By Gabriela Sosa
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Sueños

Gabriela Sosa/ Corresponsal / Opinión/

Con los sueños un poco rotos y la ilusión en los ojos ligeramente perdida entran a clase, resignados a una carrera que no les convence del todo o que no desean. Algunos dirán, “¡qué cobardes! ¿Por qué no solo enfrentan a sus padres? ¿Por qué no slo siguen sus sueños?”

Pero no es tan simple.

Sí, estoy pensando en aquellos que estudian carreras que no aman, que se levantan a diario, estudian, hacen tareas, se esfuerzan y algunos quizás ya se encuentran en último o penúltimo año de una licenciatura que sus padres escogieron por ellos o que se vieron obligados a cursar, puesto que no pueden dedicarse a lo que les apasiona.

No es secreto que en Guatemala las oportunidades para el arte y el deporte son escasas. Desconozco las estadísticas, pero quienes se dedican a ello no obtienen mayores ingresos y usualmente lo hacen como dice la expresión, valga la redundancia, “por amor al arte”. Algunos pensarán que es una perdida de recursos y un insulto a quienes no tienen acceso a una educación superior, que algunos de quienes la reciben, en realidad no la desean.

Sin embargo, ya que se me ha dado la libertad de expresar mi opinión en este espacio, difiero.

Creo que a veces nuestros padres desean lo mejor para nosotros; sin embargo, eso no necesariamente coincide con lo que queremos. Por supuesto que quienes reciben este apoyo y ayuda económica de sus padres deberían estar agradecidos. No obstante, también tienen derecho a querer otras cosas, a escoger su propio camino.

Lamentablemente en Guatemala es más difícil dedicarse a la música, al baile o al arte, por ejemplo. Sabemos apreciarlos, pero no se reconoce el esfuerzo que estas prácticas conllevan, no estamos dispuestos a pagar mucho por ellas. Repito que desconozco las estadísticas, únicamente escribo sobre lo que observo y conozco a muchas personas que están a punto de terminar una carrera que definitivamente no era su primera opción.

¿Cuál es el punto de esta publicación? Simplemente expresar que no hay cobardía en esto. Al contrario, hay valentía. Una catedrática nos mencionó en cierta ocasión que a veces hay que retribuirle a los padres lo que nos han dado, esto podemos hacerlo de muchas maneras, una de ellas es cursar una carrera que ellos escogen, sin olvidar nuestras metas, solamente ponerlas en pausa. Podría sonar egoísta, mas visto así, quizás tiene un buen punto. Ellos nos han dado todo y tienen ciertas expectativas de nosotros, de hacer algo con lo que nos han dado.

¿Y qué hay de las personas que perdieron su oportunidad o por cuestiones económicas no pueden darse el lujo de “perseguir sus sueños”? No estoy diciendo que sea imposible pero hay que aterrizar un poco. Como estudiante de psicología, tal vez debería decirles que cualquier cosa que nos propongamos la podemos lograr. Aún así, hay que tomar conciencia que a veces no es posible, tenemos ciertas obligaciones a las cuales no podemos faltar y en ocasiones debemos renunciar a ciertas cosas, como bailar o tristemente para muchos guatemaltecos el siquiera completar sus estudios de diversificado.

Lo que trato de expresar con este comentario es que a pesar que perseguir nuestros sueños y hacer lo que queremos requiere valor y fortaleza, requiere aún más aceptar las limitaciones de nuestro ambiente y no hacerlo. No digo que debamos renunciar a nuestras metas, simplemente admiro a quienes todos los días se levantan a hacer algo que no desean. Es un completo acto de abnegación, que no tiene absolutamente nada de cobarde. Especialmente porque la mayoría ni siquiera hace alarde de ello, solo siguen adelante.

Imagen: www.hqwallbase.com

 

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Humana, estudiante de la vida, graduada arrepentida de Psicología, librera indecisa, lectora, adicta al café y sirviente de tres gatos. Persiguiendo palabras.

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