Antes de comenzar, quiero aclarar que no se es una columna que defienda las acciones del presidente o su constante aberración a la CICIG en forma de nacionalismo. Tampoco es una forma de darle al razón y tratar de sacar algo bueno de su gestión, para darle una buena imagen. La razón del titulo de la columna es porque, efectivamente, no quiero que Jimmy Morales renuncie  ya que los actores que realmente son parte fundamental del Pacto de Corruptos estarían tomando en liderazgo del país.

Yo sé que su renuncia no es un escenario muy claro en estos momentos, pero diferentes acciones y actitudes que el ejecutivo ha tomado al respecto, no permiten visualizar un panorama en el cual las cosas puedan terminar de buena manera.

El ejecutivo se ha preocupado por atacar las acciones del MP y la CICIG de manera continua, poniendo en duda la legalidad del trabajo que realizan, obstaculizando sus labores e inclusive, llevando a cabo acciones cuestionables en contra de las personas que trabajan en las investigaciones.

La detención de los agentes de la PNC asignados a la CICIG, por parte de Gobernación, es una acciones que no debería de pasar desapercibida. Son acciones que provienen de un liderazgo por parte del ministerio, que se apega a las acciones (casi paranoicas) de un ejecutivo que no le importar regresar a prácticas cuestionables para cuidarse las espaldas.

Todavía no es un ejecutivo aislado, pero si es clara la intención de varios sectores, de distanciarse.

La decisión del presidente de un nombramiento que no convenía a las aspiraciones políticas de Edwin Escobar, ha llegado a provocar una serie de pronunciamientos públicos por parte del Anam y una denuncia de presiones desde el ejecutivo para apoyar las declaraciones en contra del MP y la CICIG.

Yo no quiero que Jimmy Morales renuncie, porque creo que se pueden llegar a acuerdos y una colaboración tanto al MP y a la CICIG, que permita (al menos) que el presidente pueda terminar su mandato, y ser una plataforma de un apoyo considerable para combatir acciones del pacto de corruptos. Sin embargo, las situaciones mencionadas anteriormente, sumado con los esfuerzos de muchas personas que se encuentran alimentando la paranoia del presidente, parecen estar sentando el camino hacia una crisis.

Según un artículo publicado por Ramiro Daniel Sánchez Gayosso y Alberto Escamilla Cadena, de 1992 al 2016, se han removido 15 presidentes en la región, ya sea porque le presidente por diferentes razones presentó su renuncia, o fue sometido a un mecanismo de juicio político. Los países que han atravesado esta situación en dos ocasiones, son Guatemala (1993 y 2015), Paraguay (1999 y 2012), Brasil (1992 y 2016) y Argentina (2001 y 2002).  Las razones bajo las cuales los presidentes no han terminado su mandato son diversas y tienen diferentes orígenes. La corrupción y los escándalos políticos ha caracterizado las interrupciones del mandato presidencial en la región.

Creo que no pasara mucho tiempo, si el ejecutivo y sus aliados continúan con estas acciones, para que los pronunciamientos a favor de otra renuncia al presidente se hagan presentes. El problema más grande que veo al respecto es la amenaza a la estabilidad y a la gobernabilidad del país si otra renuncia se llega a suscitar.

Al renunciar el mayor daño no se lo lleva él, sino la consolidación de nuestra democracia.

Si el presidente no busca llegar a acuerdos y colaborar, sino que busca continuar con los ataques y la búsqueda por expulsar a la CICIG y debilitar al MP, podríamos estar entrando a una crisis similar al 2015, un déja vu pero con acciones más preocupantes.

Compartir

Otros artículos de interés