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Luis Arturo Palmieri/ Opinión/

Dictador, comunista, revolucionario, rebelde y autoritario son algunos de los adjetivos con los que comúnmente se relaciona el nombre de Fidel Castro. Me atrevo a decir que la mayoría de personas que estudiamos en casas de estudio donde se propugna una ideología liberal adquirimos –a lo mejor sin que sea conscientemente- una especie de prejuicio hacia el régimen comunista cubano y especialmente, hacia Fidel Castro. Me parece que esto ocurre precisamente porque su nombre es usualmente acompañado de adjetivos como los anteriores, en algunos libros y artículos que he leído.

Como consecuencia (o a pesar) –aún no lo tengo claro- de lo anterior, decidí enfrentar el reto de leer el libro escrito por el reconocido periodista y escritor Ignacio Ramonet, en el cual plasma la biografía de Fidel Castro luego de haber sostenido conversaciones con este último por más de 100 horas. Valga hacer la aclaración que esta obra ha sido enteramente revisada, enmendada y completada personalmente por Fidel Castro (lo que permite de antemano sacar ciertas conclusiones).

Al empezar el libro, sin poder desligarme de los prejuicios de los que hablé anteriormente, me vi sumido en una indignación profunda puesto que parecía que el autor, en vez de escribir una biografía, escribió una hagiografía (biografía excesivamente elogiosa, como que si Fidel fuera una especie de Santo). Una anotación que hice al margen de un párrafo dice: “¡DESCARADO!”, y es que en la introducción Ramonet dice: “la violación permanente de los derechos económicos, sociales y culturales de millones de ciudadanos (…) el hambre (…) los sin techo, los sin empleo, los excluidos del sistema sanitario, los mendigos, los niños de la calle, los barrios de chabolas, la droga, la criminalidad y toda clase de delincuencias; fenómenos, todos ellos, desconocidos o casi inexistentes en Cuba”.

Ese párrafo me indignó e incluso me quitó las ganas de leer el libro (minutos después se me olvidó y hoy estoy por terminarlo).

Luego de aquel pequeño inconveniente en la introducción del libro, he de confesar que me he gozado las apasionantes anécdotas e historias narradas por el mismo Fidel. Desde sus travesuras y rebeldías de niño, hasta cómo planeó la Revolución Cubana desde México y cómo ha sido su relación con los Kennedy. Lo que me gustaría hacer en las líneas venideras es transmitirles algunos datos que son fundamentales para entender la relación Cuba – USA y el papel de Fidel Castro en esa rivalidad. Estas cuestiones las he podido conocer hasta ahora gracias a que –como dicen- decidí conocer “la otra parte de la historia”. Aclaro que lo que digo a continuación no es una apología de Fidel, sino más bien, un intento de ejercicio de objetividad.

Los primeros datos que capturaron mi atención son: i) que Fidel Castro, a nivel mundial, ha sido el Jefe de Estado que más años ha ejercido (o usurpado dirían algunos) dicho puesto; y ii) que Fidel ha lidiado, con nada más y nada menos, que con 11 presidentes distintos de Estados Unidos. Sobre este último aspecto, tómese en cuenta que Estados Unidos no solo es la potencia mundial principal sino que ha sido históricamente el principal adversario de Cuba. Definitivamente algo de loable tiene eso: que ninguno de los 11 hombres al mando de la Nación más poderosa del mundo pudo derrotarlo. Esto incluye soportar:

  • más de 300 organizaciones contrarrevolucionarias que creó la CIA para acabar con la Revolución Cubana
  • 5,780 acciones terroristas contra Cuba solo entre 1961-1963
  •  guerra biológica
  •  más de 600 atentados personales

Estados Unidos ocupó militarmente la isla de Cuba desde 1898 y obligó a añadir a la Constitución cubana de 1901 la “Enmienda Platt” la cual le daba a Washington –nada más y nada menos- que el derecho de intervenir en los asuntos internos de la isla y donde Cuba reconocía que de antemano ratificaba y validaba todos los actos de los estadounidenses en territorio cubano. ¡Así! Con ese desdén hacia el concepto de soberanía.

La Ley de Ajuste Cubano (Cuban Adjustment Act) es una ley de 1966 que les concede la calidad de refugiados políticos a los nativos cubanos que llegan a Estados Unidos y por lo tanto, aunque los cubanos lleguen de manera ilegal y por lugares no permitidos, esta ley prácticamente les concede de manera automática el permiso de residencia permanente en aquel país y la posibilidad de trabajar. Esta aparente noble intención de los estadounidenses es, sin lugar a dudas, un incentivo para que exista la emigración ilegal de cubanos hacia Estados Unidos. Los gringos han sabido aprovechar esta situación porque dicen que la emigración de cubanos (generada por ellos mismos a través de esa Ley) se debe a que estos desean huir desesperadamente del régimen de Fidel Castro y del comunismo.

Por último, me gustaría terminar el “ejercicio de objetividad” que propongo mencionando que es obvio el hecho de que Fidel Castro se ha valido, a lo largo de su mandato (o dictadura), de todas estas circunstancias para echarle la culpa de todos sus males a Estados Unidos.

Y es que sin duda alguna, los gringos le han dado la excusa perfecta a Fidel para que este diga que todo lo malo que hubo, hay y habrá en Cuba, es culpa del “imperio”.

P.D. Este libro es el primero que vamos a discutir en el club de lectura llamadoVida de Titanes que se llevará a cabo en la Librería Sophos el martes 16 de agosto a las 7:00PM, al cual, por supuesto, están todos cordialmente invitados.

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