voluntarios

Gabriela María López Robles/ Opinión/

En la vida uno se topa con circunstancias difíciles, de desconsuelo, tristeza y frustración. Sin embargo, siempre existen personas que acuden a estos acontecimientos llevando la respuesta que se necesita. Esa preocupación y empatía de aquel que acude a nosotros, quizás sea lo que conocemos como ayuda. Pero en realidad ayudar es algo más que eso, es ponerse en los zapatos de los demás, vivir sus emociones, sufrir sus dolencias y desgracias, convertir sus necesidades en propias. Ser ayudado es magnífico, es esa sensación de comprensión, libertad y en cierto punto de entendimiento; pero ayudar… ¡JA! Que complicado es describir el sentimiento que produce ayudar y formar parte de la vida del otro.

Este sentimiento de ayudar surgió en mí, hace ya varios años, y por ello debo agradecerle a mis papás, quienes formaron en mí un espíritu de servicio y generosidad.

Un día, como todos, mis padres me llevaron a una veterinaria para adoptar un perrito, pero no podía ser uno normal, este perro debía ser especial; sería un perro para zooterapia. La zooterapia o terapia asistida con animales es una forma de canalizar o ayudar a aquellas personas que padecen de enfermedades que los debilitan y los afectan en el plano social, emocional y cognitivo. Al principio no entendía qué era lo que pasaba, ya que era difícil entender la forma en cómo un perro podría curar a alguien, sin embargo, después de un mes entendí perfectamente lo que pasaba. La interacción entre animal-persona era indescriptible, ver a los adultos convertirse nuevamente en niños, expresando alegría, ternura, paz, pero sobre todo salud, era como estar en el cielo. Esa escena era como estar volando entre ángeles, simplemente devolverles la felicidad, fuera el tiempo que fuera, a aquellas personas que necesitaban tanto de algo que les hiciera volver a creer: ERA, ES Y SERÁ LA MAYOR BENDICIÓN DE MI VIDA.

Debo confesar que al recordar esto mis ojos se humedecen, una sonrisa enorme en mi rostro aparece y la frecuencia cardíaca se acelera.

A pesar de que dejé de ir a estos soñados encuentros, debido a la carga académica, esta experiencia marcó mi vida para siempre. Es debido a ello que actualmente pertenezco a “Víveres al Rescate”. Este voluntariado me permite ayudar, darme y volver a vivir la experiencia de hacer felices a los más necesitados cada vez al mes. A todos aquellos que quieran compartir la experiencia de darse y recibir más de lo que uno da, los invito a unirse a Víveres al Rescate y cambiar muchas vidas con suaporte.

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