El  Segundo Paso de Al-Anon dice: “Llegamos a creer que un Poder superior a nosotros podría devolvernos el sano juicio”. Este paso nos demuestra que hay esperanza en nuestras vidas, sin importar las circunstancias en que estemos.

Creer que existe algo más grande que yo y que puede ayudarme a recobrar la sanidad mental que perdí, me da aliento para seguir adelante y buscar mi serenidad.

Aunque crecí en una familia religiosa y practiqué mi religión, nunca tuve muy claro el concepto de Dios. No tenía una relación con Él, no sentía que mis problemas le importaran o que le podía pedir ayuda. Él solamente me veía y buscaba mis errores y enviaría castigo Divino. Después de muchos años, poco a poco, abandoné completamente la iglesia. Tenía una pelea interna con lo que representaba la religión y una relación fragmentada con Dios.

Años después, entré en los salones de Al-Anon y me sumergí completamente en esta filosofía de vida. En sus salones se hablaba de muchos actos de violencia y carencias sufridos por convivir con un alcohólico y aun así, todos se reían. Eso es algo que nunca voy a olvidar ¡cuánto se ríe la gente de la hermandad! Al principio pensé que estaban un poco locos, pero poco a poco me fui dando cuenta que tenían algo que yo no reconocía: felicidad. Decidí que quería regresar a otra reunión y después otra y así sigo hasta este momento.

Empecé a participar en las reuniones y a escuchar (¡y por fin entender!) lo que hablaban mis compañeros. Se sugería buscar padrino para acompañamiento del trabajo de los pasos y pedí a un amigo que fuese mi padrino. Trabajamos los Pasos y cuando tocamos el Segundo Paso, sentí que chocaba con un muro que no podría pasar. Debía creer que ese Poder superior me podía devolver el sano juicio, ese ser celestial, muy lejos de mí, al que nunca había hablado en confianza. Pensé que jamás completaría el Segundo Paso.

Después de muchas pláticas con mi padrino, me dijo que mi problema con mi Poder superior resultaba de la relación conflictiva que tenía con mi papá.

 

Al ver cómo hablaba mi padrino de su Poder superior, me animaba mucho a lograr completar el Segundo Paso y tener su Poder superior. Al principio sin estar muy seguro de cómo era ese Poder superior, le intenté confiar algunos problemas pequeños que me causaban molestia y ver qué pasaba. Los primeros días no pasó nada, pero después de esperar un poco más de tiempo, los problemas se iban resolviendo. Eso me dio más fe para poder confiarle cosas más grandes y complicadas. Con el pasar del tiempo, mi Poder superior iba resolviendo todos los problemas que le confiaba.

 

            Me di cuenta que este Poder superior siempre había estado a mi lado, ayudándome cuando se lo permitía, pero sus tiempos no son como los míos, los suyos son perfectos y yo quería que los problemas se resolvieran rápidamente y no es así como funciona.

 

Hoy tengo un Poder superior completamente comprensivo, cariñoso, consciente de mi humanidad y que sabe que me equivocaré y aun así, me acepta como soy. Ya no está por encima de mí, viendo cuando hago algo malo, pero sí siempre conmigo, acompañándome.

Mi relación ahora es abierta, le tengo confianza para poder entregarle mis problemas y para analizar cuáles problemas debo resolver yo.

 

En este despertar espiritual, también encontré algo que no esperaba y que también necesitaba. Conforme fue cambiando mi concepto de Poder superior y me fui dando cuenta que no era el policía que pensaba, descubrí que este era el caso de mi papá también. Él siempre tuvo todo el amor para mí y  quiso lo mejor para su hijo; pero él también tiene vivencias traumáticas que lo hicieron ser como es y el amor con el que me quería corregir para evitarme problemas, hacía que se viera como policía, buscando mis errores para hacérmelos saber y que los pudiera corregir y así poder tener una vida serena y feliz.

Al comprender esto, comencé a tratar a mi papá con todo el cariño que él me quiso demostrar educándome y quererlo como él me quiso desde el día en que nací.

Alfonso

 

 

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