By Brújula
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José Rodolfo Ruiz/Corresponsal/

La palabra “droga” carga consigo un fuerte estigma social. Frecuentemente se menciona el tema de las adicciones y se mortifica a toda sustancia adulterante como un tabú. Es común que las personas que las utilicen sean tachadas como adictos o parásitos sin que realmente se converse o escuche con ellos. Lo que muchas personas no consideran es que estas sustancias no constituyen solo un escape, sino que en ocasiones, también se vuelven un puente hacia un mundo más sociable.

“Creo que la droga que más se utiliza para mejorar socialmente es el alcohol”, dice la Dra. Ruth Guerrero, psiquiatra. Como una sustancia que frecuentemente está presente en reuniones sociales, es difícil de rechazar. Esto se debe a que hay ciertas sustancias que “nos ayudan a pasar de una posición cerrada a una posición abierta, en cuanto a lenguaje no verbal. Nos tranquilizan y así nos facilitan a tener, digamos, mejores habilidades sociales.

Bastará atender cualquier evento social para poder observar las interacciones de las personas.

Normalmente, unos tres vasos ya me ponen en ambiente,” dice Luis, un estudiante universitario. Ese comentario alude al paradigma de que toda fiesta es más alegre con alcohol. “En los descansos nos juntamos en una terraza a fumar y hablamos de los clientes o problemas que tengamos en el trabajo. Eso nos alivia y muchas veces nos ayuda a encontrar soluciones,” relata María Eugenia, trabajadora de un Call Center.

La licenciada en psicología Gabriela Ceballos concuerda con la Dra. Guerrero al mencionar que “cualquier sustancia, sea alcohol, tabaco o drogas, que tenga un efecto sobre el individuo, disminuye sus inhibiciones y defensas. En esto, el individuo se siente más libre de expresarse a sí mismo y pierde el miedo del ‘qué van a pensar’ o ‘qué van a decir’”.  Sin embargo, agrega que “al principio puede ser que ayuden a la persona a socializar, pero con el tiempo puede suceder que la persona tenga más dificultades para socializar porque necesita la sustancia para hacerlo. Se siente dependiente a ella y cree que no puede lograr socializar sin ella. De eso se pueden crear adicciones psicológicas, además de la dependencia física y los efectos a la salud que puedan tener, lo que a la vez crean conflictos en la vida social.

Se tiene la costumbre de ver las drogas como un escape pero, ¿qué sucede cuando estas se vuelven un puente? ¿Qué sucede cuando se vuelven la solución para un individuo tímido o con dificultades para socializar?

La Dra. Guerrero reconoce esta conexión entre drogas e individuos tímidos, reconociéndolas como un posible portal, aunque argumenta que “obviamente no debiésemos buscar esas formas de mejorar socialmente, sino que la idea es que uno esté tan tranquilo y relajado y tan seguro de sí mismo que no tenga problemas”.

“En principio es como que te dan algo qué hacer. Para que no te veás puro imbécil ahí entre todos que están haciendo algo y uno nada. Y hacer lo mismo que los demás creo que te hace sentirte identificado. Eso es en cuanto al acto puro de consumirlos. Después vienen los efectos. Y ponete, el cigarro no logra mayor cosa; un leve hormigueo cuando máximo, pero se siente bien. El alcohol te desinhibe un montón, te hace hablar, te hace reír, te hace ser estúpido, hace que no te importe no ser normal, pone a tu consciencia en otro plano sin hacerla desaparecer pero es casi imposible hacerle caso, te vuelve impulsivo. Las pepas (éxtasis) te hacen sentir simplemente bien, como que finalmente estás completo. Además, sentís mucha cercanía con cualquiera que se te ponga cerca y es muy fácil hablar con la gente, (hizo una pausa dudosa) o hacer estupideces con cualquiera que te atraiga,” explica Luisa, una joven que ha abandonado los hábitos de las drogas.

Luisa reconoce que como una persona tímida, las drogas le ayudaron a socializar. “Eso hacen, aparte de hacerte mierda. Son facilitadores sociales,” aclara. En su experiencia, las drogas no fueron solo un escape de la rutina, sino también un puente de su soledad a un grupo.

A veces esta conexión social no se atiene solamente a personas tímidas o solitarias, sino también para quienes buscan romances fugaces o intensificar las sensaciones con su pareja. “Tener sexo después de unas dos pepas hace que sea mejor. No solo el placer que se siente es mayor, sino que además se vuelve algo más íntimo con quien estás,” dice Marcela, una joven usuaria de éxtasis. “Obviamente, los dos tienen que hacerlo porque no funciona solo de un lado,” agrega.

Siempre fumamos mota juntos. Por eso nos conocimos y por eso nos unimos. Es algo que compartimos y nos ayuda a sentir más especiales los momentos en que estamos solos,” describe Fernando respecto a la marihuana en su relación sentimental.

I smoke two joints in the afternoon, I smoke two joints at night, I smoke two joints before I smoke two joints, it makes me feel all right.”

Sublime lo resumió todo. “Yo fumo antes de clases con los cuates, fumo entre clases, y fumo después de clases. Es relajante y toda la mara comparte lo que piensa. Es como decir que es nuestro momento de libre expresión,” dice Ellie respecto a la marihuana y los amigos.

Sin embargo, el ciclo vicioso no es satisfactorio de manera permanente para todos. “Eventualmente, empecé a notar las lagunas mentales y lo superficial de mi diversión. Empecé a sentir más pesadas las semanas y el sueño era constante. Sentía que cada goma era peor que la anterior, y que todas las relaciones eran un desperdicio. Me sentí perdida en un estupor permanente y quería alejarme de todo. Me acosaban los tipos que me habían conocido en esa inconsciencia y ahora me daban asco. Era como que si la vida me hubiera cacheteado hasta que abrí bien los ojos. Empecé a quedarme en el apartamento y dejé de salir. Comencé a hablar menos con la gente y evitar las fiestas,” cuenta Luisa sobre cómo llegó a abandonar las drogas.

Lo primero de todo es un autoexamen en donde el individuo evalúe cómo actúa con y sin la sustancia, para determinar si existe un cambio. También es necesario que este reconozca si existe un problema que requiera de ayuda psicológica,” explica la licenciada Ceballos respecto a lo que cree que debe hacer un individuo que utiliza cualquier sustancia adulterante como un facilitador social.

La Dra. Guerrero concuerda y agrega que se debe trabajar la autoestima del individuo para que se sienta bien consigo mismo para ganar seguridad. Agrega que, “hay cursos de habilidades sociales, talleres para hablar en público, para socializar y hablar en grupo. El punto es que hay muchas formas de aprender a accionar socialmente sin usar este tipo de sustancias. Incluso si fuera una fobia social o algo muy extremo, se pueden utilizar medicamentos asociados a este tipo de terapias.” Respecto a las terapias disponibles, explica que una de las más comunes es la terapia de exposición en donde el individuo se enfrenta directamente a la situación que le genera ansiedad o miedo para que se acostumbre gradualmente. También menciona la experiencia emocional correctiva, que consiste en lograr que la persona supere el miedo que tenía a una situación por malas experiencias previas con la misma.

Asegura que hay más terapias, pero independientemente de cuál sea la que se utilice, se debe trabajar de la mano de la autoestima del individuo. “Con esto se logra que la persona esté más preparada y se sienta segura al momento de enfrentarse con la situación,” concluye.

 

 

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