By Brújula
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Desde inicios de noviembre, en Guatemala tenemos 3,356 maestros más. Técnicamente son bachilleres en educación, no estamos seguros de poder llamarles maestros del todo. De acuerdo al Ministerio de Educación (MINEDUC), aún les hace falta dos años en la universidad para finalizar la carrera completa, aunque ya para ese entonces serán llamados profesores, pues la universidad los formará en profesorados específicos en educación.

Por ello, ¿dónde están nuestros maestros?  A pesar que pareciera que las palabras no importan tanto –bachiller, maestro, profesor, licenciado- debemos reconocer que para efectos de la institucionalidad pública, sí importan y mucho.  El Ministerio de Educación ya no quiere maestros, quiere bachilleres, profesores y licenciados.

¿Será esto mucho pedir para un país como Guatemala?

A pesar que todos los que estamos a favor de la educación, reconocemos la importancia de profesionalizar a los docentes, la gran discusión es (no fue, continúa siendo) si el bachillerato en educación será el camino que realmente lo logrará. El presidente Otto Pérez Molina, en su discurso el día de la graduación de los bachilleres en educación, expresó: “(…) ustedes son los jóvenes protagonistas del cambio, agentes del cambio porque hoy se da el primer paso para un cambio trascendental en la educación, en la formación inicial y hay que mencionar que así como hubo fuerzas que se estuvieron oponiendo, hubo fuerzas que también estuvieron a favor de este cambio (…)”. Gran responsabilidad las de los jóvenes graduandos, ser los actores protagonistas del cambio en la formación inicial de docentes.

Los 3,356 nuevos graduandos llevan la mitad del camino recorrido. Ahora deberán esperar que el convenio con la Universidad de San Carlos de Guatemala (USAC) les permita ingresar a la universidad y continuar sus estudios para el profesorado, a pesar que mucho se ha dicho de que a pesar del convenio, los estudiantes deberán ganar el examen de admisión de la universidad para su ingreso, además del desembolso financiero que el MINEDUC otorgará a la USAC para su formación. El próximo año se podrá observar la calidad educativa del bachillerato en educación, al realizar los exámenes de admisión. Porque, ¿qué pasará con aquellos que no lo aprueben? ¿Estudiamos un bachillerato en educación que nos exige el profesorado para ejercer, para que luego la universidad nos cierre las puertas por una formación deficiente durante mis años escolares?  Estar acordando todos los detalles de este convenio a estas alturas no demuestra nada más que improvisación y falta de compromiso por parte de las entidades gubernamentales. Como país es importante que se confíe en los maestros y acompañarlos en sus procesos de formación.

Apostar por los docentes de este país requiere priorización del tema y planificación de lo venidero; más lo primero que lo segundo. 

Bachilleres, maestros, profesores. No importa la connotación, nuestro país necesita de ellos y mucho.  ¿Dónde se están formando los docentes de las aldeas y caseríos de nuestro país? ¿Existen procesos de formación constante in situ en los territorios para los docentes que ya se encuentran ejerciendo la profesión?  ¿A qué sedes de la universidad pública estarán asistiendo el próximo año los graduandos del interior de la República? ¿Estará la Universidad de San Carlos realmente preparada y comprometida para formar a los nuevos profesores? Pocos ciudadanos nos estamos cuestionando estas interrogantes, y si lo estamos haciendo, aparentemente lo estamos haciendo de forma muy silenciosa.

Ser maestro es una vocación, pero también conlleva una alta responsabilidad.  En sus manos se encuentran la formación de personas, de ciudadanos responsables y con altos niveles de humanidad, que es algo que tanto nos hace falta.  La formación de docentes es algo que nos debiera importar siempre, no únicamente cuando los conflictos estallan y los estudiantes (antes normalistas) intentan exigir algo en las calles de nuestro país.  Si realmente deseamos mejores maestros, exijamos mejores coordinaciones entre los entes gubernamentales encargados de esta nueva modalidad. Exijamos más calidad, más compromiso, más humanidad.

Nota curiosa: El presidente de Guatemala hizo mención en su discurso que el ministro de Gobernación, Mauricio López Bonilla, se sentía parte de este logro “porque había llegado a rescatar a la ministra allá en el Parque de la Industria en esos momentos difíciles.”   Rescatar pareciera ser una palabra sacada de aquellas películas de acción donde los buenos triunfan sobre los malos. ¿Realmente fue así?

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