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Andrés Morales/ Opinión/ Colaboración/

El 31 de marzo último se cumplieron 2 años de la muerte de tres estudiantes de biología de la Universidad del Valle de Guatemala (UVG). Murieron bajo circunstancias que al día de hoy se mantienen inciertas, realizando un trabajo de campo organizado por la universidad y que buscaba observar cocodrilos dentro de las instalaciones de una mina de níquel en El Estor, Izabal. Hay al menos un testigo (Lemuel, un biólogo empleado de la minera que lideraba la expedición de estudiantes) de lo que sucedió esa fatídica noche, quien se contradijo varias veces sobre su versión original de los hechos. La UVG en vez de apoyar una investigación de los hechos, se quiso pronto desligar de la situación haciendo firmar a los padres un finiquito de cargos en su contra. El Ministerio Público poco esfuerzo ha hecho para dar solución a este caso y los estudiantes han optado por guardar su luto o, en su mayoría, tratar el tema con la mayor de las indiferencias. Este es el panorama de la situación.

La muerte de tres estudiantes es en sí una gran causa de luto; sin embargo, lo que da tristeza de sobremanera son las vergonzosas actitudes que tomaron las autoridades respectivas a tratar el caso y la actitud indiferente del estudiantado guatemalteco. Este artículo pretende ser una reflexión y una crítica sobre dichas actitudes.

En Guatemala, solo por asesinato, mueren en promedio 17 personas al día y un 97 por ciento de estos casos quedan impunes -esto quiere decir sin resolución judicial-. Este estudio según indica un informe del  Grupo de Apoyo Mutuo (GAM) basado en estadísticas del Instituto Nacional de Ciencias Forenses. La oración anterior establece dos afirmaciones: la primera, que nuestro país es extremadamente violento y  la segunda, que la delincuencia aquí puede maniobrar a diestra y siniestra sin temor a ser juzgados. El hecho de que ambas de las afirmaciones anteriores sean una realidad nacional (como se supone en este artículo) es una premisa que debería alarmarnos a todos.

Pero si la violencia es ya algo despreciable, ¿qué es lo que ha dado origen a tanta impunidad en Guatemala?

La universidad como institución tomó una postura muy desatinada en el caso de los estudiantes de biología. Esta postura se manifestó no apoyando y exigiendo una investigación profunda que esclareciera los hechos de la muerte de tres de jóvenes que estaban ansiosos por llamar a la Del Valle “alma mater” y una manifestación más triste aún de esta postura, fue la actitud de las autoridades universitarias quienes, bajo la excusa de estar protegiendo la perpetúa existencia de la UVG, desligara a la institución de cualquier responsabilidad de las tres muertes. Es muy difícil identificarte con una casa de estudios que trata de tal manera a sus estudiantes.

Hablando específicamente de la Del Valle, somos un campus en el cual cada quien se encuentra demasiado preocupado en las actividades propias. Preocupados de entregar la tarea de modelos matemáticos, conseguir parqueo lo más cerca posible, tener suficiente tiempo para almorzar y que eso no repercuta en nuestra vida social. Somos un campus al que poco le interesa organizarse cuando esto tiene un significado mayor  al de ir al cine o reunirse por unas cervezas. Lastimosamente no nos hemos dado cuenta del gran cambio que podemos hacer si nos unimos como estudiantado. Somos un campus que vive en el individualismo y que no se indigna porque no se hayan resuelto los hechos bajo los que murieron tres compañeros, que bien hubieran podido haber sido las personas que nos prestaran un quetzal en la tienda. Lastimosamente, nuestra generación es hija de una generación que vivió acallada por el miedo y que nos heredó un mar de indiferencia. Tal es esta indiferencia que nos heredaron nuestros padres, que actualmente somos un campus que no se indigna ni siquiera por el hecho que 7.6 millones de compatriotas, en promedio, vivan con menos de un dólar al día.

Tristemente, este hecho refleja no solo lo que sucede en ámbitos estudiantiles sino también en la sociedad guatemalteca. Las autoridades no atendiendo sus responsabilidades y la población en general viviendo más preocupada de tener presupuesto para ir a ver el clásico real-barca a Hooters. ¿Cómo podemos cambiar esto y ser de impacto? La primera forma es llegar a los puestos de las instituciones y trabajar de una forma eficiente y responsable. La segunda forma, y en la que podemos actuar ahora, es la de ser solidarios con nuestro prójimo, organizarnos entre nosotros estudiantes para lograr metas en común y solo dejando de ser esa generación indiferente en la que nos hemos convertido. En conclusión, aplicar los derechos  y oblligaciones que nos corresponden como ciudadanos.

Dedicado a Nahomy, Juan Carlos, Ángel y a mi amor María Cristina por un país distinto. 

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