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José Andrés Franco / Opinión /

En la opinión publica (en su mayoría en las redes sociales) es común observar el descontento hacia las estrategias que desarrollan los partidos políticos en la presente campaña, pero sobre todo, se critica cómo sectores en el interior del país responden a estos mecanismos.

Se acusa de que las personas venden su voto cuando reciben algún tipo de beneficio o regalo por parte del partido o el candidato, y se argumenta que demuestran su falta de responsabilidad y racionalidad al votar. Por lo tanto, mas allá de las actitudes e intenciones de los partidos y sus candidatos, preocupa la efectividad de estos mecanismo en la población.

Pero ¿es un problema cultural? ¿Este problema se presenta también en la ciudad capital y los sectores urbanos? Porque si es así entonces ¿Pueden comprar nuestro voto sin que recibamos un beneficio o regalo a cambio?

Es evidente que las dinámicas que se presentan en la campaña política en el interior del país difieren de la forma como se ha desarrollado dentro de la ciudad, debido a que en el mercadeo político se puede llegar a utilizar diferentes estrategias dependiendo de la tendencia de voto que presentan los distintos sectores a lo cuales buscan atraer, partiendo de una división de los votantes.

Sin embargo, mas allá que una tendencia o intención de voto, la forma como diferentes grupos o sectores de la población responden hacia el sistema político en general, estará determinada por el tipo de cultura política que los determine.

Para Gabriel A. Almond y Sidney Verba, cultura política son las orientaciones, posturas y actitudes hacia el sistema político, sus elementos y los procesos que lo caracterizan; es decir, los organismos e instituciones, actores, asi como la forma en la cual las demandas de la población son convertidas en políticas, respuestas administrativas o burocráticas. La cultura política no es homogénea. Dentro de una población se pueden llegar a desarrollar distintos tipos de cultura política, partiendo de la relación de un sector o grupo de la población con el sistema político.

Partiendo de los tipos propuestos por Almond y Verva, para el caso de Guatemala, se puede identificar dos tipos de cultura política sistemáticamente mixta: La cultura parroquial de súbdito y la cultura parroquial-participante.

La primera se presenta en el interior del país. Se desarrolla en poblaciones que optaron por un sistema político complejo, que les permite relacionar los liderazgos tradicionales con las instituciones del Estado, es decir, buscan la formación de autoridades centralizadas bajo estructuras formales. Sin embargo, pueden llegar a presentar personas o familias que ejercen el control de los procesos públicos, debido a su liderazgo tradicional dentro de la región, pero que no busca involucrar al resto de la comunidad.

Una de las dinámicas que se presentan (y con la cual todos estamos relacionados y conocemos a los partidos que las practican) en este tipo mixto de cultura política es el clientelismo, la compra de votos o apoyo político por medio de favores y/o regalos hacia la población.

Al analizar el tipo de cultura política que se desarrolla en la ciudad capital, podemos percatarnos que el panorama no mejora. La cultura parroquial-participante se presenta en poblaciones que, a pesar de reconocer y legitimar los procesos de participación política, no logran separarse de las dinámicas parroquiales; es decir, siguen repitiendo los liderazgos tradicionales cuando personalizan a la política. Y sobre este punto respondemos a las preguntas que se platearon al inicio.

Sí se puede comprar su voto sin que usted reciba un beneficio o regalo a cambio, cuando es bombardeado por imágenes y discursos, en lugar de propuestas.

Muchos candidatos se pronuncian en contra de las dinámicas clientelistas en el país y de los gastos excesivos en campaña política, pero no tienen problema al tapizar la ciudad con sus caras. Muchos se quejan de la clase política tradicional y sus actitudes, pero no tienen problema en hacer vídeos en donde Canela me dice el nombre de su primer mascota, en donde Zury Rios llama a las personas que la han mandado mensajitos, y no tengo que recordarles al ridiculo del carnicero.

Estamos ante una campaña en donde mi foto y mi video es mas importante que mi plan de gobierno, estamos en unas elecciones en donde el candidato que mas ha crecido en las encuestas no dice otra cosa que Ni corrupto, Ni ladrón.

Tenemos que entender que todo el esfuerzo, las protestas y la indignación que nació en la ciudad, no servirá si dejamos que nos enamoren oportunistas que solamente han articulado su discurso para quedar bien con nosotros, pero que no tienen propuestas solidas, y créame que en este momento, tampoco las tienen. Disculpen, pero ellos solamente están repitiendo las dinámicas que hacen y repetían los demás.

Obviamente, la cultura política que se desarrolla tanto en la ciudad como el en interior del país no es nuestra culpa. Somos el resultado de un proceso histórico, político, económico y social; lo que sí sería nuestra culpa es seguir reproduciéndolo toda nuestra vida.

No les quiero decir por quién tienen que votar o por quién no tienen que votar, pero si los quiero invitar a dudar y cuestionar a los candidatos que se consideran ajenos al sistema político y también a los candidatos que venden experiencia.

Si realmente quieren ser diferentes, pregunten lo que nadie ha preguntado, denuncien lo que muchos callan, estén en desacuerdo cuando todos bajan la cabeza, evolucionar de una cultura política a otra es un proceso que no es natural: comienza cuando escupo el atol que me quieren dar con el dedo.

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Almond, G. A., & Verba, S. (1963). La Cultura Política. En  Battle, A. (Ed.), Diez Básicos de Ciencia Política (2da. Ed., pp. 170-190). Barcelona:2001.

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