happyppy

Giovanna Saenz/ Opinión/

Realizar buenas acciones es la mejor forma de compartir la felicidad, hacer favores y ayudar a las demás personas demuestra interés y es un fenómeno que se contagia. Es un reto trasladar alegría con barreras tales como la tecnología, la globalización y el tiempo. Las sonrisas se contagian de persona a persona y esparcen la felicidad de forma impresionante.

La felicidad se encuentra en la vida diaria, en pequeños detalles y momentos como disfrutar de las cosas que nos gustan, o convivir con la familia y amigos. Pero también en realizar acciones como ayudar a quienes lo necesiten, desearle un buen día a alguien o simplemente sonreírle a algún extraño en la calle.

Considero que realizar buenas acciones por otras personas es la mejor forma de compartir felicidad, pues es un círculo que se repite: si yo hago un favor a alguien, ese individuo se siente agradecido y hace algo bueno por alguien más y así consecutivamente.

Con la globalización que estamos viviendo, nos hemos acostumbrado a vivir aceleradamente y siempre tendemos a estar ocupados. Muchas veces usamos esto como excusa para no hacer favores, decimos que no podemos estar perdiendo el tiempo. Pero el realizar estas pequeñas acciones no toman mucho, es tener la voluntad de hacerlo.

Hay otro tipo de acciones que sí toman más tiempo, como convivir con discapacitados, niños huérfanos, ancianos en asilos o momentos más espontáneos como convivir con la familia o escuchar a un amigo cuando lo necesite. A mí me parece que este tipo de detalles no son un desperdicio, sino una inversión, pues con ellos se cultivan y fomentan lazos que dejan como consecuencia contagiar la felicidad.

Otro factor que es una barrera para esparcir alegría, es el avance que ha habido en la tecnología.

La tecnología es maravillosa y muy útil, nos simplifica la vida; sin embargo, hay personas que no saben utilizarla y simplemente pierden el sentido de la vida, de todo lo que nos rodea por estar demasiado tiempo inmersos en los juegos, internet y redes sociales. Debemos aprender a distribuir las prioridades, para que el uso de la tecnología sea una herramienta y no una distracción. Se puede encontrar más información de complemento en el siguiente artículo.

En un estudio con adultos de distintas edades, se encontró que estos tenían la tendencia a imitar las expresiones de las personas a su alrededor; en otras palabras, las caras tristes producían más caras tristes y las caras sonrientes, sonrisas y felicidad (Lundqvist y Dimberg 1995). Así pues, un hecho tan sencillo como sonreírle a algún extraño puede alegrarle el día a una persona, o decir un “buenos días” es probable que llegue a animar a un conocido. También preguntarle cómo se encuentra a un familiar o amigo puede cambiar su mal humor pues es una demostración de aprecio.

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