By Brújula
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Ciudad-Sustentable-Febrero

Alejandro Rivera / Ciudad de Guatemala Sustentable /

La ciudad que quiero tiene espacios públicos pensados para los peatones, los ciclistas, y las personas con discapacidad. Está compuesta por edificios y casas que son eficientes en el uso de energía y agua. Prioriza la inversión en medios de transporte públicos seguros sobre la construcción de pasos a desnivel vehiculares, que sirven de curita para un sistema colapsado. Esa ciudad se alimenta de energía renovable y únicamente desecha lo necesario, reutilizando y reciclando lo que puede.  Está llena de ciudadanos informados, interesados en su entorno, y con ganas de ser agentes de cambio. Es una ciudad con un gobierno trasparente y justo. Con datos actualizados y planes de crecimiento guiados por indicadores medibles y cuantificables. Sobre todas las cosas, la ciudad que quiero tiene visión a futuro.

Independiente de nuestros intereses u oficios, creo que de vez en cuando es bueno tomar un respiro de la cotidianidad y reflexionar: ¿cómo queremos que sean nuestras ciudades?

Después de todo, conscientemente o no, la ciudad donde vivimos tiene un profundo impacto en nuestro estilo de vida, opciones laborales, salud, seguridad e incluso nuestra felicidad. Dado el crecimiento acelerado de las urbes alrededor del mundo, expertos se han aventurado en afirmar que este es el siglo de las ciudades, y yo no podría estar más de acuerdo. En 1900 únicamente el 10% de la población mundial vivía en ciudades. Ese número aumentó a un 30% en 1950, a un poco más del 50% hoy en día, y ciertamente seguirá al alza en las próximas décadas. En nuestra región – América Latina y El Caribe – la ONU estima que para el año 2050 más del 85% de la población vivirá en zonas urbanas, siendo la segunda región más urbanizada del mundo, únicamente detrás de Norte América.

Guatemala no es la excepción. Por primera vez en la historia somos más los que vivimos en ciudades que los que no. Así que, ¿cómo van nuestras ciudades a albergar y brindar servicios básicos a esta creciente cantidad de vecinos? La respuesta obvia es: creciendo. En este aspecto pareciera que no vamos mal. Según datos de la Dirección de Control Territorial de la Municipalidad de Guatemala, en el 2014 y lo que llevamos del 2015, se han autorizado 3,385,989 m2 de construcción nuevos en la ciudad. Esto es equivalente a 13 veces el área del Empire State Building en Nueva York. Así que, efectivamente, la ciudad está creciendo. No obstante, creo que lo importante es que nos preguntemos, ¿de qué manera está creciendo? Para esto, me di a la tarea de investigar y compartir con ustedes algo de lo más relevante de la normativa que rige la construcción en el Municipio de Guatemala: el Plan de Ordenamiento Territorial, mejor conocido en el ámbito inmobiliario como POT.

El POT es un herramienta que busca regular y orientar el desarrollo de la ciudad, a través de normas técnicas, legales, y administrativas, que vinieron a revolucionar la planificación urbanística de la Ciudad de Guatemala desde su introducción en el año 2009. Lo más relevante del POT, sin duda alguna, fue su categorización del territorio municipal en zonas generales, o zonas G, que van desde el cinturón ecológico del Municipio de Guatemala (zona G0) hasta el centro urbano (zona G5).

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La división del municipio en zonas G permite dirigir las altas densidades de construcción hacia las áreas que ya cuentan con una buena infraestructura vial y de servicios básicos, y, similarmente, restringir la construcción en áreas que son de alto valor ambiental o que requieren de costosas inversiones para la provisión de sistemas de abastecimiento de agua potable, alcantarillado público, red de distribución de energía eléctrica, etc.

Definitivamente, el POT es un paso muy importante en el camino hacia un crecimiento ordenado de la Ciudad de Guatemala. Sin embargo, al ritmo que vamos, creo que es indispensable que nos pongamos a pensar no sólo dónde vamos a construir los próximos 13 Empire State Buildings, sino qué características queremos que tengan. ¿Se imaginan qué pasaría si así como se norma la intensidad de construcción, se regulara el consumo máximo de agua de artefactos sanitarios en nuevas edificaciones? ¿O la eficiencia de los equipos electromecánicos que son instalados en esos edificios? ¿Qué tal si se exigieran cantidades mínimas de aire fresco en los inmuebles para propiciar ambientes más saludables?

La ciudad que quiero pareciera estar lejos de la que tengo.

Sin embargo, he decidido unirme al diálogo de cómo mejorarla, antes de que aprueben la construcción de otra decena de Empire State Buildings sin externar mi opinión. Te invito a hacer lo mismo.

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