Mayari-Abril

Mayarí Mazariegos / Colaboración /

Playboy, la revista para caballeros implementada por el famoso Hugh Hefner, salió a la venta por primera vez hace más de medio siglo; desde su aparición, ha sido utilizada como un sinónimo de interés y estilo de vida exclusivamente masculino, representando el ideal de vida de muchos hombres, consolidando a Hugh y su mansión, como un modelo de admiración.

Al final, ¿Qué hombre no quisiera ser el millonario poseedor de una mansión en la que pudiera vivir cómodamente acompañado de tres lindas conejitas?

Por el otro lado del ring, tenemos a la encantadora compañía de Walt Disney Company, nacida un par de décadas antes de Playboy, la cual ha sido principalmente reconocida por la venta de sueños infantiles con los que la mayoría de mujeres hemos crecido. Entre sus principales creaciones se encuentran sus famosísimas princesas, que tienen como factor en común una despampanante belleza, bondad y una existencia trágica, misma que de pronto se soluciona con el aparecimiento del encantador “príncipe azul” (cuya personalidad nunca es ampliamente desarrollada), quien se conmueve ante la belleza de la joven y enamorándose ciegamente de ella, rescatándola, casándose y concluyendo en un “y vivieron felices para siempre”.

Y al final, ¿qué mujer no quiere ser rescatada por alguien que está locamente enamorada de ella y que además sea un millonario? Yo misma estuve durante años enamorada del príncipe Adam (La Bella y la Bestia). El problema con lo anterior, es que la vida para la mayoría de mortales resulta ser un poco más complicada, ambos sueños e ideales son extremadamente difíciles de alcanzar.

Siendo honestos, ¿qué mujer extremadamente bonita estaría dispuesta a acompañar a un viejo en su enorme mansión, en donde además, tendría que compartir la atención y protagonismo con otras dos mujeres igual de hermosas? Así mismo, ¿a qué tipo de hombre le bastaría ver por una sola vez a una mujer para crearse la absoluta convicción de amarla y querer casarse con ella, rescatarla y vivir felices para siempre?

A mí me preocuparía la intención e intereses de la primera, y la sanidad mental del segundo. Sin embargo, de acuerdo al estándar, aún cuando a alguien pudiera no importarle la intención e interés de la primera, necesitaría ser un millonario poseedor de una enorme mansión, y aún cuando a alguna mujer no le importara la salud mental de su acompañante, tendría que ser extremadamente bonita.

La verdad es cruda, pero: ¡la mayoría no somos ni millonarios ni tan guapos!

Y será que en realidad, ¿todas las mujeres quieren a un héroe millonario?, ¿será que todos los hombres quieren una mansión con tres rubias despampanantes?

Es mucho lo que se ha escrito sobre los efectos negativos de las historias de las princesas Disney en el futuro y psicología de millones de niñas fascinadas por dichos cuentos; como también es mucho lo que se ha escrito sobre los aspectos negativos de la revista Playboy en la vida y psicología de los hombres. Estas críticas se amplían a todo aquello que represente un género o trama similar a los contenidos en estos, es decir: a toda caricatura, película, libro o historia que promueva los mismos ideales Disney, o en el caso de Playboy, a la amplísima industria pornográfica.

Más allá de iniciar un arduo análisis sobre los pros y contras de la influencia del material de Disney y de Playboy en la vida de millones de mujeres y hombres, quiero enfocarme en su mayor falencia o hasta cierto punto, daño principal: la falsa realidad que se vende y su dirección a un solo género en particular; desde pequeños creamos la siguiente presunción iuris et de iure: el mundo de princesas Disney es para mujeres y el mundo Playboy es para hombres. Y esa presunción no es culpa ni de Playboy ni de Disney, sino de la humanidad misma.

Fue la humanidad quien creó a las bellísimas princesas y a los millonarios mujeriegos como modelos, siendo estos nada más que símbolos que surgen de estereotipos.  Nuestro mundo se encuentra lleno de estos estereotipos, y nuestra sociedad no es la excepción. Expresiones y pensamientos como los siguientes, imperan en nuestra realidad:

Disney / el ideal femenino:

  • Para ser hermosa, una mujer debe ser físicamente atractiva, tener un lindo rostro y un cuerpazo; no importa mucho si se es o no inteligente.
  • Las chick flicks, princesas Disney, Twilight y materiales similares con contenidos extremadamente románticos, son exclusivos para las mujeres.
  • Las mujeres sueñan con encontrar un hombre guapo, con buena estabilidad económica, que las rescate y que las mantenga: su “príncipe azul”.
  • Las mujeres sueñan con casarse.

Playboy / el ideal masculino:

  • Para ser hermoso, un hombre no necesita demasiado, debe ser económicamente acomodado, audaz y reconocido por su éxito con las mujeres.
  • Playboy, la pornografía y todo aquel material que potencialice la sexualidad humana y además esté cargado de acción y adrenalina, es un material meramente masculino.
  • Los hombres sueñan con una mujer que cumpla los estándares de “la dama y la prostituta”, el ideal Disney en la calle, pero lo contrario a ese en la cama. Aspectos como la personalidad y la inteligencia dejan de importar, si la mujer esta buena.
  • Los hombres rara vez quieren casarse.

La realidad entre mitos…

En contraposición a las ideas anteriormente expuestas, la verdad es que cualquier persona que tenga la capacidad de ser modernamente reflexivo y que disfrute comprender y entender a las personas que tiene a su alrededor, pueden encontrarse con las siguientes realidades:

  • Existe el amor y la atracción entre todo ser humano, independientemente que encajen o no en un determinado ideal de belleza.
  • Algunos hombres no se sienten atraídos por el ideal de una mujer muy tradicional, prefiriendo a una mujer más desinhibida, profesional, honesta, audaz y extrovertida.
  • La mayoría de hombres experimentan pensamientos y deseos románticos de forma frecuente, son muchos los hombres que disfrutan de películas con alto contenido romántico, añorando casarse y formar una familia, siendo secretamente fanáticos de The Notebook, Titanic o Pretty Woman. Sin embargo, muy pocos lo reconocen, porque rápido los llaman huecos.
  • No todas las mujeres consideran al matrimonio como elemento esencial de su felicidad, muchas sueñan principalmente con un desarrollo profesional, un apartamento propio y estabilidad económica para viajar por el mundo.
  • La mayoría de mujeres también disfrutan con las películas de material sexualmente fuerte, cargadas de adrenalina y acción; muchas mujeres ven pornografía y se la pasan pensando en sexo. Sin embargo, muy pocas lo reconocen, porque rápido nos llaman prostitutas.

Es justo ahí donde se paga el precio del ideal, si no se es ni Disney ni Playboy, se es homosexual o prostituta… o simplemente defectuoso.

Tras todo esto, no resulta extraño imaginar de dónde surge el enorme éxito y la popularidad de la película y libros de “50 Shades of Gray”, porque logra la cómoda combinación de presentar al príncipe azul millonario y valiente (preconcebido como ideal social), y el enorme contenido sexual, que revela una realidad: a las mujeres les gusta y atrae la sexualidad.

Es así como la película muestra el punto intermedio entre el mito que se concibió como real y la realidad que se consideró como mito, brindando la cortina perfecta a muchas mujeres de reconocer sus impulsos, gustos y preferencias sexuales, sin “verse mal”, porque por supuesto ¿al final es una historia romántica, no? Esta dualidad social no es culpa de nadie en particular, pero si es responsabilidad individual, el buscar cada quien su felicidad, la cual es únicamente alcanzable al encontrar al propio yo y construir la identidad propia…

Hesse dijo una vez, “la vida de todo hombre es el camino hacia sí mismo”. Con todo respeto a Hesse, yo la modificaría de la siguiente manera: “la vida de todo ser humano, es el camino hacia sí mismo y hacia su liberación”. Queramos o no, nacemos atados a una construcción social preestablecida, que de alguna manera nos encuadra en una identidad desde el momento en que nacemos, pudiendo variar el grado, pero no el hecho. Al final, pareciera que esta construcción social busca encuadrarnos en listas absurdas que se contraponen y compiten entre sí, en las cuales se sanciona la honestidad y la genuinidad, castigando con insultos todo intento de alcanzar la libertad del yo.

Todo ser humano es único e irrepetible, cualquier intento por crear un estereotipo, resulta en un limitante a la infinitud del ser, el cual no puede encontrar más satisfacción que la que encuentra en el ejercicio de su libertad, manifestándose en la expresión de sus gustos e ideas, sin el temor de ser señalados negativamente. Tales señalamientos, contribuyen al mayor de los prejuicios: a la idea de la mujer concebida como el sexo débil, emocional, dulce, virginal, no siempre inteligente y que busca desesperadamente casarse con su príncipe azul (valiente y millonario)y quien por supuesto, debe ser bella y tener un cuerpazo; todo esto en contraposición a la idea del hombre fuerte, económicamente estable, superficial, sexualmente experimentado, mujeriego que huye al compromiso, inmune a los sentimientos, siempre inteligente, lógico y cero por ciento romántico, pero muy casaquero.

Disney vs. Playboy no podría ser más absurdo y ridículo -siendo una ofensa a la individualidad humana- puesto que no existe más que en un ideal social, porque en el mundo de las realidades, las mujeres no tenemos un cuerpazo ni somos tan emocionales, bonitas y perfectas, tampoco somos tan poco interesantes y tan víctimas; por su lado, los hombres tampoco son tan lógicos, millonarios, audaces, poderosos y tan carentes de personalidad. En el mundo real, las mujeres no siempre persiguen a un príncipe azul, y los hombres no siempre persiguen a su conejita… La realidad es incómoda, puesto que a la mayoría de mujeres también les gusta la pornografía y el sexo; y a la mayoría de los hombres les atrae el romance y sueñan con los finales felices.

Al final a muchas mujeres les gusta Playboy y a muchos hombres les fascina Disney, pero pocos lo reconocen; lo reconocen los libres.

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