By Daniel Monroy
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Guardo varios momentos en mi memoria, en donde he escuchado a personas decir algo como lo siguiente: “La única verdad absoluta es que todo es relativo”. Siendo honesto, yo también creía en eso. Al fin y al cabo, son frases que uno escucha en la universidad y en círculos supuestamente intelectuales. De hecho, es quizás, una de las ideas con mayor popularidad en la actualidad.

El argumento que escuchamos a menudo es el siguiente: “La verdad absoluta no existe, la verdad es relativa. Todas las personas tienen el derecho de crear su propia verdad. La moral no es objetiva, las metanarrativas dividen y oprimen a los individuos y nos impiden avanzar como sociedad. Yo soy el creador de mi verdad; nadie puede decirme qué es bueno y qué es malo”.

La consecuencia de adoptar este tipo de ideas, es que tachamos de arrogantes a los que afirman, por ejemplo, que Dios existe o que el cristianismo es verdadero. Sin duda alguna, los comentarios a los que estamos expuestos los cristianos, pueden tomar forma de: “¿Cómo puedes ser tan arrogante para creer y decirle a los demás que tu Dios realmente existe? ¡Los cristianos son unos arrogantes y soberbios por andar por el mundo diciendo que la Biblia es la verdad absoluta!”.

Hay dos puntos que me gustaría tocar al respecto; la realidad y los hechos actuales nos obligan a hacerlo.

  1. El argumento se contradice a sí mismo

Lee Strobel, un escritor y periodista norteamericano, escribió un libro titulado: “El Caso de la Fe”, en donde entrevista a expertos, para dialogar sobre ocho objeciones comunes al cristianismo. La quinta objeción que el libro presenta, establece lo siguiente: “Es una ofensa decir que Jesús es el único camino hacia Dios”. Para hablar de ello, el autor decide buscar al apologista cristiano y recién fallecido, Ravi Zacharias. El diálogo entre ambos y narrado por Strobel, comienza de la siguiente manera:

“Perdóneme por ser directo –dije a manera de introducción a mi pregunta- pero, ¿no es terriblemente arrogante que los cristianos afirmen que Jesús es el único camino hacia Dios? ¿Por qué los cristianos piensan que tienen justificación en aseverar que están en lo cierto y que el resto de las personas están equivocadas?” [1]

Después de un intercambio de preguntas y respuestas, Ravi Zacharias expresa algo que nos puede ayudar a entender la contradicción de la argumentación posmoderna. Lee Strobel lo relata de la siguiente manera:

“Comencé a formular mi siguiente pregunta, pero Zacharias no me dejó terminar y completé mi frase.
-Usted cree que toda verdad… -comencé.
-Es, por definición, exclusiva –dijo él-. Sí, sí, lo creo. Si la verdad no excluye, no se hace ninguna reafirmación de una declaración verdadera; solo se trata de una simple opinión. Cada vez que declara la verdad da a entender que algo contrario a eso es falso. La verdad excluye lo contrario.
-Están aquellos que lo niegan –observé.
-Sí, pero piense en esto: negar la exclusiva naturaleza de la verdad es hacer una declaración de verdad y, entonces, ¿no es esa persona arrogante también? Ese es el efecto bumerán que a menudo el acusador no se detiene a considerar.”
[2]

El efecto bumerán del que habla Ravi Zacharias, es quizás lo que me parece más interesante y es por ello, que el argumento de relativizar la verdad es un disparo al pie, para la persona que lo sostiene: cuando uno afirma que la verdad absoluta no existe y que esta es relativa; en realidad, está haciendo una declaración de verdad absoluta y bajo su propia argumentación tendríamos que preguntarnos lo mismo que Ravi: ¿no es esa persona arrogante también?

Peor aún, si todo es relativo, ese enunciado también lo es y no es más, que una simple opinión. No hay un fundamento sólido para que las personas lo acepten.

El argumento se contradice a sí mismo.

2. El argumento crea nuevas divisiones

Creo que en tiempos como los que vivimos, hablar de una verdad que excluye, es rápidamente asociado con opresión, desigualdad, odio y cualquier otro calificativo negativo, que fortalece la aversión que despierta el cristianismo en muchas personas, círculos y ‘lobbies’ políticos.

Una de las razones, por las que muchos ateos y agnósticos afirman que es arrogante cuando los cristianos sostienen que “la verdad se encuentra en Jesús”, radica en que esto causa más división en la sociedad y que ello tiene todo el potencial de crear nuevos conflictos político-sociales y fomentar la opresión acompañada de totalitarismo. De hecho, su señalamiento, no sólo abarca al cristianismo, sino a todas las religiones que hacen declaraciones de verdad.

La solución que proponen, como hemos visto, es dejar que cada persona crea en su propia verdad (micronarrativa), porque si existe una verdad absoluta (metanarrativa), se incentiva el odio y la exclusión social. En otras palabras, la verdad es un instrumento de opresión social.

Tim Keller, en su libro: “Una Fe Lógica”, expresa lo siguiente: “Los defensores posmodernos son igual de exclusivos y críticos, igual de rápidos para demonizar y marginar los puntos de vista opuestos, como las ortodoxias que están en contra (…) La narrativa posmoderna margina a sus oponentes al insistir que todo el que hace una declaración de valor universal está sentado en la silla del opresor”. [3]

Keller termina así: “Esto sin duda, es igual de totalitario y asfixiante como las viejas narrativas modernas”. [4]

En los últimos días, he leído que varias personas sostienen que los cristianos estamos llenos de odio, por no aceptar el matrimonio homosexual o el asesinato de bebés. Sin duda alguna, ese tipo de conclusiones apresuradas, son sólo la consecuencia de adoptar la narrativa posmoderna; de darle muerte a los valores, a la moral y a la búsqueda de la verdad.

Se nos olvida que podemos tener diferencias y que ello, no se traduce en intentos de opresión, actos o discursos de odio.

Eso también, pone un gran reto para nosotros los cristianos: debemos hablar y exponer la verdad con amor. Aunque seamos perseguidos, censurados o marginados (porque las nuevas narrativas ya vimos que irónicamente tienden a eso), el amor a nuestro prójimo y al que piensa y vive diferente debe prevalecer. El apóstol Pedro lo escribió de manera formidable en 1 Pedro 3:15-17: “Estad siempre preparados para presentar defensa con mansedumbre y reverencia ante todo aquel que os demande razón de la esperanza que hay en vosotros” (RV60).

Hoy más que nunca, necesitamos personas que sin titubear, se levanten y afirmen que la verdad existe, que los valores no son una construcción social y que el valor de la vida, no puede ser dictado desde el asiento de un político.

El mundo necesita escuchar la verdad.

[1] Lee Strobel, El caso de la fe, Miami, Editorial Vida, 2014, p. 171.

[2] Ibid., p. 172.

[3] Tim Keller, Una fe lógica: Argumentos razonables para creer en Dios, Nashville, 2017, pp. 237-238.

[4] Ídem

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Estudiante en el día y músico por la noche. Amante de las buenas historias y las buenas conversaciones. Escribo para escaparme del bullicio del día a día.

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