y humillaciones que han sufrido (y siguen sufriendo, vaya que los siguen sufriendo) los indígenas, esa falta de comprensión al por qué su estilo de vida es tan diferente, con tantas carencias y unos niveles inhumanos de pobreza, también era racismo. No es el tipo de racismo consciente, en el que se les insulta y hace a un lado, pero sí el tipo en el que simplemente no ponemos atención a las condiciones precarias en las que viven.

Me gustaría pensar que tras cinco años de universidad, por la carrera que estudié, de leer y escribir para Brújula, de poner más atención a las noticias; tras todo este tiempo, me gustaría pensar que he logrado entenderlo, que he logrado ver que el racismo es aún bastante palpable en nuestro país. A decir verdad en todos nuestros países latinoamericanos, pero especialmente en Guatemala, donde en realidad muy pocos admitirían sentirse orgullos de haber nacido aquí. Conozco a muchos, incluso yo misma lo he pensado algunas veces, que desearían haber nacido en otro lado, o al menos irse a vivir a otro lado, porque no hay nada aquí para mí. Piénsenlo, antes del 27A, ¿cuántas veces han dicho fuerte y con sentimiento que se sentían orgullos de Guatemala? Nos enseñan en himno en el colegio, pero llega el 15 de septiembre y lo que la mayoría piensa es que tendremos un día libre del colegio, universidad y algunos del trabajo. Los que participan en las marchas y llevan las antorchas, muchas veces lo hacen por amor a la música, deporte o por los puntos que valen tales actividades, mas pocos lo hacen por amor a Guatemala. Veamos en cambio a los estadounidenses el 4 de julio, nunca he visto a un pueblo tan orgulloso de su país como ellos (incluso demasiado y peligrosamente orgullosos, sí, te estamos viendo Trump). En cambio nosotros… a nosotros nos da igual. El 20 de octubre sucede lo mismo.

Se ha vuelto moda portar carteras y zapatos con telas típicas, porque en realidad son hermosas, ¿pero cuántos de nosotros realmente sabemos qué significan los colores?

Yo confieso que no. Antes los colores significaban algo, eran un símbolo de la región a la que pertenecían. En muchos lugares aún lo son, pero nosotros aquí en la ciudad los usamos por moda, porque se han comercializado, porque los extranjeros las compran y entonces queremos ser como ellos, e impresionarlos porque de hecho nacimos en el país en el que se manufacturan. De repente nos volvimos orgullosos de donde nacimos, pero no lo hicimos por nosotros ni por Guatemala, sino por el qué dirán, para vernos como ellos e impresionarlos.

¿Cuántos de nosotros conocemos idiomas mayas? ¿Sabemos al menos distinguirlos entre sí? ¿Cuántos de nosotros sabemos a qué regiones pertenece cada idioma? ¿Cuántos de nosotros hemos tratado de imaginar lo que habrá sido vivir en esa época y de repente ver tus tierras invadidas y tu gente abusada? O peor aún, ¿imaginarnos lo que es vivirlo aún hoy en día?

Y al final, ¿entonces qué significa ser guatemalteco? ¿Qué significa ser latinoamericano? Acorde a la RAE latinoamericano significa ser perteneciente a Latinoamérica y ser guatemalteco, valga la redundancia, natural o perteneciente a Guatemala.

Pero, ¿eso significa solamente haber nacido en esta región o significa algo más?

[quote]

El sistema desprecia lo que ignora, porque ignora lo que teme conocer. El racismo es también una máscara del miedo.

Eduardo Galeano

[/quote]

Imagen

About the Author

Humana, estudiante de la vida, graduada arrepentida de Psicología, librera indecisa, lectora, adicta al café y sirviente de tres gatos. Persiguiendo palabras.

Related Posts

En Guatemala, cuando una persona decide comprar un terreno, tiene que ir a la municipalidad...

La Universidad de San Carlos de Guatemala, la única universidad pública del país, ha sido...

El primero de los 17 Objetivos de Desarrollo Sostenible es el “fin de la pobreza”, esto propone...

Leave a Reply