Habitat-Junio

Héctor García y Carlos Quintanilla / Colaboración /

Guatemala es un país con muchas riquezas: su cultura, su gente, sus tradiciones y su naturaleza, la hacen un lugar único en el mundo. Sin embargo, sus grandes problemas estructurales no le han permitido emprender el camino hacia el verdadero desarrollo, en el que la sociedad tenga acceso a educación de calidad, servicios básicos, como agua potable y electricidad, y oportunidades laborales. Pese a este escenario sombrío, el país cuenta con un elemento que le ha permitido avanzar y salir adelante: su gente.

El guatemalteco se caracteriza por ser trabajador, creativo, luchador, perseverante y solidario, y son estas características las que le permiten levantarse ante las adversidades, estar de pie ante las peores circunstancias y conservar la esperanza de un mejor país.

Son muchos los guatemaltecos que viven en condiciones poco favorables, habitando en galeras fabricadas de nylon, madera o lámina oxidada, bebiendo agua de fuentes contaminadas, cocinando a fuego abierto e injiriendo alimentos con bajo contenido nutricional. No obstante, este mismo número de personas, es el que diariamente cultiva la tierra, construye viviendas, maneja buses, vende productos, imparte clases, dirige el tráfico y de alguna forma, mueve al país. El tomar en sus manos la decisión de mejorar y construir un mejor futuro para ellos y sus familias, es un acto digno de imitar, pero que no llegará a concretarse si no existen herramientas, organizaciones y personas dispuestas a facilitar lo que sea necesario para transformar este sueño en una realidad.

Este rol de facilitador ha sido adoptado tradicionalmente por las organizaciones sociales, principalmente las oenegés, que buscan por medio de diferentes proyectos, trabajar por la solución de una problemática social desatendida, pero que se constituye como indispensable y urgente de solucionar para avanzar hacia el desarrollo del país. En Guatemala, son muchas las organizaciones que trabajan en la solución de problemas como la pobreza, la desnutrición, el analfabetismo, el déficit habitacional, la falta de acceso a agua potable, entre otros. En los próximos meses, a través de este espacio que Brújula nos ha proporcionado, estaremos compartiendo la labor que Fundación Hábitat para la Humanidad realiza en el país. Queremos compartir con ustedes la importancia que tiene solucionar la problemática habitacional y las diferentes formas en las podemos involucrarnos y ser parte de la construcción de un mejor país.

Hábitat para la Humanidad es una organización sin fines de lucro que trabaja para que todas las personas en Guatemala habiten en una vivienda adecuada. Desde 1979, hemos facilitado el acceso a soluciones habitacionales a familias guatemaltecas de escasos recursos, trabajadoras y con capacidad de pago; mejorando así su calidad de vida. Contamos con cobertura en todo el país, lo que nos ha permitido servir a más de 64,000 familias guatemaltecas, impactando en la reducción del déficit habitacional en un 4.6%. Trabajamos bajo el principio de ayuda mutua, junto a beneficiarios, donantes y voluntarios, construyendo viviendas, comunidades y esperanza. La labor de Hábitat no se limita a entregar una casa, un filtro de agua o una estufa, lo que realmente se persigue es contribuir a un desarrollo integral y sostenible de la familia y su comunidad. Esto se garantiza a través de una serie de capacitaciones a las familias en temas como educación financiera y recetas nutritivas, y con la puesta en práctica del principio del no paternalismo, a través del cual se le otorga un rol protagónico a la familia, su trabajo y su deseo de superación. Todo el alcance que se ha tenido durante estos 36 años de trabajo, no sería posible sin el apoyo de nuestros voluntarios, que prestan sus manos y corazones para apoyar a una familia en la construcción de su vivienda.

Una de las tantas historias de éxito para Hábitat es la de doña María Pú, habitante de la aldea Macalajau, El Quiché, quien desde 2011 se unió a Hábitat al construir junto a su familia su estufa mejorada, la cual le permite una mejor preparación de sus alimentos, así como erradicar el humo de su vivienda y ahorrar leña.

Doña María es una persona dinámica, alegre y con mucho interés en brindar una mejor calidad de vida a su familia y vecinos. Ha sido parte del proyecto de filtros de agua, porque es consciente de la necesidad de contar con agua potable, también construyó su letrina para garantizar el saneamiento del entorno de su vivienda. En 2013, cuando la organización chilena América Solidaria dio inicio al proyecto “Huertos Familiares y Comunitarios de Autoconsumo”, con el apoyo técnico de CIASPE de México y FOSIS de Chile; doña María se sumó y fue un ejemplo para la comunidad, aprendiendo las técnicas necesarias de cultivo y autogestión, con lo cual mejoró los hábitos alimenticios de su familia y contó con recursos económicos a partir de sus cultivos.

Durante años, doña María caminó más de tres horas al día para recolectar agua en un riachuelo, sin embargo, con la implementación del proyecto “Cosechadores de Agua de Lluvia”, se involucró en la construcción del sistema de recolección, el cual le permite almacenar más de cincuenta garrafones de agua y utilizarlos para cocinar, lavar ropa, regar huertos y aseo personal.

Doña María es un claro ejemplo de superación para todos los guatemaltecos, ya que Hábitat se ha preocupado por apoyarla con los insumos necesarios para que mejore su calidad de vida, pero es ella quien ha decidido trabajar, aprender y comprometerse con su familia y comunidad.

Es por esto que necesitamos de guatemaltecos que con sus manos y corazones deseen construir una mejor Guatemala.

 

Historia de doña María Pú Pú

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