Kilómetros y kilómetros de recorrido por tierra, mar y aire. Miles de personas de diferentes edades, razas, religiones y nacionalidades, emprenden un viaje hacia un lugar que les abra las puertas, que les ofrezca un hogar y un sueño. La sangre, sudor y lágrimas, son llevados a su máxima expresión en muchísimos casos. Al final, en el horizonte, divisan la señal de la esperanza, un monumento que se eleva sobre el resto y muestra el pasado, el futuro y el presente de su nuevo hogar. Se trata de la Puerta de Brandemburgo, la cual da inicio al Deutscher Traum.

Alemania ha tomado la batuta que identificó a los Estados Unidos desde el Siglo XIX, como el país de las oportunidades.

La fiebre del oro inició con este deseo de riqueza que atraía a personas de todos los rincones del mundo para lograr hacerse con el metal precioso. Con los años, la fiebre del oro evolucionó al sueño americano, con la llegada de miles de inmigrantes de Irlanda, Italia, Polonia, Alemania y otros, recibidos bajo la mirada de la Estatua de la Libertad. La característica del sueño americano, fue ser la tierra donde los sueños podían alcanzarse mediante esfuerzo y un poco de suerte. Era la tierra de las segundas oportunidades, del fresh start, un borrón y cuenta nueva para los que se aventuraran a buscar el éxito que ese país les ofrecía. Millonarios, empresas e imperios del comercio, se originaron gracias al american dream.

El tiempo pasa y mientras la Estatua de la Libertad sigue dispuesta a dar la bienvenida a quien llegue, son pocos los que se les permite entrar a un país que ya ha despertado del sueño que una vez fue. Un país dividido, una sociedad en conflicto consigo misma y las personas que están a cargo del país han acabado con despertar del sueño no solo a los estadounidenses, sino al mundo entero. Aunque no se trató de un despertar repentino, la magia del sueño poco a poco se fue desvaneciendo en las últimas décadas, fragmentando a una sociedad que por mucho tiempo fue ejemplo para todo el planeta. Los brazos de EEUU ya no se abren ante todo el que persiga un sueño que, si no ya está extinto, está cerca de serlo.

En los últimos años y en pleno 2017, es la figura de Frau Merkel, la nueva dama de hierro, la que con brazos abiertos tiende su mano a las personas de tan diversos orígenes. Sí, con una grandísima crítica tanto interna como externa y con muchos errores de los cuales aprender, pero el pueblo alemán comparte el sentimiento de abrirle las puertas al mundo para que formen parte de un país cada vez más multicultural. La integración de los nuevos miembros de la sociedad es un esfuerzo común, crear una identidad nacional ha sido la meta de un país que desde su selección nacional muestra los resultados de la integración social.

Tomar la iniciativa en el recibimiento de refugiados, de familias que huyen de la guerra o de la pobreza es la misión estatal alemana.

El apoyo a los refugiados lo han realizado por medio de organizaciones ciudadanas, estudiantiles y públicas para brindarles las herramientas de acomodación a un país completamente diferente al origen de quienes llegan a cumplir el sueño. Y no solamente se trata de refugiados, sino también de personas que vienen a estudiar, a trabajar o simplemente de paseo. Alemania toma la iniciativa en la lucha de los derechos básicos de las personas, en la lucha contra el racismo, contra el sexismo, contra el cambio climático, etcétera. El liderazgo de este país es el que debería de trazar el horizonte no solo de occidente sino de todos.

Una tierra que nos ha albergado a tantos, que nos ha dado la oportunidad de desarrollarnos como personas con sus derechos intactos y con oportunidades para lograr lo que cada quien se pueda trazar. No se trata de un sueño de enriquecimiento desmedido, de oro y opulencia. Es un sueño de libertad, de vivir una vida digna en cualquier trabajo que se desarrolle, sin importar que tan humilde sea. Se trata de un país que protege a sus ciudadanos e incluso a los que no lo son.  Ese es el sueño inalcanzable en los países de origen de quienes persiguen der deutsche Traum (el sueño alemán). Un sueño de vivir en una sociedad de iguales, que permite el desarrollo humano en conjunto, en el que el respeto mutuo domina el día a día de las personas.

Mucho es lo que Alemania da y poco lo que se le da a cambio.

Una bondad en su recibimiento la cual tristemente el mundo no está preparada para recibir y muchos tratan de sacarle provecho. Sin embargo, Alemania se mantiene firme en su posición, unas cuantas manzanas podridas no evitarán que siga sirviendo comida sobre la mesa de tantos. Un sueño que vive y se fortalece, un sueño que deja de serlo y se convierte en una realidad. Deutschland, was für ein traumhaftes Land bist du!

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