Por: Paula Posadas y Eduardo Paredes
El miércoles 8 de abril, en la ciudad de Antigua Guatemala, se llevaron a cabo las elecciones para rector de la Universidad de San Carlos de Guatemala (USAC) en el Hotel Casa Santo Domingo. El rector actual, Walter Mazariegos, buscaba reelegirse mediante un proceso señalado como fraudulento por diversos sectores, mientras tanto, adentro se consumaba lo que para muchos fue “el fraude electoral”.
Llegamos alrededor de las 7 de la mañana e iniciamos la caminata hacia el hotel. En el trayecto, nos encontramos con estudiantes de ingeniería y medicina; aunque no supimos sus nombres, nos agradecieron la asistencia. En ese momento, nos unió esa solidaridad entre universidades y estudiantes que, a veces, es escasa en nuestro país.
Durante el recorrido, una señora en carro nos detuvo para regalarnos aguas gaseosas como un gesto de apoyo. Este sentimiento de comunidad nos impulsó a seguir. Al llegar al hotel, la presencia de la Policía Nacional Civil (PNC) superaba notablemente en número a los manifestantes. Cerca de la entrada peatonal, los estudiantes ya habían instalado una carpa con materiales para carteles y suministros.
La resistencia era pacífica y organizada: vecinos y egresados repartían comida (chuchitos, tamales, café) para aguantar la jornada. Alrededor de las 7:30, llegaron las autoridades ancestrales Poqomchi´ con girasoles y una consigna clara: “no queremos más corrupción, queremos una USAC para el pueblo”. La exigencia de la sociedad civil era unánime: un proceso democrático, legítimo y transparente para garantizar una educación pública de calidad.
En la entrada del parqueo, la tensión aumentaba. De los 34 cuerpos electorales, 17 fueron excluidos. La información circulaba rápido entre los colectivos: se decía que la sesión había sido suspendida por los electores legítimos que lograron entrar, pero las autoridades no los dejaban salir. Finalmente, al lograr salir, el grupo de electores denunció a quienes apoyaron a Mazariegos y, en un acto simbólico de soberanía, organizaron una votación allí mismo, en la calle. En ese proceso paralelo, Rodolfo Chang fue reconocido por los presentes como el legítimo rector.
Un diputado intentó intervenir, pero se alejó cuando se pidió que no se hablaran de partidos políticos en el micrófono.
Cerca de las 9:00 horas, surgió una confusión: personas con trajes formales generaron desconfianza, pero resultaron ser doctores internacionales en una convención educativa dentro del hotel. Al intentar ayudarlos a entrar por un callejón resguardado por la PNC, la situación se tornó crítica. Hubo empujones y, de pronto, una nube de humo blanco cubrió el lugar.
A pesar del pánico inicial y la dificultad para respirar, logramos salir del callejón con ayuda de otros manifestantes. Lo más grave ocurrió después: se escucharon disparos provenientes del interior del hotel. Un manifestante logró grabar al tirador desde un poste y compartimos el video para exigir la intervención policial.
A pesar de la violencia, la gente no se retiró; se reorganizaron y mantuvieron la resistencia. Mientras tanto, Walter Mazariegos se declaraba rector en medios oficiales y, horas después, abandonaba el hotel sin dar la cara a los estudiantes.
La movilización no ha terminado. La lucha continúa frente a la Universidad, donde los estudiantes se organizan con jornadas médicas, clases y servicios gratuitos. La “tricentenaria” sigue en pie y en disputa porque, como dicta la consigna, la USAC es del pueblo y debe defenderse a como dé lugar.
