Paulina Samayoa, DICAS
Ser adulto no es dejar de disfrutar la pizza ni vivir atrapado en el cansancio y las cuentas. En este texto, el autor cuestiona los clichés de la adultez y propone una mirada más profunda sobre crecer y vivir con sentido. A partir de las reflexiones del Padre Antonio Gallo, S. J., el artículo invita a entender la etapa universitaria como un verdadero ensayo para la libertad: un tiempo para asumir responsabilidad, pensar críticamente, reconocerse digno y descubrir el valor del servicio.
Más que una guía motivacional, es una provocación honesta para jóvenes adultos que buscan algo más que títulos y validación digital: una vida con propósito, comunidad y compromiso con los demás.
¿Qué me dirías si te digo que eso de “ser adulto” no precisamente significa que te deje de gustar la pizza o que empieces a preocuparte por el precio de la gasolina? Pues eso, querido lector, es lo que hoy te quiero compartir. Y no sólo yo, sino quiero proponerte el “hack” que el P. Antonio Gallo, SJ tienepara nosotros.
Sé honesto, ¿cuántos de los adultos a su alrededor (o tú mismo, tal vez) se quejan constantemente del cansancio o las cuentas? ¿Será sólo eso lo que la vida adulta ofrece? Si fuera así, seguramente mi agenda en la clínica estaría un poco más llena, y muchos más adultos llegarían con una crisis como motivo de consulta. Para buena noticia de ambos, te puedo afirmar que no es así. Que la calidad de vida es posible desde la etapa de vida en la que estás: la del joven adulto. Y es que la etapa entre los 18 a los 25 años, e incluso hasta los 30, nos plantea muchas veces preguntas que necesitamos responder.
Entre ellas, ¿estoy en la U para graduarme de mi carrera profesional o para formarme como un adulto integral? Si estás en la Landívar y te identificas con su identidad y valores, aplica lo segundo. ¿Cómo, me dirás? Pues reconociendo tu dignidad como persona y asumiendo los valores de la libertad y responsabilidad, que, dicho sea de paso, van juntos, como valores propios. ¿Por qué?, preguntarás. Pues porque elegir dentro del mundo de las posibilidades, asumiendo las consecuencias de dicha elección es tu llamado en este momento crucial de tu historia. No eres víctima del algoritmo o de las circunstancias, sino eres protagonista de tu vida. El reto entonces es tomar la brújula en tus manos y orientarte a aquello que te haga crecer y aportar desde quién eres y no sólo desde lo que sabes. No por nada el P. Gallo nos diría que “el hombre no nace hecho; se hace en la medida en que asume su propia libertad y responsabilidad ante el mundo.”
Ahora, hemos de asumir también que estamos inmersos en un mundo de “cancelaciones” y “likes” en redes sociales, y por ello, el adulto es el que no se deja absorber por el ruido, sino se anima a pensar de manera propia, de manera crítica y se anima escuchar y luego a proponer. En palabras de este sabio que entendió que ser universitario es un ensayo para la libertad, “la verdad no es una posesión privada, es un horizonte al que llegamos juntos a través del encuentro con el otro.”
Y allí es donde entra el cuarto valor adulto: el servicio. No somos adultos en solitario, sino que la madurez personal se puede medir en cuánto (y cómo) servimos. El P. Gallo nos diría que “ser adulto significa dejar de ser el centro del propio universo para reconocer la llamada del prójimo.” La etapa universitaria no es una competencia de quién llega primero a ser CEO, sino es un espacio para desarrollar competencias que ayuden a construir comunidad. Es el llamado a pasar del yo al nosotros. Te invito a preguntarte ¿para qué escogí la carrera que escogí? ¿Qué tipo de compañero de clase soy? ¿Qué tipo de compañero de trabajo quiero ser? El P. Gallo lo pone así: “la educación no es acumular datos, es aprender a pensar con rigor para actuar con justicia.”
