photo of man standing on rice field

El pasado 1 de mayo ha sido el día internacional de los trabajadores. Esta fecha es muy especial ya que nos recuerda la fuerte lucha que llevaron a cabo miles de personas en los últimos siglos con el afán de conseguir condiciones dignas de trabajo; pero analizando la situación en la que actualmente vivimos… ¿estamos en condiciones de celebrar?, ¿verdaderamente nos encontramos mejor que hace cien años?

A decir verdad, el escenario laboral hoy en día no ha logrado alcanzar ese cambio que nuestros antepasados anhelaban. Aunque actualmente contemos con un código de trabajo y la esclavitud haya sido abolida en su forma tradicional; las problemáticas de raíz siguen vigentes en todo el mundo.

Para no irnos tan lejos, en nuestro país tenemos situaciones críticas y alarmantes para los trabajadores. Guatemala es un país con mucha juventud, que está dispuesta a aportar toda su imaginación, su energía y su vitalidad para construir una nación mejor; pero que se enfrenta a un mercado que no es capaz de ofrecerle todas las oportunidades que se merecen.

Para el año 2021 la ENEI (Encuesta Nacional de Empleo e Ingresos) revelaba que existían alrededor de doce millones de personas en edad de trabajar; de las cuales únicamente el 60% se consideraba activa. Teníamos una tasa de desempleo envidiable del 2%, pero no hay que olvidar que este dato únicamente oculta el hecho de que la mayoría de las personas prefieren unirse a la informalidad. Las mujeres, la población indígena y especialmente aquellos que viven en zonas rurales son los más vulnerables. Los grandes ingenios, molinos, fincas y maquilas explotan a sus trabajadores a cambio de remuneraciones indignantes.

¿Es esto algo digno de celebrar?

Conseguir una plaza formal en una empresa es todo un desafío; principalmente porque los jóvenes no cuentan con una formación adecuada según los requerimientos que exigen las compañías. La falta de infraestructura, recursos y profesores provoca que las tasas de deserción escolar sean extremadamente elevadas; por lo que aquellos niños que terminan su educación primaria podrían considerarse afortunados.

Otro problema es la experiencia. Todas las ofertas de trabajo requieren que los aplicantes ya cuenten con varios años de experiencia para poder ser considerados; de lo contrario son descartados.  No importa ni siquiera que sean jóvenes recién graduados, con ánimos de aprender y poner todo su empeño en su primer empleo.

¿Dónde queda la empatía? ¿Esto también hay que festejarlo?

Por otra parte, aquellos que logran entrar a una compañía tampoco pueden sentirse completamente seguros. Cada vez se suman más empresas que han optado por ofrecer plazas por “contrato”, en las cuales los trabajadores prestan sus servicios sin derecho a prestaciones, vacaciones, seguro social o indemnización. Además, los jóvenes son sometidos a condiciones de trabajo inseguras, así como también jornadas largas y extenuantes.

Los salarios son paupérrimos. El salario mínimo no alcanza ni siquiera para cubrir los bienes de la canasta básica; la cual se encuentra por encima de los cuatro mil quetzales. Si consideramos la canasta ampliada que también incluye servicios, la situación empeora estrepitosamente. Además, la inflación es otro problema que provoca que la población vea mermado su poder adquisitivo cada año. 

¿Esto también es motivo de festejo?

Ante la situación anterior, parece que el único camino que le queda al guatemalteco es abrir su propio negocio. Sin embargo, la delincuencia y el crimen organizado detiene a la mayoría de las personas que quieren emprender. Es muy común ver que se abran muchos locales nuevos, que deban cerrar tras el paso de algunas semanas por culpa de las extorsiones o los asaltos. Una situación frustrante y lamentable.

¿Entonces qué le queda al guatemalteco? ¿Ahora lo ven? El 1 de mayo no es una fecha que debamos celebrar, sino que es una ocasión que permite conmemorar los esfuerzos hechos en el pasado y que nos compromete a seguir adelante en la lucha. El día del trabajador nos permite la oportunidad de tomar conciencia acerca de las dificultades que estamos atravesando como sociedad; y nos ofrece una invitación para poder tomar acción.

No permitamos que los sacrificios del pasado hayan sido en vano. Seamos críticos y conscientes de la realidad tan difícil que estamos pasando y siempre busquemos ser agentes de cambio para conseguir mejores condiciones de vida. Si bien es verdad que necesitamos un cambio estructural dentro del mercado laboral; no esperemos que sean los demás quienes deban actuar.

Recordemos que los grandes cambios comienzan con pequeñas acciones. ¡Ánimo! Yo también los invito a actuar desde donde podamos, si encuentran una oportunidad para apoyar a conseguir empleo, háganlo ya que las repercusiones pueden ser más grandes y beneficiosas de lo que se imaginan.

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