By Tik Naoj
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Ricardo Trejo / Opinión /

En la lucha por esa América Latina liberada, frente a las voces obedientes de quienes usurpan su representación oficial, surge ahora, con potencia invencible, la voz genuina de los pueblos, voz que se abre paso desde las entrañas de sus minas de carbón y estaño, desde sus fabricas y centrales azucareras, desde sus tierras enfeudadas, donde rotos, cholos, gauchos, jíbaros, herederos de Zapata y de Sandino, empuñan las armas de su libertad…” Ernesto ‘Che’ Guevara, en el respaldo de la Declaración de La Habana, 1960.

Todo comienza con el descubrimiento del Nuevo Mundo, nombre con el que se conoce al conteniente americano en Europa. Los primeros invasores que después de un largo viaje por el océano fueron recompensados por riquezas jamás imaginadas, hicieron enardecer su avaricia de una manera despótica que los convirtió en bárbaros ante los diferentes grupos que poblaban y cuidaban de esta tierra.  Una vez vencidos por la crueldad y el deseo de riqueza de quienes defendían los ideales de la Corona Española, permitieron la explotación de los recursos naturales.  “La extracción de metales preciosos al más bajo costo para la metrópoli es el objetivo fundamental de la explotación de las colonias hispanoamericanas en los siglos XVI, XVII y principios del XVIII. Con el fin de garantizar los mayores beneficios de ese monopolio, la Corona española establece la concentración de Sevilla (1503), el consejo de Indias (1542) y el sistema de flotas (1561). Para satisfacer las necesidades de la producción minera surge una economía de apoyo, casi desmonetizada, que mediante el trueque abastece de alimentos, tejidos y animales de carga a las minas y las ciudades” (Alvarez, 2006).

Las fronteras marcadas por el hombre han hecho que nos diferenciemos por nombres, banderas y otros símbolos que marcan nuestras diferencias, haciéndonos creer que somos diferentes unos de otros y es la cultura el principal detonante que permite finalmente ver la diversidad que existe en este continente llamado “América”.

Pero, ¿quién es Latinoamérica? Desde una mirada superficial y rápida, una respuesta sencilla sería que son países del continente americano que la hegemonía del continente encabezada por Estados Unidos de América ha tenido bajo su dominio por décadas aprovechándose del mejor recurso que se posee, la tierra y de los elementos que la componen. Es esto lo que ha hecho que los pueblos latinoamericanos no solo se mantengan en resistencia a la imposición del sistema homogenizador, sino a la lucha por la defensa de la Madre Tierra.

Pareciera entonces, que siempre se piensa en la subsistencia de los que habitamos hoy el planeta, que no habrá generaciones futuras. No se trata de retroceder en la historia y pensar en el proceso de la evolución con todos sus intentos fallidos. Claro está, hay que pensar siempre en el acaparamiento de los recursos como lo es la tierra, los minerales, el agua, los bosques, etc. que enriquecen y le han dado poder a pequeños grupos que se lograron constituir en imperios, queriendo siempre el dominio del resto, que hasta hoy la cultura occidental ha llevado como su bandera, por ejemplo.

“La forma en que los recursos naturales están siendo explotados de manera desmedida e irracional, está afectando aún más la ya precaria situación de la población más pobre, obligándolos a vender o dar en arrendamiento las limitadas tierras que poseen, sustituyendo la producción tradicional por nuevos cultivos que solo traen ganancia a los grupos dominantes” (Willis, 2013). No olvidemos que el propio Marx respalda la idea de que “la explotación del hombre por el hombre” deja paso a “la explotación de la naturaleza por el hombre” (Schimidit, 1976)

Cabe reconocer que en las civilizaciones pasadas también se cometieron errores con la explotación desmedida de los recursos, sobre todo el de los bosques y algunas prácticas como la rosa, que terminaban volviendo a la tierra infértil, pero nada de esto se compara con la industrialización de los daños que van mas allá de la infertilidad de la tierra, no digamos el principal monstruo destructor que no solo degenera el entorno, sino que mata a la especies que habitamos la tierra provocada por la explotación minera, que es el principal estandarte extractivista en países de Latinoamérica, contribuyendo así al codiciado “desarrollo”.

América Latina es toda una serie de recursos naturales, de riquezas específicas y de posibilidades de explotación productiva, que empiezan a volverse particularmente apetecibles para los posibles desarrollos futuros inmediatos del capitalismo mundial (Rojas, 2013).

Estamos ante la mirada de la hegemonía mundial pero principalmente por Estados Unidos, por la cantidad de diversidad ecológica que se posee en países “latinos” en las distintas reservas, siendo la selva del Amazonas del Brasil uno de los principales atractivos por la gran riqueza de su diversidad biótica.

Al modelo extractivista en gran medida le interesa la extracción del recurso que posee el planeta para seguir enriqueciéndose de capital y manteniendo el poder imperialista. Además no solo se queda con la extracción del recurso, también se aprovecha de la cosmovisión de los pueblos, retorciendo así al pueblo hasta la última gota de sus tesoros tanto materiales como espirituales y que han perdurado por cientos de año bajo el cuidado de su gente. Y esto, ya que parte del cuidado de la tierra que es también un espacio de alojamiento ha sido contribución de los pueblos originarios; el despojo, que es la reproducción de la explotación como la continuación de lo que en su momento los invasores hicieron, para seguir dando marcha al capital por medio del consumo globalizado que es el bastión de la extracción.

La necesidad de tener el control sobre la mayor parte de la riqueza hace que la hegemonía mundial encabezada por Estados Unidos se vuelque ante países que son poseedores de recursos, logrando que el mercado y la industria se desarrollen para seguir generando mercancía. Tal es el caso del petróleo, siendo uno de esos recursos que se busca acaparar no importando la infinidad de masacres humanas que se den en países como Irak, Irán, Siria, etcétera.

La crisis del capital está latente, pero se las ingenia para seguir sobreviviendo y es la globalización una de sus principales herramientas que permite regenerar este sistema que no descansa en aprovechar los recursos que tiene a su alcance y que puede conseguir con las alianzas de los propios gobiernos que traicionan a su nación.

Para el caso de América Latina, muchos fueron los que se enriquecieron pero pocos llevaron a cabo estrategias transnacionales.  Son estos últimos quines se han mantenido y que son los que relegan no solo a los más desposeídos, sino a quienes se hacen llamar criollos y los que pertenecen a las capas media. No teniendo cabida no pueden ir con el grupo del poder dominante, son entonces arrastrados por la crisis, ya que no están dentro de ese modelo extractivo que busca ser una aplanadora. No ha sido nada fácil destruir una vez haya movimientos sociales que estén defendiendo la tierra que los vio crecer y que se seguirá heredando a las futuras generaciones.

Por lo tanto, el freno de estos proyectos que ya están en marcha que son muestra de la crisis, descansa en la responsabilidad de todos. No podemos dejarnos cegar por la indiferencia que es la generadora del divisionismo y la mejor amiga del sistema capitalista. Esta, a pesar de su crisis, encuentra salidas para seguir llenando su bolsón y seguir retorciendo el recurso del que Latinoamérica es poseedora, no le basta solo el recurso natural, sino también su riqueza ancestral y humana que es la fuerza, para seguir trabajando por la construcción de mejores condiciones de vida.

No podemos olvidar que al final de cuentas el ser humano tiene un mismo origen en común, que sea esta una convicción para defenderla, porque esta tierra es nuestra.

 

Bibliografía

Alvarez, R. R. (2006). America Latna entre siglos. Cuba: Ocean sur.

Rojas, C. A. (2013). Antimanual del buen rebelde guia de la Contrapolitica para Subalternos, Anticapitalistas y Antisistemicos. México: Contrahistorias.

Schimidit, A. (1976). El concepto de naturaleza en Marx. México: Siglo Veintiuno.

Willis, D. G. (2013). Deshilando la opresion historica por el derecho de acceso a la tierra del pueblo q’eqchi’ y su resistencia ante nuevos modelos extractivistas. Territorios, 146.

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