By Lizza Flores
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Sin temor a duda, creo que la gran mayoría de nosotros nos hemos cuestionado durante el último mes el porqué de nuestra situación. A pesar de ello, no tendremos una respuesta certera debido a que es una experiencia nueva que solo con el ir viviéndola, podremos definir el camino por el que debemos ir transitando. Es un capítulo en blanco de nuestro libro de vida que no tenemos certeza de a dónde nos llevará.

Algunos estuvieron contentos al inicio de esta cuarentena porque era un descanso que pocos habían logrado gozar de toda la rutina que ya se tenía establecida o el poder compartir con nuestros seres queridos que por diario ir y venir no podíamos compartir más cercanamente. Todos conocíamos el que hacer diario y bajo esos estándares nos movíamos.

Sin embargo, como bien dice el refrán, “todo con medida, nada en exceso”; el tiempo de retomar la rutina bajo otras condiciones fue un golpe que muchos hemos sufrido. Empezaron los conflictos entre los miembros de la familia, llegó el ocio desmedido, el home office que no está diseñado para todos y por ende la productividad fluctúa con más facilidad, pertenecer al comercio informal y no contar con un ingreso debido a las condiciones provenientes del alto mando o en el siguiente extremo, que es quedarse desempleado, entre muchas otras problemáticas.

Esta crisis nos ha venido a dar un golpe bajo a todos de alguna manera u otra. Y debido a que ninguno se lo podía esperar, no se había tomado ninguna precaución o medida para poder encontrar una estabilidad de forma rápida durante esta situación.

De alguna manera quedamos vulnerables e impotentes y eso nos limita a ver un panorama en donde solo mi entorno más cercano se convierte en lo principal. Lo que no es nada errado, pero llegó incluso a pasar sobre los demás.

Poco a poco el pasar de los días está haciendo que nuevamente vayamos adaptándonos a esta nueva rutina que no pedimos y que la costumbre nos llevará a adoptar, pero como todo proceso nuevo, nos pide a cambio que nos animemos a una transformación profunda en cada uno de nosotros.

Este es el momento de cambiar, este es el momento de evaluarnos a nosotros y ver qué de mí puedo mejorar, que de mí puedo darle al otro para que se de cuenta que no está solo.

Cuarentena en su más pura definición es un aislamiento preventivo al que nos sometemos durante un período de tiempo por razones sanitarias. Y es aquí donde entra la otra cara de la moneda, la economía.

Ella nos golpea a todos sin distinción y es por lo que la medida tomada por algunas empresas de volver al ámbito laboral se vuelve tan controversial. Algunas personas piensan que ir trabajar es poner en una balanza su economía y su salud. Lo cual hace imposible tomar una decisión sin verse afectado bajo estos aspectos. Y la pregunta es ¿Qué hago?

Los empresarios al seguir laborando tratan de seguir a flote para el día de mañana poder volver a ofrecer más empleos, generar ingresos para mantener la compañía que han hecho crecer, mover la economía del país y, sobre todo, tratar de propiciar un ingreso en aquellas familias que están dependiendo de ellas.

El aspecto negativo de ello es que los trabajadores se sienten expuestos. Aun cumpliendo todas las normas sanitarias impuestas, no se puede asegurar al 100% que no saldrán contagiados por el simple hecho de tener que salir de sus residencias todos los días.

En este punto, que se le conoce como encrucijada, es a donde quiero llevar mi reflexión. Salir al supermercado, comprarle a personas que pertenecen a la economía informal, brindar una pequeña canasta básica a quien vemos con necesidad nos hace salir de cuarentena sí, pero cambiar la palabra “expuesto” creo que nos llevaría finalmente a tener un chip de información mental diferente.

Aliviaría nuestro cerebro para que no esté en crisis y en estrés cada vez que tengamos que salir de nuestra casa, para que el deseo de pasar sobre los demás no sea más grande que el respeto, para que la responsabilidad nos lleve a cuidarnos y por lo tanto a los demás.

Lamentablemente el sistema no puede darse abasto para que todo sea entregado a domicilio o por home office y aunque pudieran, todos no estarían siempre conformes.

En este momento la invitación es a llenarnos de armonía, de encontrarle el sentido a lo que hacemos, de empezar a ver con otros ojos esta nueva forma de vivir, porque incluso pasando este momento para cuidarnos quedarán secuelas que marcarán la forma a la que estábamos acostumbrados a vivir por largo tiempo.

A esto le llamo detox de cuarentena, una limpieza no solo de nuestro físico para evitar la enfermedad si no que una limpieza profunda de nuestras acciones, nuestros pensamientos, de esa personita llena de ego que nos hace pasar sobre otros para que esto no llegue en algún momento a jugarnos en contra, para que nos cuidemos pero también a los demás, porque cada uno aportamos a las estadísticas y sobre todo para que logremos tener una salud mental con la que se pueda vivir tranquilo, sin temor a padecer de una ansiedad severa que incluso puede ser tan perjudicial como el tener la enfermedad que tanto evitamos llegar a tener.

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