By Luis Ernesto Morales
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Luis Ernesto Morales/ Opinión/

Su nombre es Omran Daqneesh, un niño entre los 4 y los 6 años, que junto a sus padres y hermanos reside en la ciudad de Aleppo, Siria. Un rescatista del AMC (Aleppo Medical Center) lo carga en sus brazos, corriendo, lo lleva a una ambulancia donde delicadamente lo sienta y sale inmediatamente al rescate de más niños. Omran se sienta tranquilamente, descalzo y con el cuerpo y el cabello blanqueados del polvo y escombros de su casa recién bombardeada. Su cara sufre de un corte en la frente, el cual baña su pequeña cara de sangre, una herida que ni nosotros en nuestra adultez hemos sufrido. Omran siente un lado de su cara húmeda, la toca y mira su mano roja tras hacerlo. En su incertidumbre no llora, no muestra dolor, solo muestra preocupación por limpiarse su mano en la silla donde está sentado. Su mirada muestra confusión y una cabeza llena de preguntas: ¿Dónde está mi  familia? ¿Por qué tengo sangre en mi cara? ¿En dónde estoy y a dónde me llevan? ¿Qué explotó? ¿Quién nos hizo esto?

¿Qué es la guerra? ¿Por qué hay guerra? ¿Cuándo acabará la guerra? ¿Alguien está ganando la guerra?…..

La ciudad de Aleppo, si aún se le puede llamar ciudad y no ruinas, ha visto la peor cara del hombre desde el inicio de la Guerra en Siria en 2011. La vida en Aleppo es una ruleta rusa diaria. Ya sean los rebeldes, las fuerzas leales al gobierno o los yihadistas del autoproclamado Estado Islámico, el pueblo sirio recibe los golpes más duros de la guerra. Los niños al ser los más indefensos de los ciudadanos son quienes más peligro corren al vivir en una ciudad donde los escombros son más comunes que los árboles. El futuro de Siria pende de un hilo con las vidas de los más jóvenes, por ello los padres tienen la difícil decisión de quedarse en su país o embarcarse en un viaje de supervivencia donde llegar no está garantizado y al llegar las puertas se encuentran cerradas. La vida no está asegurada al huir y la decisión no es tan fácil como lo plantean en Europa o en EEUU desde las comodidades del primer mundo.

Omran se encuentra a salvo, aunque al momento de este artículo no ha sido reunido con su familia y su hermano ha fallecido por las heridas del bombardeo. La imagen de Omran ha despertado el horrible recuerdo de su compatriota menos afortunado, Aylan Kurdi, cuyo cuerpo sin vida fue encontrado en las playas del Mediterráneo como si estuviera dormido. Estas imágenes sin embargo no han logrado por el momento cambiar la situación en Siria. La guerra sigue y las muertes aumentan, mientras que el mundo voltea a ver hacia otro lado. El mundo parece seguir adelante con la vida, dejando atrás cualquier cosa que cause pesar sin cambiarlo, solamente olvidándolo.

El mundo voltea a ver y sigue, mientras Siria llora y se queda atrás.

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