By Antonio Flores
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Antonio Flores/ Opinión/

He dedicado columnas para defender a mis compañeros de bata blanca, a cuestionar el actuar del MSPAS y las actitudes insensatas de las personas hacia el gremio médico; sin embargo, no sería justo de mi parte que me limite a escribir sobre lo positivo, los retos y las bondades de la profesión médica. Decimos hasta el cansancio que los médicos también somos humanos y como tales podemos equivocarnos, nos cansamos, soñamos, luchamos y demás; pero esa condición humana, también nos hace propensos a la otra cara del resto humano: soberbia, necedad, complejo de Dios y demás. ¿Cuántos no conocemos médicos que buscan hacer de sus palabras ley? ¿Cuántos de ustedes no conocen al típico estudiante de medicina que se siente superior “por dormir poco, estudiar mucho y turnar seguido? ¿Cuántos de nosotros somos soberbios y nos enfrascamos en que no se puede cuestionar a un profesional de la salud? Hay muchos, o bueno, creo que todos en alguna parte de nuestra carrera, pecamos y perdemos el rumbo; habrá quienes corrijan la marcha y otros que se obstinen más en su error.

Esta soberbia y complejo de superioridad, se arraiga fuertemente en la persona cuando esta ve la medicina como un medio para mejorar su estatus social.

En un país como el nuestro, tan necesitado de seguridad, educación y salud la opción más fácil y mejor, es ver únicamente por sus intereses propios y la satisfacción de sus deseos; una actitud que no es exclusiva del gremio de la salud. Allí están los sindicalistas del congreso, de magisterio, de la salud y demás que nos demuestran cómo los principios de beneficios colectivos y políticas justas, ceden a los deseos egoístas de sus “líderes”; los políticos, que hacen política para beneficio propio y de sus amigos; los abogados, jueces y magistrados que ponen en juego su honorabilidad a cambio de ingresos ilícitos. ¿Cómo entran los médicos acá? De muchas formas: cuando se receta medicina para recibir comisión de una casa farmacéutica, cuando no se cumple con las guardias en los hospitales, al dar prioridad a pacientes que pueden pagar, cuando un estudiante se inventa investigaciones, expedientes o signos vitales; cuando los estudiantes están más enfocados en la nota de una clase, de un examen o de un trabajo que en la formación integral y la atención a los pacientes. Suena moralista, quizá, pero cuando estamos estudiando solemos pasar por alto que lo hacemos para responder a las necesidades biológicas, afectivas y hasta espirituales de un paciente que no espera solamente un medicamento para su padecimiento, tiene la esperanza de ser escuchado, comprendido y tratado.

De todos los fallos que tenemos como estudiantes, el peor de todos es ese pensamiento que uno se debe graduar lo más rápido que pueda, especializarse y luego poner su clínica privada. Se nos programa para no fallar, para hacer las cosas rápido y sin esmero; entre libros, clínicas, hospitales, laboratorios y exámenes, olvidamos soñar un futuro propio, proyectarnos en el presente y, sobre todo, que podemos hacer o aportar a la construcción de una Guatemala mejor.

Con un porcentaje de ingreso a las facultades de medicina del país sumamente alto (89% de los estudiantes que aplican a la Facultad de Medicina ingresan), en comparación con las facultades de medicina de Estados Unidos (solamente 8-10% de los aplicantes ingresan a la carrera), uno pensaría que la cobertura y el alcance de la salud en nuestro país es igual de alto o hasta mejor. Claro está, la realidad es muy diferente, toda la tecnología, recursos materiales y humanos están hacinados en la ciudad y estos están a disposición únicamente de aquellas personas capaces de pagar por la atención o los servicios. Podemos echarle la culpa a las corporaciones y farmacéuticas que en un país pobre y lastimado como el nuestro, se aprovechan de la ignorancia y necesidades del pueblo para llenarse los bolsillos; pero eso es lo más fácil, culpar a alguien más pero ¿quiénes son los verdaderos culpables? Nosotros, los bata blanca.

Los bata blanca, que permitimos la perpetuación de estos modelos excluyentes de salud al no cuestionar el estatus quo de la salud pública; nosotros, que preferimos estar sentados frente a una computadora, metidos en redes sociales o en maratónicas jornadas de “estudio” a conocer más a la gente, las comunidades, a los enfermos. Los estudiantes que prefieren copiar para ganar un curso, los que inventan datos de su trabajo en comunidades, los que se quejan porque los maestros exigen un trabajo de calidad en las comunidades rurales, los externos que se inventan hojas de ingreso o signos vitales, los que no son capaces de formarse integralmente.

Nosotros, que nos queremos reservar el privilegio y la autoridad para decidir sobre la vida y salud de otros desde la comodidad de un escritorio u hospital privado.

El hacinamiento del recurso humano, de la capacidad intelectual y las propuestas en la ciudad es absurdo; si se preguntan por la definición de hacinamiento es: acción de hacinar o hacinarse y hacinar. Esto quiere decir: Acumular o amontonar las cosas sin ningún orden o formando hacina. ¿Qué tiene que ver estas definiciones con el mal actuar? Mucho, como bien lo dice el título, en la ciudad el conocimiento y sobre todo, el de los bata blanca esta amontonado. Las zonas 1, 9, 10, 14 y 15 están abarrotadas de sanatorios, clínicas, laboratorios y hospitales privados; equipados todos con equipo de punta, reactivos, tecnología, internet y recurso humano capacitado (a veces sobre calificado); mientras tanto en los hospitales públicos, puestos de salud, hospitales regionales o departamentales y centros de atención primaria todo eso falta. No hay gente, medicinas, mobiliario, equipo o personal, como si la salud fuera un privilegio, o dependiera de la capacidad adquisitiva de una persona.

Más que copiar, inventar datos o renegar por el trabajo, nada es peor para los bata blanca que una actitud indiferente; querer un trabajo estable, una casa, familia, un carro y una clínica propia no está mal. Esto y mucho mas forma parte de los anhelos de muchos de nosotros. ¿Pero es necesario que se lucre con la salud? ¿Qué se privilegie ciertos sectores? ¿Que sigamos modelos e ideas contrarios a los principios de nuestra profesión?

Entonces, ¿Éramos el cambio o somos la perpetuación de un modelo de salud excluyente?

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Los medicamentos alivian el dolor, pero sólo el amor puede aliviar el sufrimiento
Patch Adams

 

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Vuelo bajito por la ciudad... contemplo y comparto lo contemplado. Creo en el amor, busco la verdad, luchó por la justicia y disfruto la amistad; eterno aprendiz, estudiante, amigo, hermano, bata blanca. Tratando de tranformar la eterna primavera.

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