By Brújula
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Katherine Rivera/ Opinión

“Y sólo una persona que haya sido discriminada sabe lo que eso representa y lo profundamente que hiere. La herida es diferente en cada persona y en cada persona deja una huella distinta”.

Haruki Murakami 

El mundo se encuentra en constante evolución. Cada día la tecnología avanza, surgen nuevos inventos, el internet nos conecta a largas distancias y las industrias crecen. Sin duda alguna, el mundo está en constante cambio y avances; sin embargo,  cuando hablamos de las personas, se puede decir que nuestra sociedad sigue lastimada.  Día a día combatimos  serios problemas sociales que están arraigados en nuestras comunidades y entornos, y aunque hay muchas organizaciones que luchan constantemente para que la dignidad y paz de las personas sea una realidad, esto sigue siendo un reto.

Uno de los países que presenta uno de los retos sociales más grandes es Estados Unidos y la discriminación en sus diferentes formas. Hace unos meses atrás el candidato republicano Donal Trump ganó la presidencia del país, dejando conmocionados a miles de personas con los resultados, ya que durante su campaña el discurso del candidato estaba cargado de odio, xenofobia, misoginia y sobre todo confrontación con la comunidad latina. Lo que muchos medios como “El mostrador”, por mencionar alguno, y columnistas independientes lo llamaron un retroceso social.

Aunque muchos estén desacuerdo con el triunfo del candidato, hay que aceptar que esa victoria  es el reflejo de la misma sociedad y los intereses individuales.

A decir verdad, cuando veía o escuchaba los discursos de Trump pensé que absolutamente ningún latino iba a votar por él, que sería una locura. Sin embargo, para mi sorpresa el Latino Decisions  estima que en base a sondeos propios, el día de la elección el 18% de los electores latinos votaron por Trump para ser presidente y otras estimaciones hacen aproximados de hasta un 29%.

Entonces, me pregunté el porqué de los resultados. Pero tras ver los noticieros y las entrevistas que le hicieron a los votantes y pensar en mis propias experiencias y en las experiencias de otros, me dejó de sorprender.  Comprendí que el gran problema que enfrentan diariamente los latinos en Estados Unidos no solo es el miedo emigratorio, la falta de empleo, el estar lejos de sus familiares y países, sino la pelea constante entre ellos mismos.

Según el artículo 1, párrafo 1 de la ICERD (Convención internacional sobre la eliminación de todas las formas de discriminación racial) la discriminación es “toda distinción, exclusión, restricción o preferencia basada en motivos de raza, color, linaje u origen nacional o étnico que tenga por objeto o resultado anular o menoscabar el reconocimiento, goce o ejercicio, en condiciones de igualdad, de los derechos humanos y las libertades fundamentales en las esferas política, económica , social, cultural o en cualquier otra esfera de la vida pública.”

Respecto a lo anterior , la investigadora y socióloga Silvia Trujillo indica que lo que sostiene esos actos discriminatorios entre latinos son justamente los sistemas de opresión que se configuran a partir de distintos mecanismos, ya sea los privilegios de unos sobre otros que se han naturalizado, la expansión de los fundamentalismos y el pensamiento único, occidental, eurocéntrico y patriarcal.

Como ella lo indica: “Estos sistemas de opresión generan intolerancia, incomprensión, temor y rechazo a todo lo que se ha calificado como “otro”, “diferente del rasero”, basado en lógicas clasificatorias y jerárquicas… es decir, esos actos de alguna forma estarían justificados porque “se es superior” (ese es el discurso de Trump y sus seguidores)”.

De acuerdo a esto, muchos de los actos discriminatorios entre la misma comunidad se fundamentan en la idea de “ser superiores”, es decir, en la más mínima oportunidad de poder ejercer poder sobre otro para complacer su propio ego.

Ya sea porque la persona sea ilegal, tenga un puesto “mejor” de trabajo, sepa el idioma o lo pronuncie “correctamente”, entre otras cosas. Muchas de estas situaciones se presentan porque Estados Unidos es un país que alberga a muchas personas que buscan alcanzar lo que en sus países tienen muchos más obstaculos para alcanzar, convirtiéndose en una competencia de superioridad.

Para indagar un poco en el tema,  realicé un sondeo con 30 personas hispanas que viven o han visitado Estados Unidos, con el fin de  conocer si han pasado por un caso de discriminación parecido y poder conocer sus experiencias. Los resultados fueron que de los o las  30 el 61% indicaron que ellos o una persona cercana han sufrido un caso de discriminación por parte de otra persona latina, esto representa más de la mitad de las personas encuestadas.

Algunas de las experiencias vividas fue la discriminación por no saber el idioma o no pronunciarlo bien, el estatus migratorio, la negación de ayuda en el aeropuerto, no querer atenderlos en servicios como restaurantes o tiendas de ropa, actos sexistas y  actitudes negativas en servicios públicos. Al preguntarles cuales creían ellos que eran las razones de este tipo discriminación indicaron que era por cuestiones culturales, envidia, se sienten superiores si son legales en el país, el deseo de querer llenar un vacío interior, intereses económicos, entre otros.

Silvia Trujillo explica que este tipo de problemas afectan a la sociedad de diversas formas, primero porque perpetúa el sistema de privilegios, los estereotipos y prejuicios, además de naturalizar las distintas prácticas discriminatorias, “que puede ir desde una  “simple” falta de respeto hasta el asesinato”. Las personas comentaron que este ejercicio de discriminación genera otro tipo de problemas como el odio, falta de equidad, división en las comunidades, rivalidades entre países y hasta depresión por parte de la persona afectada.

Trujillo concluye diciendo que no es posible combatir ese sistema sin cambios radicales, mientras se tenga un sistema que se basa en privilegios, en la explotación y el pensamiento único.

Expresa que se debe iniciar desde los pequeños actos cotidianos, así de manera conjunta los cambios institucionales y los cambios culturales podrán generar cambios significativos.

Por lo tanto, para combatir la discriminación se debe empezar por los cambios individuales para afectar de forma colectiva. Seguramente en algún momento de tu vida has sido o serás discriminado, pero lo más importante es pensar si en algún momento seremos nosotros los que estaremos del otro lado viendo con inferioridad a alguien más. Porque eso es lo complejo, renunciar a tu autosatisfacción, ego o estatus, para combatir este problema social.

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