By Alanon
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El primer día que entre a Al-Anon me sentí en el campo del enemigo en mi opinión, yo no era en absoluto como esa gente. En primer lugar, no estaba ni había estado nunca casada con una alcohólico, ni tampoco crecí rodeada de alcohólicos. Durante más de 26 años, no tuve motivos para sospechar que tenía parientes alcohólicos. Pero, después de la muerte de mi padre, mi madre se derrumbó y se “puso a tomar”.

Al recordar, eran visibles todos los indicios de la predisposición al alcohol que tenía mi mamá pero que yo simplemente no los vi. Mi madre bebía un vaso de vino de vez en cuando sin efectos negativos aparentes.

No se veía obligada a beber un trago tras otro, ni demostraba tampoco un cambio en su comportamiento o personalidad. No puedo precisar ningún maltrato o negligencia en mi pasado, ni serias distorsiones de la realidad.

Mi mamá era una mujer cariñosa y amable, y aunque tenía sus faltas y malos hábitos, no creo que estuviera más enferma que cualquier otra persona. Papá y mamá siempre gozaron de un matrimonio íntimo y afectuoso.

Tuve la suerte al final de encontrar exactamente lo que necesitaba en Al-Anon, pese a que me llevó un gran tiempo comprenderlo. Al principio, cada vez que se referían al alcohólico de sus vidas, pensaba que hablaban de mi mamá.

Si no hubiera estado desgarrada de preocupación por mi madre, me habría ido para no volver jamás.  Pero no sabía a dónde más dirigirme, un miembro afectuoso me sugirió que no abandonara el grupo, que por lo menos estuviera en nueve sesiones para poder así tomar una decisión, me trataron con respeto y calidez, lo que me hizo sospechar que era mis actitudes las que causaban mi malestar.

Desarrollé una gran culpa y temor constantes por el bienestar de mi mamá. Sentía que debía protegerla, tanto así que mi vida se había convertido en un desastre. Mis pensamientos se convirtieron en irracionales. La mera idea de que quizá fuera incapaz de ayudar a mi mamá para que dejara de beber me aterrorizó. Un miembro de Al-Anon me dijo que era natural tener miedo de los efectos de una enfermedad alarmante y poderosa en un ser querido. Luego señaló que yo había permitido que el temor se apoderara de toda mi vida. Al final aprendí que tenía opciones respecto a mis pensamientos y actitudes y esas opciones, determinaban en gran medida la calidad de vida que llevaría. Me recalcaron que era importante reconocer mis sentimientos antes que negarlos, pero luego debía tomar una decisión de cómo deseaba consumir mi energía.

Si doy a mi mente caos eso obtendré, pero si en cambio decido concentrar mi pensamiento en la Oración de la Serenidad o en un lema como “Un día a la vez” entonces puedo encontrar un poco de cordura en ellos.

Así, al adoptar decisiones sobre mis pensamientos también adopto decisiones sobre mis actitudes. Cuando mis actitudes son positivas, el mundo parece más radiante, aunque no cambie la situación.

Todo esto lo aprendí en Al-Anon, pero todavía me resulta difícil ponerlo en práctica en mi vida.  Estaba tan obsesionada con la enfermedad de mi mamá que no recordaba que tenía opciones hasta que casi enloquecí de preocupación. Mis compañeras me recordaron que existe un Poder Superior que me ayuda a tomar conciencia de lo que podía hacer el temor y la culpa, no tenía que dejar que irrumpieran en mi cabeza. Para ello, podía utilizar uno de los lemas y sustituirlos por ese pensamiento negativo que quería apoderarse de mi mente. Los lemas los encontraba fáciles de recordar y constructivos cuando pensaba en ellos. Pondrían fin a pensamientos obsesivos, los reemplazaría por uno de ellos y me sentía aliviada.

  Aunque tuve una serie de retrocesos mis pensamientos obsesivos disminuyeron y comencé a recuperar la cordura.

Finalmente me di cuenta que yo no era responsable del alcoholismo de mi mamá y de sus consecuencias. Únicamente era responsable de mí misma, de comportarme con cariño hacia mí misma y de considerar mi propio bienestar como máxima prioridad.  También era responsable de comportarme de tal manera que brindara apoyo y amor a mi mamá, pese a su enfermedad.

Descubrí que mucho de lo que ocurría alrededor mío estaba fuera de mi control.  Por eso, con el tiempo dejé de dedicar mi tiempo a intentar controlarlo todo.

Hoy, Al-Anon es fundamental para mi bienestar.  Recibo ahora el abrazo afectuoso de esta hermandad donde me tratan como una igual.  Estoy eternamente agradecida.

Alis

About the Author

Somos una hermandad formada por parientes y amigos de alcohólicos, que sentimos que nuestras vidas han sido afectadas por la forma de beber del o de los alcohólicos, que comparten experiencia, fortaleza y esperanza.
En Al-Anon perseguimos un único propósito ayudar a los familiares y amigos de los alcohólicos.
Información a los teléfonos: 2251-8949 y 2253-9637 ó alanondeguatemal@gmail.com

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