Todo inició con una llamada de Joel.  Nos avisó que los estudiantes del Instituto Rafael Aqueche se iban a movilizar hoy martes frente al puente del Incienso. La razón: mostrar su inconformidad frente a la propuesta del Ministerio de Educación de modificar el sistema de formación inicial docente.

Como creemos que es importante escuchar a los estudiantes, conocer sus posturas y abrir el  diálogo, decidimos ir.  Llegamos frente al Instituto, según nosotros para encontrarnos con los estudiantes, pero la calle estaba vacía.  La única que nos recibió fue una enorme manta colgada frente al edificio con la consigna “Queremos calidad no cantidad” y un estudiante que un poco desconfiado, nos informó que los jóvenes ya estaban en el puente.

De repente, aparecieron tres estudiantes del Instituto Belén, con quien inmediatamente iniciamos conversación.  Ellas estaban buscando la movilización y nosotras, también.  Decidimos ir juntas.  Cinco mujeres caminando por varias calles del Centro Histórico, con algunos piropos de por medio. “Nosotras ya estamos acostumbradas”, nos decían entre risas.  A simple vista, las tres estudiantes, quienes llevaban su uniforme de blusa blanca y falda celeste, parecían dispuestas a apoyar la lucha, pero no de la forma en que las vimos horas después.

Caminamos hasta encontrar a los estudiantes, quienes estaban bloqueando ambos carriles del puente.  El Periférico se encontraba paralizado, y los motoristas, desesperados.  Amenazaban a las estudiantes, que para ese entonces (nueve de la mañana) eran prácticamente todas mujeres del Instituto Belén, con acelerones en sus motos.  Las estudiantes, pacíficas pero decididas, les hacían frente y bloqueaban el paso.  Cuando nos dimos cuenta, nuestras tres conocidas con quienes caminamos el trayecto hasta la movilización, ya estaban posicionadas a la par del resto de jóvenes, sosteniendo una enorme manta.

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“Huevonas”

Camino a la movilización, decidimos entrevistar en video a nuestras tres acompañantes.  Al lado caminaban todas las personas afectadas por la movilización y que tuvieron que descender de los buses. Nos sorprendió la cantidad de veces que mientras grabábamos, la gente les pasó gritando “Huevonas”, “Estudien” y otro sinfín de apelativos…

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Somos estudiantes, no delincuentes

Estuvimos en el lugar de la movilización por alrededor de hora y media, tiempo suficiente para conversar con los jóvenes, conocer de primera voz sus inquietudes y las razones para movilizarse.

Nos contaron que llevan más de veinte días de haber tomado las normales, y por lo tanto, más de veinte días de no recibir clases.  Nos contaron que a las mesas de diálogo nunca ha llegado la ministra de Educación, Cynthia del Águila, únicamente viceministras y que por esta razón, ellos continúan movilizándose.  Y piensan continuar hasta que sean escuchados.

Mientras los motoristas y los carros se desesperaban, los estudiantes gritaban “Somos estudiantes, no delincuentes”, “Pueblo que escucha, apoya la lucha” y otros.  Varias veces tuvieron que apoyar el paso de algunas ambulancias que debían pasar.  En todos los casos, más de algún carro o moto se les coló.  A pesar de pequeños intercambios de algunas palabras y opiniones diversas entre los estudiantes y los automovilistas, todo marchaba en orden y la marcha era pacífica.  La mayoría de estudiantes estaban en sus uniformes; faldas, mochilas y tennis era el denominador común.

De pronto, el grupo se inició a inquietar. “Vienen los antimotines”, gritaron.  Cuando todos volteamos a ver al otro extremo del puente, cual película de Hollywood, una fila de policías vestidos de negro se extendía y caminaba hacia los estudiantes.  Hubo palabras del líder del grupo, quien llamó a los jóvenes a calmarse y organizarse: ellos no estaban haciendo nada fuera de ley, estaban protestando pacíficamente y por lo tanto, no había razón para que llegaran a enfrentarse. “Además, son menores”, pensamos nosotros.

Sin embargo, los nervios se empezaron a evidenciar.  Las capuchas y los palos que hasta el momento habían estado guardados, empezaron a observarse entre algunos estudiantes.  Las capuchas sobre la nariz para protegerse de gases lacrimógenos y los palos, para defenderse en caso de algún ataque.  Haberlo visto desde la escena del movimiento, cambió nuestra percepción.  Se estaban preparando para un posible ataque, aunque definitivamente no era lo que buscaban.  Simple prevención.

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“Está bien venir a apoyar, pero esto ya se está saliendo de las manos”

En el grupo encontramos y conversamos con varias mamás que estaban allí, a la orilla del camino, como apoyo a sus hijos.  Sin embargo, fue evidente su nerviosismo cuando vieron a las fuerzas antimotines.  ¿Qué madre no se pondría nerviosa? “Está bien venir a apoyar un rato, pero esto ya se está saliendo de las manos… mejor vámonos”- le dijo una mamá a su hijo frente a nosotras.  Sin embargo, el joven decidió que debían quedarse.  La mirada de la madre se perdió fijamente en los policías que esperaban al otro lado del puente.

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Llega el Ministro de Gobernación

Las fuerzas antimotines se habían detenido.  Entre un grupo y otro se juntaron los líderes del movimiento con algunas fuerzas de seguridad.  Dialogaron y llegaron a un acuerdo: liberarían las vías de forma alterna. Y así lo hicieron.  Incluso cuando se liberaron, los estudiantes subidos en el arriate central gritaban y saludaban a los automovilistas que finalmente pudieron transitar.

Fue en ese momento que decidimos retirarnos.  Habíamos conversado con los estudiantes y teníamos material para poner en discusión la temática en Brújula.  Nos despedimos de algunos estudiantes con quienes habíamos estado, y emprendimos nuestro camino de regreso por el periférico.  Sin embargo, de pronto notamos algo diferente.  En nuestro camino de regreso, encontramos al señor Ministro de Gobernación, Mauricio López Bonilla y su equipo de seguridad. Hablaba por teléfono y observaba la escena desde lejos.  Estaba a espaldas de los estudiantes, y ellos nunca se dieron cuenta de quién había llegado.

Decidimos regresar a la escena de la movilización, porque presentimos que algo no iba bien.  Y en efecto, cuando llegamos, los antimotines habían avanzado, a pesar de la negociación que habían realizado minutos atrás.  De pronto, llegaron frente a frente con los estudiantes. Algunos policías como quien no quiere la cosa, habían pasado por atrás y cuando los estudiantes reaccionaron, ya estaban rodeados. Y fue entonces cuando el enfrentamiento inició.

Gritos, gases y capturas…

Era como estar en medio de un juego de “policías y ladrones”. Los policías corrían detrás de los “ladrones”, solo que en este caso no eran ladrones.  Eran faldas, tennis y mochilas corriendo a toda velocidad por el periférico, intentando escapar.  Un estudiante fue interceptado frente a nuestros ojos por tres o cuatro policías, quienes cuando el estudiante se tiró al piso, únicamente lo tomaron de los brazos y lo llevaron arrastrado.  Frente a nosotras pasaron las tres estudiantes del Instituto Belén, una de ellas con lágrimas en los ojos.  Había sido golpeada por un motorista durante la toma pacífica, y ahora, no sabemos qué más le había sucedido.  Y nosotros, en medio de todo, también corrimos, nos escondimos y también sentimos miedo.

Algunos transeúntes aplaudían la medida de las fuerzas de seguridad mientras otros la repudiaban.  Y mientras los comentarios se escuchaban en la calle, la marcha se había desvanecido, se escuchaban rumores de estudiantes heridos y todos estaban divididos.  Incluso nosotras nos separamos por unos momentos con la angustia de dónde estaba la otra parte de la fórmula.  Finalmente nos encontramos.  Por algunos momentos sentimos los efectos de algún gas que llegó a nuestros ojos.  Debíamos retirarnos.  Los estudiantes ya no estaban y las fuerzas de seguridad habían logrado su cometido.  Dispersar al movimiento y liberar el tránsito.  Por el momento, no había más que hacer.

El camino de regreso lo hicimos con algunos estudiantes que encontramos.  Había enojo en sus miradas y sus palabras, pero principalmente, estaban desconcertados.  “Si ya habíamos dialogado y negociado, ¿por qué llegaron con la fuerza?”  La respuesta seguramente la tendrá el Ministerio de Gobernación.

El tráfico en el Anillo Periférico se encuentra libre.  Pero el conflicto continúa.  Sin diálogo, la propuesta del Ministerio de Educación no prosperará.  Independientemente de las razones de los estudiantes, y si se está de acuerdo o no con sus posturas, la forma en la cual el gobierno se encuentra haciendo frente a la problemática únicamente traerá consigo mayor descontento y polarización.  Están utilizando la fuerza y no las palabras como forma para resolver problemas.  Creemos que allí hay algo que desde el inicio no encaja bien.

Esta es la crónica de una fuerza antimotines anunciada.  ¿Anunciada? Honestamente no.  Creemos que muy pocos estudiantes esperaban que la movilización de hoy terminara como lo hizo.

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