By María Fernanda Sandoval
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[quote]”Si sabemos qué tenemos que hacer y no lo hacemos, entonces estamos peor que antes.”[/quote]

María Fernanda Sandoval / Opinión /

Toca a tu puerta una Guatemala como la que viste por primera vez en las aulas universitarias, cuando te explicaron que la televisión solo muestra lo adaptado, estudiado, recortado, coloreado y escueto, porque la desinformación es útil para la calma. Te mira fijamente desde la ventana, está esperando a que le abras. Tú sientes el mismo miedo de cuando entendiste que los hijos de tus hijos ya debían el país. Abres y con ojos de cansancio, Guatemala te saluda. Escuchas un “bahh…” como el que escuchaste al comprender que tu visita solidaria del colegio no cambiaba la situación y que aquel niño no saciaría su hambre con un sándwich como el que a ti todos los días te preparaba tu mamá. Que no podías hacer nada, eras muy pequeño y la historia se repetiría porque debía ser así. De chico decidirían por ti tus padres; de grande, el gobierno; en gobiernos los ricos; a los ricos, los gringos y así… sin chance alguno a mínimas esperanzas.

Guatemala cansada espera que la invites a entrar y aunque no lo dice, sabes a que viene, a convencerte de que aquel sándwich regalado no te hacía mejor persona, porque ellos siguieron con hambre y tú sin hacer nada. Abres la puerta y una corriente de aire desmorona el precioso castillo que construías. Los castillos de naipes siempre se caen, las carta no pesan lo suficiente como para anclarse a tierra. Y Guatemala cansada, que observa desde la puerta se mofa de todo: “baaah, vaya debilidad de creer en cartoncitos.” Otros más bajos ya los construyeron hace décadas, otros ya se burlaron y todo siguió igual… En el Itunes suena una trágica canción “…cuánto vendes cuánto vales ¡viva la revolución!”.

Guatemala cansada ya está instalada dentro de tu casa, suena tan experta que puede llegar a convencerte.

¿Podemos, si nos esforzamos no comprobar la hipótesis de una revolución de colores? En algún momento el despertar guatemalteco derivó en regaño y burla de los sabios que nos vieron construir castillos y esperaron el viento para decirnos que se suelen desmoronar. Tenemos dos opciones ahora: como hijos obedientes, podemos regresar a refugiarnos en estabilidades y dejar que pase lo que tenga que pasar, considerar que la coyuntura fue una moda y una bonita fotografía la gente reunida en la Plaza de la Constitución. O como cautelosos rebeldes, tenemos la opción de replantearnos estrategias y decidir las acciones oportunas a seguir. Ya no porque todos vayan y porque “es cool manifestar”, ahora es para lograr algo; la unión de las Universidades Privas con la Pública, el “a los hijos de papi también nos importa” o el “estoy aquí por los niños que no desayunaron hoy” es suficiente para atarse las botas e intentarlo.

Los castillos de naipes duran poco, que se derrumben es necesario para no perder más el tiempo y accionar concretamente. Los grandes cambios nacionales no se llevan a cabo en dos meses, ese fue nuestro castillo de naipes. En una construcción real, hay pasos puntuales que se deben tomar para la construcción de los cimientos:

  1. Involucrarnos en la “segunda vuelta”: Entender que los políticos no son redentores, nadie nos salvará más que nosotros mismos. Elegir entre el cáncer y el sida involucra saber cuáles son los síntomas de cada uno. No votar por el slogan bonito de campaña, ni el rostro corregido en photoshop.
  2. Conocer quiénes son nuestros mandatarios y fiscalizar sus decisiones: No esperar a otro gran escándalo para interesarnos en lo que le pasa a nuestro país.
  3. Ir más allá de los memes del timeline. Informarnos y criticar verdaderas noticias.
  4. Enfocarnos en lo importante: Deslumbrar lo tangible en este bombardeo de información post-sueño, diferenciar la información útil de los vídeos de relleno, que nos confunden y alejan de las finalidades, volviendo fantasioso lo obvio. Que la expresidente guatemalteca quede ligada a proceso por posible participación en las mafias aduaneras es importante; un vídeo donde Roxana Baldetti, una mujer arriba de los cincuenta años convalece frente a mirones en los hospitales no tiene utilidad.
  5. Recordar la existencia de la línea dos. Y de los antejuicios pendientes de Barquín, del Instituto Guatemalteco de Seguridad Social, de los sucesos derivados del Rio la Pasión… entender que estamos en el punto de partida de un largo camino por recorrer.

Nada de caer en el “giro 360 grados”, somos más que eso. Nadie dijo que era un salto en vertical, es un paso a paso, todos los días, sin tambalear. Sintámonos invitados a seguir con lo que iniciamos. Las plazas nos esperan y más allá, el diálogo nos necesita para conciliaciones, Guatemala cansada merece unas palmadas de aliento, que se traduzcan en acciones y objetivos claros a lograr.

Nos falta mucho por aprender y todo para dar, no nos desanimemos. Pero tampoco nos creamos todo, no estamos para perder el tiempo construyendo castillos de naipes.

Guatemala sí ha despertado, ahora es momento de aprender a caminar.

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Estudiante de Derecho. Universidad Rafael Landívar. Interesada en la poesía, el arte y la sociedad.

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