By Semilla Nueva
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Por: Javier Ponce

Yo soy Emerson José. Tengo un año con ocho meses y vivo en San Miguel Iztapa, Chimaltenango, junto a mis padres, abuela, primos y tías. Somos 15 en total. Soy el tercer hijo de mis padres Angélica María y Tránsito Esteban, sin embargo, soy el único al que pueden cargar en sus brazos, ya que mis primeros dos hermanos no aguantaron más de una semana con vida.

Yo represento una cifra de niñez guatemalteca, que desde nacimiento, tengo barreras en todo sentido.

Peso 17 libras y no tengo la capacidad física para caminar por mi cuenta, ni dejar de beber leche del pecho de mi madre. Esto coloca tropiezos en mi vida, ya que no me desarrollo al ritmo de los niños que están teniendo un crecimiento acorde con su edad. Mi madre, Angélica María, está esperando su cuarto bebé.

Mi padre, Tránsito Esteban, sale a buscar un trabajo todos los días y lo logra casi siempre, pero a veces tiene que ir lejos para encontrarlo. Su ingreso no es fijo, pero nunca falta su esfuerzo para ir a buscar algo, para ganar lo que pueda. En su tiempo libre después del trabajo, atiende la parcela de maíz. Hoy, un grupo de personas llegó a casa de mi abuela, escuché que están dejando semilla de maíz que tiene más nutrientes. Le dicen a mi mamá que mi caso es grave, que esperan que se pueda identificar más apoyo. Explican que la nutrición de este maíz podría apoyar algo, pero no es la solución absoluta. Es la primera vez que alguien ha entrado a hablar sobre mí y visitarme, espero que no sea la última.

Mi padre estará sembrando las semillas de maíz nutritivo hoy, ya empezó la época de lluvia. Mi madre tiene 27 años y está próxima a tener un cuarto hijo. Ella también sufre, en menor escala, de una nutrición inadecuada que la debilita al dar a luz, también es un riesgo que mi hermano/a nazca con bajo peso. Desde ya es necesario que le pueda proveer los micronutrientes necesarios.

El maíz nutritivo contiene micronutrientes, que ayudan en el proceso de crecimiento en los primeros mil días de vida. También es un alimento que ayuda a las madres lactantes a tener mayores niveles de hierro y zinc. Para mi madre será importante contar con ello, para poder alimentarnos adecuadamente. Nuestro crecimiento depende de la alimentación que obtenemos, por eso la siembra de mi padre este año nos da esperanza.

Mi familia ha sufrido mucho. Con la pérdida del primer hijo, quien inspiró mi nombre, experimentaron un parto prematuro a los cinco meses de gestación y eso hizo que mi hermano grande no sobreviviera. Mi hermana, Ana María, llegó a los siete meses y medio en el vientre de mi madre. Aunque mi padre logró verla durante sus primeros instantes de vida sana y estable, ella falleció con una explicación que mis padres aún no comprenden. Ellos se enteraron hasta un día después, debido a la insistencia de mi abuela. Vivió solo tres días. A mi madre le explicaron que no era posible que tuviera un hijo sano, hasta dos o tres años después de la muerte de mi hermana. Sin embargo, mis padres nunca perdieron la fe y conmigo lograron cumplir su anhelo. La diferencia que hubo entre mis hermanos y yo es que yo nací en el hospital de Antigua Guatemala, mientras que ellos nacieron en el hospital de Chimaltenango.

Tengo complicaciones de salud casi dos o tres veces al mes. Cada que me enfermo no logro comer ningún tipo de alimento, así ha sido desde la primera fiebre que me dio, 15 días después de haber nacido. Mi madre reconoce que es por desnutrición, a veces ella ve que mi piel ya es lo único cubriendo mis huesos; no he generado músculo ni grasa y cada vez que me intentan dar medicina oral no la puedo ingerir, por lo que me deben inyectar. A mi madre le da tristeza cada vez que me inyectan, porque dice que casi solo “pinchan” mi hueso. Ha sido mala nuestra experiencia con el centro de salud de Chimaltenango, por eso mis padres me llevan con médicos de la comunidad, sin seguridad de antecedentes profesionales, porque solo ellos nos atienden. Con la pandemia de COVID-19 ha sido más complicado aún, porque en los centros médicos públicos nos rechazan el servicio que necesito constantemente.

A pesar de comer los tres tiempos del día cuando estoy sano, no es suficiente; para mi familia no es fácil contar con los recursos suficientes para darme una dieta nutritiva y diversa todos los días. Miro la televisión y veo niños corriendo. Me pregunto, ¿soy diferente? Yo quiero crecer, poder jugar pelota con mis primos, explorar la naturaleza que me rodea, estudiar, aprender y llegar a ser grande, para ayudar a mi familia a salir adelante. Parece que voy atrasado en mi desarrollo y esa desventaja me seguirá por siempre. Mi historia puede servir de ejemplo para otras familias que están pasando situaciones similares con los niños y sus madres; puede dar esperanza en un tema que parece ser un lamento sin fin.

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