Sara Mux/

[dropcap]L[/dropcap]as mujeres siempre han desarrollado acciones fundamentales para la construcción de la paz en Guatemala a pesar de vivir en un contexto misógino, patriarcal y machista donde la equidad de género aún no se vislumbra como una práctica cotidiana en los diversos ámbitos políticos, sociales y culturales.

Las mujeres han mostrado valentía para poder dar a conocer sus pensamientos y sentimientos en relación a los focos de conflictividad en el país.

Por ejemplo, la coexistencia y relación con la madre naturaleza, son ellas las primeras en defender la vida y los bienes naturales al momento de ser invadido su territorio por empresas transnacionales. Asimismo, han mostrado valentía declarando ante tribunales de justicia los actos de crueldad humana de las cuales fueron víctimas y sobrevivientes durante el conflicto armado interno mediante la justicia transicional. Han creado y recreado filosofías de convivencia a nivel comunitario, familiar y social con la intención de fomentar la equidad de género. Y otras, han entrelazado sus criterios para expresarlos a través de los diferentes tipos de arte. Algunas han conquistado espacios de poder y toma de decisiones; tal es el caso de la actual Fiscal General Thelma Aldana.

Muchas mujeres siguen luchando por alcanzar la paridad política como uno de los puntos centrales para lograr una verdadera democracia en Guatemala. Muchas han manifestado libremente en las plazas para decir no a la corrupción; y muchas otras que día a día, encaminan esfuerzos desde sus propios contextos para construir la paz.

En el contexto guatemalteco donde se vive una generación post guerra, es importante construir paz a través de la reconstrucción de la memoria histórica, del acceso a la justicia, de la reparación integral y sobre todo el involucramiento de las mismas mujeres. Para ello, el Estado debe garantizar los derechos individuales y colectivos aplicando de forma eficiente y eficaz los tratados y convenios internacionales. Tal es la Resolución 1325 del Consejo de Seguridad de las Naciones Unidas aprobada el 31 de octubre del año 2000, que hace relación a la adopción de una perspectiva de género que incluye las necesidades especiales de las mujeres y las niñas durante la repatriación, reasentamiento, la rehabilitación, la reintegración y la reconstrucción de la paz en contexto de post-conflicto.

Es claro que su mandato está relacionado a la garantía del papel protagónico de las mujeres.

A pesar del bajo complimiento y aplicabilidad de este tratado,  las mujeres han resistido para poder impregnar su lucha para la construcción de una sociedad donde prevalezca el respeto a los derechos de los humanos y humanas que se traduce en una convivencia en paz.

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